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Texto por Alex Noreña

I

Nació hombre. Tiempo en que la ciencia vendió lo humano en cápsulas. Nos hicimos frágiles, y llegaron los pétalos que dan los años. ¡La vida fue exigiendo placebos, la boca llenó las ansias y luego fueron otras!

Camilo Tonel alcanzó el título de médico. Dio de comer a los suyos y a los otros. El tiempo le demostró que lo humano embarazaba a las máquinas; el metal era carne y la carne color plata. Iba de aquí para allá, hurgando en  los deshechos, en búsqueda del  tiempo en que la espera deponía la muerte.

II

Camilo ya no es el mismo, han trascurrido 8 años. Su vida va de consultorio en consultorio, midiendo el alcance del tiempo que se pliega sobre él. Ha encontrado en la fórmula de la pregunta, la sujeción de los diagnósticos precisos. ¡Las tablas no mienten! Las enfermedades se disfrazan queriendo abatir su público, y salen a tientas, infladas de esperanzas, mueren, mueren al acto, porque sus creadores son inquisidores…

-Esto es el fruto de la medicina, vida insular que martilla la esperanza de quien infecto, ha de ser muerto en la cuna de su progenitor, y sufrir es rigor, porque el pobre, es pobre en su sufrir, víctima de espanto al dejar enfermar su ser y tener la cura sus infectos.

La soledad rige los ojos… se ve a través de ellos el  agua, llena las cloacas ahogando los días, se amontonan mares de almas que van buscando la tierra sobriamente.

El silencio en Camilo, es soportado por la silla que es siempre la de su casa. Allí, se ha enjugado su rostro amargamente, como al ser lavado un algo con sustancias que corroen y hieren, pero limpian, y dejan un poco menos de su original.

III

Rubén quiere estudiar medicina, sueña con hacer del mundo una dulce canción de navidad…

Ha enfermado los últimos días.

Rubén Carpez espera en la sala de consultas. Una voz emprende su intención y llama en él, llama agitando el espacio colándose en los oídos de Carpez, se fuga de sí el desasosiego que ha sido en la espera, su cuerpo camina arrastrado por una cuerda invisible… Consultorio 13, Doctor Camilo Tonel.

—Siga –fija Tonel–. Cierre la puerta. ¿Qué tiene?, ¿algo más…?

Entretanto, Carpez responde a cada pregunta; pausado, reflexivo, su mirada vuelta a la vergüenza, ajeno a todo, impreciso a nada, en segundos se le ve vacilante, inquieto… su voz parece murmurar al interior…

Rubén se convence que su enfermedad es otra, otra más en el mundo oscuro de sus entrañas, una que gotea en cada alusión que pronuncia ese otro. Ha enfermado por el oído, a causa de las palabras dichas…

María Gurpín, su madre, está inquieta. Espera…

Rubén Carpez Gurpín; llega a su casa, sentencioso, se deja caer en el silla que es siempre la de su casa, María lo sigue con la mirada, el horror se asevera. Se pronuncia en su rostro un grito silenciado, ve su hijo palidecer, todo queda en silencio.

—¿Qué dijo el doctor?—. Una mirada responde.

—¡Rubén, di algo!–. Insiste

Carpez, por su parte, está devastado: suspira, toma aliento, y cree pronunciar palabra; un agudo gorjeo sale de su boca.

María desespera.

—Mamáaaa– secamente repara Rubén

—El diagnóstico del doctor es lamentable, difícil será decirlo. Tengo cáncer y la causa está descrita en mi doctor, él también lo padece…—. Su voz enmudece siempre que va a la misma silla que es siempre la de su casa: así morirá

—¡Ay Dios mío!—. Llora una voz que se entre corta—. ¡No puede ser!

—¡Si mamá, es cáncer!

María grita ahogando el estruendo de su desgracia, al tiempo que torrentes de lágrimas sorprenden las manos que sujetan su rostro.

—Mamá—dice Rubén—, hay opciones de sanación, escúchame. Sí decido ser médico, moriré. Hoy, y gracias a mí doctor, he decidido estudiar Literatura…