METANOIA

El mundo exterior también cambiaba para él, pues lo que antes comprendía como creación divina, ahora se ensombrecía por las explicaciones racionales del mundo.

 

Por / Camilo Peláez

Se arrodilló después de comulgar, como solía hacerlo. En su mente estaba tan clara la liturgia que podría reemplazar al sacerdote si así se lo pidieran. En ese momento, levantó su mirada sobre el Cristo resucitado que pendía en la pared y sintió por vez primera que este le miraba. Pueden ir en paz, dictó el padre desde el púlpito, pero el hombre resolvió quedarse un poco más, sintiendo que algo le había sido revelado.

Asistía a misa diariamente convencido de que este acto piadoso lo acercaba más a Dios. Sin embargo, después del suceso del domingo anterior no tenía deseos de asistir –aunque decir esto es una imprecisión, pues deseos no le faltaban. Repetía para sí las antífonas propias del sacerdote, pero algo en su voluntad lo paralizaba; en su interior una idea hacía eco: ¿cómo sé que sigo a Dios de verdad? ¿Tiene mi corazón la pureza que el Evangelio me exige?

Poco a poco y bajo la premisa de encontrar en sus actos la influencia de amor divino, comenzó a abandonar sus devociones piadosas, alejándose primero de las que más tiempo le tomaban hasta encontrarse desprovisto de aquellas que incluso los no creyentes realizaban. Su vida cambió por completo, y lo que parecía ser una búsqueda para acercar a Dios, acabó por convertirse en un severo distanciamiento. Recordaba, eso sí, cada momento litúrgico del año, rus respectivas antífonas y los numerales del Catecismo de la iglesia católica, pero nada de esto lo ayudaba. ¿Había, acaso, perdido la fe? Es más, ¿la había tenido en algún momento?

El mundo exterior también cambiaba para él, pues lo que antes comprendía como creación divina, ahora se ensombrecía por las explicaciones racionales del mundo. El amarillo de las margaritas palidecía y el calor del sol no era abrasador. El mundo terrenal no representaba ya el paraíso del Edén.

No entendía lo que había sucedido. Siempre estuvo seguro que, si conocía el fundamento teórico de la iglesia y seguía las enseñanzas de los santos, nada lo separaría de Dios. Creía saberlo todo sobre la fe por haber leído algunos teólogos y alardear de sus posturas frente a aquellos fieles que no estaban a su nivel. Ahora todo se le presentaba como algo que debía ser descubierto de una nueva manera, las personas, los fenómenos del mundo; el progreso y la ciencia comenzaron a gravitar bajo su propia órbita, como si escaparan de aquella divinidad.

Tiempo después no quedaba mucho de aquel hombre piadoso. Su espiritualidad se encontraba minada y aún no había descubierto qué la había detonado. Durante varios meses evitó cualquier contacto con lo religioso y aunque el mundo continuaba presentándosele como algo sin explicación, no se contentaba con que la creación fuera obra de un Dios que había entregado a su primogénito por amor a la humanidad. Precisamente eso era lo que aquel domingo le había sido revelado: la falta de amor en su práctica de fe; una fe que estaba igual de pálida que el mundo presentado ante sus ojos.

No entendía nada y, quizás, ese era el secreto. ¿Por qué cuando sintió que algo le había sido revelado, al mismo tiempo, se distanció de Dios? Después de estar arrodillado ese día frente al Cristo Resucitado, quiso comprender el mensaje y fue esa pretensión lo que lo llevó a un laberinto del cual pareciera no poder salir. Tan solo cuando aceptó que no comprendía nada, ni del mundo ni de lo que Dios quería de él, justo en ese momento nació en su corazón la fe que creía tener por sus lecturas. De repente, el mundo se le ofreció como un documento diáfano en el cual podía sentir el amor de Dios. A través de la incomprensión pudo captar una porción de la revelación.

Lentamente fue volviendo a sus prácticas cristianas, ya sin la pretensión del que cree conocerlo todo, sino con la humildad de que acepta su existencia como un don de Dios. Las discusiones teológicas y las antífonas litúrgicas no significaban para él más que la oportunidad de sentir el amor de Dios en su vida, el cual, mediante lo incógnito y lo misterioso, se manifestaba como una fuente inagotable de misericordia.

Twitter: @CamiloV74732402

[1] Metanoia viene del griego transformación, que puede entenderse como cambiar de opinión, arrepentirse o cambio de vida.a