Fuego de palabras

Por: Maritza Palma

 

Absurdas convicciones natas riegan sangre en campos.

En nombre del amor y el cielo atan mis dos manos,

manos que no son de nadie, son de un pueblo vago,

vago, lleno de injusticias y terrores falsos.

 

Matan, lloran y desgarran letras por montones,

temen no haber disparado a otros corazones.

 

 Viven, luchan y reniegan por la buena vida.

 Piensan, compran ideales y venden certeza.

 

Mienten, muerden muchas mentes y hieren sus almas.

Juegan a ser como el diablo vestido de santos.

 

Rezan, corren y profesan ser fieles y humanos.

Suben, les gritan, les aplauden cuan si fueran grandes.

 

Salen, les dan las espaldas, les llaman hermanos.

Giran sonríen a medias y van a sus casas,

casas donde manda un arma, un billete y nada,

nada, nada más que encantos que atraviesan llamas,

llamas, llamas hechas fuego con el cuerpo de otros,

cuerpos, cuerpos que un día fueron testigos de otros,

otros, otros que creyeron igual que nosotros,

que entre la vida y la muerte sobraba este odio,

odio orgullo del débil, miseria del pobre,

pobre, pobre cuerpo humano cansado de todo.