Historiadores, periodistas y novelistas: tres maneras diferentes de acercarse a la realidad II

 ¿Es posible afirmar que los novelistas son, y fueron siempre periodistas que se diferencian de los mismos al no ser, como quienes ejercen la profesión, censurados?” 

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Por: Juliana Ardila Trejos 

¿Qué hacen las corporaciones, mandatarios y dueños del poder para seguir con el control? Adoctrinar y distraer. Adoctrinar aquellas clases sociales especializadas que cuentan con un alto nivel educativo, las cuales se encuentran al servicio de los que tienen el poder real, y por otro lado, distraer el resto de la población.

Noam Chomsky, en “Diez estrategias de manipulación mediática” habla de las maneras que los medios de comunicación usan para somatizar el efecto de ciertas noticias y para hacer olvidar al lector/espectador del verdadero problema.

Una gran ejemplificación es la del caso de Claro[1], que envían las tres noticias “más importantes del día” a los celulares de millones de ciudadanos, de una manera tal en la que se evidencia la intencionalidad de “mantener la atención del público adulto distraído, lejos de los problemas sociales, cautivando con temas sin importancia real”[2]

El problema radica en que no sólo están las distracciones, también hay una falta de contextualización histórica de los acontecimientos, en otras palabras, las personas se enfrentan a la exigencia de unos “supuestos”. Stella Martini habla de las relaciones que el contexto considera pertinentes, aunque la información suministrada pueda no ser suficiente para ello…” y si las personas no cuentan con “lo que ya se debería saber” ¿Cómo pretenderían tener una postura crítica frente a los hechos si no los conocen?

Ahora, conociendo cómo funciona el trabajo periodístico es imperativo que surja la pregunta ¿Por cuántos filtros pasa una novela?

Las novelas están respaldadas bajo los términos de “ficción” e “imaginación”; esto le da una ventaja frente a los historiadores, quienes si bien pueden influenciar parte de los acontecimientos no se pueden salir del marco de “lo real”, y a los periodistas, quienes están subyugados en un medio de luchas de intereses, pues la novela puede salir al público tal como el autor la escribió.[3]

Es de suma importancia que se tome una nueva postura crítica frente a las novelas y, como alguna vez lo hizo Juan Gabriel Vázquez con “Cien años de soledad”, ver más allá de lo considerado como “realismo mágico” para encontrar el significado del porqué de los hechos relatados y así descubrir en las novelas críticas, historias, secretos y hechos que con un historiador y mucho menos un periodista pueden abarcar.

elfantasticomundodeloslibros.blogspot.com
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¿Qué necesitará entonces un lector para identificar aquellos indicios de historia en las novelas? Educarse, investigar, adquirir conocimientos acerca de diversas índoles (sociales, políticas, culturales etc.) para tener la posibilidad de juzgar y contar con los “supuestos” de los que Stella Martini critica que indaga lo que en un principio se le presenta como “realismo mágico” , “Fantasioso” e “irreal” encontrando y estableciendo una conexión con la realidad.

Al cumplir aquel requisito, las novelas pasarán a ser, en palabras de William Ospina, una “Lámpara maravillosa” y en cada una de ellas el lector buscará en el elemento  ficticio de la misma un nexo con la realidad; es así como es posible descubrir cómo García Márquez expone su obra “Cien años de soledad” las situaciones ordinarias como sobrenaturales, distorsionando así de una manera u otra la historia que está detrás del realismo mágico que un primer plano expone, y es gracias a esta manipulación de la verdad histórica por parte del novelista que se conduce a la revelación de verdades o secretos históricos.

Un conocido ejemplo de esto lo expone Juan Gabriel Vásquez en su ensayo “El arte de la distorsión”, cuando García Márquez hace alusión al suceso de la  Masacre de las Bananeras, ocurrida el 6 de diciembre de 1928, en Cien años de soledad:

Un teniente del ejército se subió entonces en el techo de la estación, donde había cuatro nidos de ametralladoras enfiladas hacia la multitud, y se dio un toque de silencio. Al lado de José Arcadio Segundo, estaba una mujer descalza, muy gorda, con dos niños de unos cuatro y siete años. Cargó al menor, y le pidió a José Arcadio Segundo, sin conocerlo, que levantara al otro para que oyera mejor lo que iban a decir. José Arcadio Segundo se acaballó al niño en la nuca.  Muchos años después, ese niño había de seguir contando, sin que nadie le creyera, que había visto al teniente leyendo con una bocina de gramófono el Decreto número 4 del Jefe Civil y Militar de la provincia. Estaba firmado por el general Carlos Cortés Vargas, y por su secretario, el mayor Enrique García Isaza, y en tres artículos de ochenta palabras declaraba a los huelguistas cuadrilla de malhechores y facultaba al ejército para matarlos a bala (…) El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parecía una farsa.[4]

Así mismo el lector contará con la habilidad de develar la crítica a la sociedad francesa que hace Patrick Süskind en su obra “El perfume”, en la que entendería que Jean-Baptiste Grenouille es la personificación de la perspectiva alemana frente a la francesa en la época de la ilustración, encontraría la crítica que hace a la burguesía y su inmoralidad materialista que deshumaniza a las personas convirtiéndolas en objetos y medios para alcanzar  fines personales.

¿Dónde, sino es en novelas como estas, podrían conocerse aquellas perspectivas? Los historiadores nunca archivaron las opiniones e inmoralidades que trajo el “faro” de la ilustración y en el mundo del periodismo no se encuentran publicaciones que antes no hayan pasado por los filtros del poder.

De igual manera, se evidencia en la obra “Los ejércitos” de Evelio Rosero las voces de quienes no la tienen, el impacto que tienen las guerras y desmovilizaciones, por culpas de la guerrilla o de paramilitares, sobre la vida de las personas que habitan un pueblo y otro. Rosero realiza también fuertes críticas al gobierno, al sistema e incluso al mismo presidente en su obra “…La única declaración de las autoridades es que todo está bajo control, (…) El presidente afirma que aquí no pasa nada, ni aquí ni en el país hay guerra: según él Otilia no ha desaparecido…”[5]

Por otro lado, aparte de encontrar y descubrir en las novelas situaciones y perspectivas nunca antes vistas, también se pueden humanizar personajes históricos.

lecturalia.com
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A manera de ejemplo con respecto a la afirmación anterior, la novela “La ridícula idea de no volver a verte” de Rosa Montero es adecuada. Esta novela en un principio utiliza la subjetivización, la cual es considerada como una herramienta codificadora del discurso histórico, para enriquecer la obra al recrear fracciones de verdad que humanizan al personaje histórico, el cual es, en este caso, Marie Curie.

Estos son apenas unos ejemplares de los infinitos secretos que se encuentran en las novelas. Secretos que sólo serán descubiertos por aquellos que logren descifrar y ver más allá de la historia que en un principio un novelista ofrece, pero que en un trasfondo, se enmascaran críticas y denuncias con libertad, sin temor a una posible censura de los medios, pues se encontrarán, como lo dije anteriormente, bajo los términos de ficción e imaginación.

Piense usted en el caso hipotético de la falta de rigurosidad que presentan las instituciones políticas y que en una instancia de elección presidencial de un país cualquiera, fuera evidente del control y la lucha de intereses; ¿Cómo expondría esta misma situación un historiador, un periodista y un novelista?  El primero podría informar acerca de los resultados y porcentajes, el segundo seguramente informaría de las perspectivas de los candidatos por medio de entrevistas a los mismos, pero desde un ámbito distinto, un novelista puede “inventar” una novela que trate de la vida de la esposa de un político en la que exponga por medio de los personajes críticas y muestre una realidad diferente.

En definitiva, la pregunta “¿Es posible afirmar que los novelistas son, y fueron siempre periodistas que se diferencian de los mismos al no ser, como quienes ejercen la profesión, censurados?” puede ser afirmada, destacando y reconociendo a su vez, la capacidad imaginativa e intelectual que los novelistas poseen.

Esta afirmación conlleva a una nueva pregunta que es dirigida específicamente al lector: ¿Y ahora cuál será su postura y perspectiva frente a la “ficción” de las novelas?

 

[1] Marca de servicios de comunicaciones.

[2] Desconocido, “Armas silenciosas para guerras tranquilas”, Estados Unidos, 1991. Pág. 23

[3] Es preciso señalar que el filtro de las novelas son de las casas editoriales pero estas no manipulan el contenido de las obras.

[4] Citada en: Vázquez, Juan Gabriel. El arte de la distorsión (y otros ensayos), Colombia: Alfaguara, 2009. Págs. 39, 40.

[5]  Rosero, Evelio. “Los ejércitos”, 1ra edición en colección Andanzas, Barcelona, España,Tusquets, 2007. Págs. 160,161.