¿Qué mejor recurso que la novela para conocer el punto de vista de los “sin voz”? ¿Cuántas historias se han perdido en el camino por los agentes del poder?

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Por: Juliana ArdilaTrejos

La realidad es, paradójicamente, uno de los conceptos más distorsionados e imprecisos que alguna vez haya existido en el mundo del lenguaje. Aquello que conocemos como real es apenas un punto de vista que nos entrega ya sea un historiador, por medio de datos, fechas y eventos precisos; un periodista por medio de entrevistas e investigaciones o un novelista, a través de historias y personajes.

Ahora bien, “la realidad” es entonces el conglomerado de las distintas percepciones de lo conocido, pero, desafortunadamente, uno de los asuntos que más le imposibilitan ser conocida en su totalidad, es la cantidad de filtros por los que pasa un acontecimiento antes de ser contado al público. Es bajo este planteamiento que surge la siguiente pregunta: ¿Es posible afirmar que los novelistas son, y fueron siempre, periodistas que se diferencian de los mismos al no ser, como quienes ejercen la profesión, censurados?

Entendiendo la historia como el estudio de lo que pasó y aquello que está pasando, es posible afirmar que la historia cambia, constante e indefinidamente, dependiendo de quien la cuente. No es un secreto que los efectos de la subjetividad afecten a un historiador, periodista o novelista pues todos estos cuentan con una característica en común y es una condición humana que los adhiere a un contexto cultural y social.

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Tomada de: http://www.banrepcultural.org

Es por esta razón que una misma situación pueda ser interpretada desde diversas perspectivas por diferentes historiadores, como afirma Leticia Bárcena Díaz en su ensayo “La objetividad en la historia”: “…Cada historiador hará diferentes lecturas de los documentos, dependiendo de su perspectiva tanto personal como cultural…”[1]

“El “credo” de la objetividad  no es otra cosa que esa doble convicción de que los hechos relatados por historias diferentes puedan enlazarse y que los resultados de estas historias pueden complementarse”[2], y es por medio de esta que se descubren los intentos de objetividad que usan los historiadores, quienes por medio de criterios de verdad, autenticaciones de datos y verdades parciales intentan construir la realidad.

Esta construcción se hace, en innumerables casos, a partir de la imaginación histórica que llena los vacíos de un pasado que sólo puede ser visto desde el presente, como Bárcena Díaz expone: “el presente se entiende a partir del pasado y el pasado se entiende a partir del presente”[3], aclarando así que toda la historia es contemporánea porque “por lejanos que parezcan cronológicamente los hechos que la constituyen, la historia está siempre referida en realidad a la necesidad y a la situación presente donde repercuten las vibraciones de estos hechos”[4]

Las necesidades que el mundo moderno plantea pretenden ser explicadas por medio de los historiadores, los cuales necesitan mucho más que datos, eventos específicos o imaginarios que no afecten la veracidad de los acontecimientos. Ellos tienen que, como primera medida, ver su naturaleza humana, de la que habla Bárcena Díaz: “El historiador debe ser consciente de que es vulnerable a la subjetividad como el camino para acercarse lo más posible a la verdad…”[5] para que a partir de esta cumplan con su finalidad de “contar” e interpretar la historia” pero, ¿no cree usted  que la manera en la que los historiadores presentan una “la realidad” objetiva, desmoraliza y por consiguiente convierte a los sucesos y personajes históricos como objetos de estudio olvidando así su carácter humano?

Es la cuestión que surge desde la perspectiva que ofrecen los historiadores para conocer “la realidad”, afortunadamente existe también otro medio que nos ofrece una distinta y nueva perspectiva, esta es proporcionada por: los periodistas.

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Los nueve ensayos recogidos en este libro abordan temas relacionados con la literatura, el cine y el periodismo.

En el libro “Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo” Alejandro José López Cáceres menciona el término “periodismo literario” el cual supone la materialización de la fusión entre el periodismo y la literatura, pero que se diferencia de una novela en que el autor no puede usar la herramienta de la imaginación para crear hechos o personajes.

Y es a partir de esta regla que los periodistas intentan no quebrantar una credibilidad presentando una opinión como si fuera un hecho, o como lo diría López Cáceres: “Diríamos que de lo que se trata es de elaborar estéticamente, literariamente, un trabajo periodístico; pero sin inventar.”[6] Un ejemplo de este podría asimilarse con la novela de “no-ficción” de Truman Capote, “In cold blood” (“A sangre fría”)  la cual es el resultado de años de trabajo del periodista Capote sobre el injustificado asesinato de una familia americana, escribe su novela a partir de las entrevistas que le realizó a los habitantes de un pueblo llamado Holcomb, en el estado de Kansas, además cautiva al público al momento de presentar los puntos de vista de los asesinos condenados seis años después del ahorcamiento. A ellos también los entrevistó

Existen periodistas que poseen historias que no logran atravesar los filtros de los medios de comunicación,  pues serían censurados de tal forma que “la historia real” tome un cambio radical; algunos de estos periodistas toman el liberador camino de la novela y escriben aquella “historia real” usando, o no la herramienta de la ficción; evitando ser callados por las fuerzas que controlan lo que las personas deben o no saber.

Es ahora cuando la frase de la que López Cáceres habla: “Las relaciones entre el periodismo y el poder siempre han estado al orden del día”[7], significa una aceptación del germen del poder que subyaga a los periodistas. En el término denominado como “Nuevo periodismo” se pretende llevar a cabo una investigación periodística exhaustiva basada en hechos reales que sean contados con un tono literario pero, ¿no sería una tarea en vano el que un periodista se esfuerce por buscar la realidad de una situación y que esta no sea expuesta al público porque no supere los filtros del poder?

El escritor López Cáceres cita en su libro lo siguiente:

“(…)” Es probable que la presencia del discurso testimonial en América Latina sea un intento de reescribir la historia desde el punto de vista de los sin voz, de aquellos a quienes se les ha impedido el uso de la palabra para expresar sus vivencias, sus padecimientos, sus luchas, sus derrotas y sus triunfos”[8]

¿Qué mejor recurso que la novela para conocer el punto de vista de los “sin voz”? ¿Cuántas historias se han perdido en el camino por los agentes del poder?, López Cáceres hace una pregunta que da paso a nuevos cuestionamientos: ¿quiénes y cómo se establecen los hechos cotidianos que deben ser considerados acontecimientos, y, de tal suerte, que son dignos de ser convertidos en noticia?[9]

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Secuestros y muertes han empañado el periodismo, que día a día lucha contra la censura.

La respuesta en lo que respecta al quién de la pregunta anterior, le corresponde a quienes controlan los medios de comunicación y el cómo se comprende como la selección de acontecimientos noticiables. El control puede verse en cualquier país, por más “libre” que este sea, y por más que el periodista intente informar al público de un acontecimiento le será imposible superar estos filtros que controlan al qué, cuándo, cómo y dónde de las noticias.

La función de informar al público queda subordinada puesto que el entretenimiento es lo que más vende; ¿Cómo afirmar esta acusación? La manipulación de la información se ve desde el cinismo de los noticieros nacionales, que hablan de los muertos que dejó cierto acto criminal en cierta ciudad y al minuto hablan, incluso con mayor entusiasmo, de eventos deportivos (haciendo que el público olvide la noticia anterior)

En este mundo globalizado, en el que el conocimiento es poder, en el que el lenguaje define los límites de cada persona, en el que cada hombre habla desde la ignorancia que le da su propio conocimiento, entre menos criterio tenga una persona para juzgar la información que recibe será más favorable para quienes controlen dicha información.

¿Qué hacen las corporaciones, mandatarios y dueños del poder para seguir con el control? Adoctrinar y distraer. Adoctrinar aquellas clases sociales especializadas que cuentan con un alto nivel educativo, las cuales se encuentran al servicio de los que tienen el poder real, y por otro lado, distraer el resto de la población.

 

Continuará…

[1] Bárcena Díaz, Leticia. “La objetividad en la historia”, Estado de Hidalgo, Universidad Autónoma, 2011. Pag. 2

[2] Ibid. Pág. 3

[3] Ibid. Pág. 7

[4] Ibid. Pág.8

[5] Ibid. Pág.9

[6] López Cáceres, Alejandro José, “Entre la pluma y la pantalla: reflexiones sobre literatura, cine y periodismo”, Segunda edición. Cali, Colombia, Universidad del Valle programa Editorial, 2005. Pág.17

[7] Ibid. Pág.18

[8] Ibid. Pág. 19, THEODOSÍADIS, Francisco. Literatura Testimonial, Análisis de un discurso periférico. Editorial Magisterio. Bogotá, 1996. Págs. 18,19

[9] Ibid. Pág.22