El legado de Aburrá

 

Escribe / Felipe Osorio Vergara, Emmanuel Zapata Bedoya, Alejandro Jaramillo Londoño, José David Chalarca Suescum

Ilustra / Stella Maris

 

Si bien los aburraes fueron asimilados por la cultura dominante de los colonos españoles y desde el siglo XVII se perdió su rastro, su legado aún vive en el Valle donde se asienta Medellín y su Área Metropolitana. Estos son algunos ejemplos:

 

Museos

En los museos del Aburrá se exhiben piezas arqueológicas que hicieron parte de su cultura y de aquellas que les antecedieron. Por esto, contar con espacios museales es una estrategia para conservar en la memoria, la existencia de los ancestros que llamaron el Valle de Aburrá como su hogar desde hace más de 10.000 años.

Esto lo respalda Álvaro García, coordinador del Museo Etnográfico Miguel Ángel Builes, ubicado en el barrio Ferrini, al señalar que, “la influencia final del patrimonio, parte del contacto con las colecciones, porque a través de las exhibiciones en los museos es posible ese primer reconocimiento de la historia, que habilita un momento de reflexión, de nuevas miradas del pasado. Y la base está ahí, en el patrimonio cultural, en la historia”.

Opinión semejante tiene Carlos Gaviria Ríos, historiador de la Universidad de Antioquia, al explicar que los museos son valiosos como espacios de reconocimiento. “A nosotros nos han enseñado que se viene a un museo a mirar, a entretenerse, pero uno en realidad viene a conocerse a uno mismo, a su pasado”, agregó.

En sitios como el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia, Museo Arqueológico de Envigado, Museo Fundación Aburrá, Museo Etnográfico Miguel Ángel Builes, Museo del ITM (Colección antropológica), Museo de Antioquia (El barro tiene voz), Museo Comunitario Gracialiano Arcila, y algunas piezas arqueológicas exhibidas en la sede de idiomas de la Universidad Eafit y la Biblioteca Manuel Mejía Vallejo, entre otros lugares, se puede encontrar piezas arqueológicas relativas al pasado prehispánico del Valle de Aburrá y del país. 

Otro elemento importante con los museos es su capacidad de adaptarse a sus públicos objetivo. Ese ha sido el caso de la Corporación Sipah, en Itagüí, una ONG dedicada a la investigación y promoción del ambiente y el patrimonio en ese municipio del suroccidente del Valle de Aburrá.

“Sipah busca que el conocimiento científico no se quede en una biblioteca, sino que tenga proyección a la base social. Además, en un lenguaje diferente, no porque sea menos riguroso, sino que sea adecuado y más entendible para públicos no académicos”, resaltó Juan Pablo Díez, arqueólogo y director de la Corporación. Por ejemplo, Sipah tiene, desde 2011, el Museo Comunitario Graciliano Arcila en el barrio El Rosario (Itagüí), cerca de los petroglifos, en el que no solo exhibe piezas arqueológicas, sino que también realiza talleres y actividades enfocadas al patrimonio con la comunidad.

Desde 2009 cuenta con la motomuseo itinerante, en la que se enseña arqueología en una moto que recorre los barrios de Itagüí. “La moto tiene una exposición de arqueología, pero aunada a la exposición hay talleres manuales, de barro, frotada de petroglifo, y herramientas pedagógicas que hacen más ameno el entendimiento de lo patrimonial. En general, talleres orientados a convertir las artes como un vehículo para entender el patrimonio”, explicó Díez.

 

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Arte

El pasado indígena de Antioquia no ha sido tan representado en el arte como sí lo ha sido el legado español o republicano. Sin embargo, se cuenta con varios ejemplos de su representación:

Muralismo: Aunque no se trata específicamente de los aburraes, los indígenas han sido pintados en varias de las obras de Pedro Nel Gómez, como en su mural Historia del Desarrollo Económico e Industrial del Departamento de Antioquia, situada en los bajos de la estación Parque Berrío del Metro de Medellín.

Cerámica: Durante la segunda mitad del siglo XIX la familia de alfareros Alzate se dedicaron a copiar diseños cerámicos de diferentes culturas precolombinas. Hoy día, sus obras son piezas de museo. Por ejemplo, el Museo del ITM, al oriente de Medellín, cuenta con 113 cerámicas producidas por esta familia.

Murmullos Aburrá: es un proyecto artístico inspirado en los hallazgos arqueológicos encontrados en 2015 en La Colinita, barrio Guayabal de Medellín. Fue ganador en la beca del Programa de Estímulos de Presupuesto Participativo de la Alcaldía de Medellín en 2017.

Omar Ruiz, maestro en artes plásticas de la Universidad de Antioquia, es el creador del proyecto que, según afirma, lo hizo con el ánimo de despertar interés en la comunidad y así sensibilizarse sobre su pasado indígena aburrá. “Para el proyecto me pregunté qué cosas del territorio eran coyunturales y ahí me surgió la idea de las comunidades indígenas aburraes. Quería tratar de conectar a la comunidad con un descubrimiento arqueológico que estaba en la Biblioteca de Guayabal”, afirmó Ruiz.

Murmullos Aburraes. Foto / cortesía Omar Ruiz.

Para el proceso de creación de las obras se inspiró en los diseños y patrones empleados por los aburraes y que se conocen gracias a los hallazgos arqueológicos. Si bien no cree que su arte sea indigenista, sí considera que Murmullos Aburraes busca reivindicar el pasado indígena del Valle. “Yo busqué reivindicar el arte indígena aburrá. No tengo el saber que un indígena puede tener, por eso trato de crear conversaciones de cosas que no nos son tan cercanas para poder empezar a dialogar a través de las diferencias. Cuando yo hacía las muestras artísticas no pretendía que la gente se volviera experta, sino ser el medio para que empezaran a interesarse en su pasado”, explicó el artista.

Murmullos Aburraes. Foto / cortesía Omar Ruiz.

Formación universitaria en arte: Son varios los artistas en formación que se han interesado en reapropiarse de sus raíces e incluirlas en sus composiciones pictóricas. Para Lázaro Antonio Mesa, antropólogo del Centro de Ciencia del Museo del ITM y docente de la Facultad de Artes y Humanidades de la misma institución, desde experiencias urbanas, como el grafiti, algunos estudiantes han expresado su búsqueda de las raíces indígenas.

Por otro lado, también se ha notado el interés de muchos futuros artistas en aprender sobre el pasado prehispánico. “Yo he encontrado inquietudes de mis estudiantes en función de conocer más sobre las etnias vigentes, el pasado prehispánico y sus expresiones plásticas. Hay preguntas que los jóvenes se hacen y que terminan en procesos de creación e investigación. Por eso es importante generar contenidos relacionados que las personas entiendan y a los cuales tengan acceso”, expuso Mesa. Además, en el plan de estudios de Artes Visuales del ITM se dicta la materia electiva de arte prehispánico.

 

Vestigios

La densificación poblacional y el crecimiento urbanístico del Valle dificultan el rescate arqueológico, pues la arqueología en contextos urbanos tiene un alto grado de complejidad. “Yo me atrevería a decir que, lo que vemos hoy en arqueología en el Valle de Aburrá, no alcanza a ser el 5 o 10% de lo que se tenía hace unos 40 años, antes de empezar el crecimiento urbanístico”, expresó el arqueólogo Juan Pablo Díez.

Aunque la urbanización ha borrado muchos vestigios, otros aún se conservan, como escribió la antropóloga y magíster en arqueología, Sofía Botero, en su libro Huellas de antiguos pobladores del valle del río Aburrá: “el acelerado proceso urbanístico del valle de Aburrá, la mayor parte del tiempo errático y descontrolado, ha puesto de presente la existencia de gran cantidad de objetos que remiten a eventos ocurridos en el remoto pasado”.

Ajuar funerario encontrado en el Cerro La Colinita del barrio Guayabal, suroccidente de Medellín. Los volantes de huso que hacían parte del ajuar recuerdan la vocación textil de los aburraes. Se ha especulado una función más allá de la utilitaria, quizá estética o de distinción, vinculada a la importancia de aquellos dedicados al hilado y el tejido del algodón. Se ubica en la Biblioteca Manuel Mejía Vallejo de Guayabal.
Fotografía / Felipe Osorio Vergara.

Muchas de estas huellas del pasado se encuentran en las áreas menos intervenidas, como cerros tutelares, zonas de ladera y en algunos parches verdes de las veredas de Medellín y su Área Metropolitana.

Existen caminos y senderos en piedra en San Cristóbal y Envigado, pasando por algunos petroglifos en Itagüí, restos de antiguas acequias, muros en piedra y aterrazamientos en el corregimiento de Santa Elena, hasta plataformas en piedra en el Cerro Quitasol de Bello y en la Laguna de Guarne.

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Como puede verse, la memoria de los aburraes sigue viva. El alma de su cultura no solo está presente en los restos materiales exhibidos en museos, sino también en la plasticidad del arte y la apropiación patrimonial de muchos habitantes del Valle. Aunque relegados por muchos y desconocidos por otros tantos, la herencia aburrá está más viva que nunca. Como fieles testigos de su presencia está la vocación textil y comercial de la Medellín actual, tal vez una coincidencia o casualidad, pero que remonta a los mismos trabajos que ocuparon a los pueblos originarios de este Valle por miles de años.


El Dato
En la actualidad, hay presencia de caminos prehispánicos en sectores de ladera que comunican con los corregimientos de Santa Elena, Altavista y San Cristóbal, pero también en otros municipios del Valle como en el cerro Quitasol de Bello y la vereda El Vallano de Envigado.
Los caminos prehispánicos son destacados por la arqueóloga Sofía Botero en su libro Huellas de antiguos pobladores del valle del río Aburrá como los “vestigios persistentes”, ya que son difíciles de destruir y porque fueron utilizados después de la Conquista por los españoles y los colonos.

Medellín es una ciudad indígena. En su territorio y en el de los municipios aledaños se asientan indígenas de distintas regiones del país que han encontrado en la capital de Antioquia nuevas oportunidades y ahora la llaman como su hogar.

Conoce en el siguiente podcast las percepciones que tienen algunos integrantes de comunidades indígenas sobre Medellín. 


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