Título: Poemas sin prisa para leer en el semáforo.

Autor: Jonh Harold Giraldo Herrera.

Editorial: Fundación Arte y Ciencia.

Publicado: agosto de 2017 en Medellín, Colombia.

Número de páginas: 42

 

 

Por Miguelángel Cardona Hernández

El año pasado se presentó en el café cultural María Antonia de la ciudad de Pereira –donde lo encontré por primera vez– el libro de poemas de Jonh Harold Giraldo. Un ejemplar pequeño y sobrio; bastante inquietante desde la apariencia y su nombre, tiene una propuesta que atraerá hasta el lector más incauto. Para ese entonces, por cuestiones de ocupación laboral y académica, tuve que postergar el interés por el libro, pues diversos compromisos me alejaron de la lectura en dicho momento. Poco más de un año después ha llegado a mis manos y después de un par de lecturas debo confesar la grata sorpresa aquí descubierta.

Un autor nuevo para mi acervo literario, de la misma forma que lo son también muchos autores de la ciudad; encuentro en ello un beneficio importante al poder descubrir nuestra literatura que poco a poco asume un papel importante en la región y el país.

Es así como me encuentro con Poemas sin prisa para leer en el semáforo, un libro interesante desde su título, cargado de símbolos que se erigen desde la formación de las estrofas y que llegan hasta la construcción de una estructura en su línea poética, que es dinámica y honda. Es propio mencionar entonces los tres elementos unidos por un hilo que son, en conjunto, el eje primordial que atraviesa esta obra: el título, la nomenclatura de la segmentación y el ritmo poético.

Partimos del título, elemento que posee una relación permanente con todos los segmentos de la obra, subtitulados por cada color del semáforo (rojo, amarillo y verde), haciendo a la vez de referente estructural en la propuesta estética que realiza Jonh Harold para su obra. Del semáforo se desprenden los colores que componen sus luces; en este contexto, con la simbología particular que los cobija, son quienes marcarán el ritmo de los versos desde el principio hasta el final de libro. Y marcan el ritmo sin olvidarse de la definición desde el título, sin contradecirse, conjugándose y haciendo más atractivo el poemario en su totalidad. Es este el mayor logro a mi juicio: construir esta confluencia que es total y no deja por fuera ningún elemento.

Con la nomenclatura utilizada por el poeta –que nos servirá de guía y, al mismo tiempo, de indicio– empezamos a descubrir que no es gratuita ninguna elección. Con el rojo, primer tiempo a un ritmo que se confunde entre la inacción y la lentitud, nos encontramos con versos y estrofas cortas, parsimoniosas, no por ello carentes de profundidad. Estos versos son una invitación a detenerse y a todo lo que esto implica.  Con el naranja, el segmento con menor cantidad de poemas, el ritmo incrementa lo suficiente para diferenciarse del rojo y lo calculado para no confundirse con el verde. Capta mi atención el detalle de poner menos poemas en este espacio, como si nos dijera el poeta que la importancia mayor se encuentra en los dos extremos, la quietud y el movimiento, la inacción y la presteza; que es a estos dos momentos de nuestra cotidianidad en los que debemos fijar nuestra atención con más energía, sin ignorar, claro está, ese punto medio que también nos compone igual que los otros.

Dicho lo anterior, este libro es una invitación a la vida en tres tiempos, a ocuparnos del ritmo en nuestra existencia, que en ocasiones se nos camufla en una cotidianidad desenfrenada y autómata. Bien expresa el maestro Fernando González es su gran obra Viaje a pie: “El ritmo es tan importante para vivir como lo es la idea del infierno para el sostenimiento de la Religión Católica. Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar”. Conscientes o no de la importancia del ritmo en nuestro vivir, este nos define y por momentos hasta se impone de manera categórica, por eso sostengo que, con este libro, Jonh Harold nos invita a no ignorar esa naturaleza.

Y finaliza con el verde, lugar donde Jonh Harold nos deja un derroche de ritmo y de figuras poéticas bien elaboradas, sólidas y bellas. Como este fragmento del poema Multiverso: “… así como tú mujer, que creces y engrandas la vida, como el lenguaje”.

Y hago ahínco en el último capítulo del poemario, porque si bien los demás son igual de bellos, en concordancia con todo el libro, fue con este último que encontré una confluencia más genuina y espontánea. Pero no quiero que esta apreciación quite valor al resto de la obra, porque como lo digo antes, el valor se encuentra en la totalidad y en la estructura buscada por el autor; encontrada, claro está, en el producto final.

Así pues, es menester resaltar el trabajo de Jonh Harold: un trabajo juicioso, quizás experimental, que con su resultado nos ofrece una propuesta dinámica y estética bien lograda, tanto en lo sintáctico como en lo semántico, y es también invitación a tener una perspectiva particular de los sucesos en nuestra cotidianidad. En todo caso, muy comprometido con su recorrido académico y literario.