Cómo les parece que hubo un rey por allá en la India que se llamaba Iadava y estaba más achicopalao porque en una guerra le mataron a su hijo. Aunque ganó la guerra ese pobre hombre quedó más aburrido, perdió interés en casi todo y se estaba era como deschavetando de la aburrición. Nada le emocionaba y ya ni le veía sentido a la vida. Un día llegó un muchacho de una aldea que decía había inventao un juego pa´ distraer al monarca y como el Rey era medio curioso, pues dijo -“¡Qué emoción tan amarilla!, traigan al mucharejo a ver que trae pues”.
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Por: Fermín López
Acá en la finquita viendo el atardecer desde el comedor. Mi comedor es una tabla que está entre dos guaduas del pasillo exterior de las cuales se sostiene el techo de teja de barro. Sentado en un viejo taburete, repaso algunas jugadas de ajedrez en 64 cuadritos que pinté en la tabla del comedor una tarde de ocio. ¡Ah! No les he contao, el ajedrez es una de mis pasiones, ese juego es una verraquera. Me lo enseñó a jugar el viejo José cuando yo era un crío; él me enseñó a mover las fichas y algunas jugadas. José es el esposo de una prima. Pa él las piezas más patronas son los caballos. “¡Qué reina ni que ocho cuartos!” me decía, “…esa no es sino una ficha ahí toda tongoneada y de dedo parado”. De ahí mi preferencia por los caballos, y cuando por la cuadra de la casa jugaba ajedrez y en una jugada algún contrincante no cabía en los calzones de la alegría cuando se zampaba mi reina y la gente alrededor se cogía la cabeza y decían sorprendidos: “¡No!” o bajaban la cabeza o alguno exclamaba: “Hasta ahí llegó chicha, calabaza y miel”, yo seguía como si nada, como si se hubieran jartado un peón. Ahí seguía yo, impasible, frío como siempre, cabalgando mis caballos y salvando la partida y dejando al contendiente achantao. José me daba tres vueltas aplicándome el mate en pocas jugadas, pero como buen maestro me explicaba donde la había cagao… luego decía: -“Juguemos pues otra partida y esta vez le juego con la izquierda”… -“Ja ja ja tan güevón”, le contestaba yo. José, mi prima y sus niños vivieron en casa un tiempo con mi familia; José y yo jugábamos ajedrez casi todos los días en cualquier ratico, y ya de vez en cuando le ganaba una que otra partida a mi gran Zen que me hablaba de jugadas, de jugadores, de estrategias y me contaba y recontaba (como contaba y cuenta aún sus viejos chistes) la leyenda del ajedrez. Se las cuento ahí en par voliones:Cómo les parece que hubo un rey por allá en la India que se llamaba Iadava y estaba más achicopalao porque en una guerra le mataron a su hijo. Aunque ganó la guerra ese pobre hombre quedó mas aburrido, perdió interés en casi todo y se estaba era como deschavetando de la aburrición. Nada le emocionaba y ya ni le veía sentido a la vida. Un día llegó un muchacho de una aldea que decía había inventao un juego pa´ distraer al monarca y como el Rey era medio curioso pues dijo -“¡Que emoción tan amarilla!, traigan al mucharejo a ver que trae pues”. Entonces le dijeron a Lahur Sessa (que así se llamaba el muchacho) -“Seguite pues home, bien pueda mijo, vaya pa´allá, al fondito por el pasillo que allá está el patrón con sus visires y todo el combo esperándolo…”

Tonces llega el mucharejo y saca el tablero y las piezas de ajedrez y dice: -“¡Pillen pues! Paren pues testículos pa´ que vean lo que es bueno” y les empieza a explicar en qué consistía el juego aquel y todo el mundo más emocionao y ese rey todo interesao preguntaba y el viejo Sessa le contestaba y le aclaraba y el rey decía “Esto esta muy güeno home” y por momentos pensaba que ese juego parecía reproducir la batalla de Dacsina donde a su hijo lo bajaron al papayo. Y jueguen y repartan chocolate parveao toda la tarde y sigan jugando y el rey ya dando sus primeros mates, y todo güete emocionao le dijo a Sessa: -“¡Eh Ave María home! ¡No! Qué verraquera. Me descrestastes. Has aliviao mis penas, este juego además de interesante es hasta instructivo home, pedí no más que te quiero recompensar, ¡Pedí lo que querás!…”

Y ese Sessa que era más impávido que yo, todo inexpresivo ahí, le dijo: -“¡Fresco parce!, tranquilo, no seas bobito, que te vas a molestar. Mi recompensa es que a vos te haya gustao el juego, con eso está todo pago.” Y el Rey que le responde: -“¿Cómo así?, no, no, no… ¡Tan modesto pues! ¿Cómo se le ocurre?, pida no más. Que yo tengo de todo. ¿Qué querés? ¿Oro? ¿Palacios? ¿Una provincia?, ¿Una muchareja a punto de caramelo? ¡Te ordeno que pidás!”

-“¡Ah juemadre! Eso ya es con órdenes”, pensó el Sessa pa´sus adentros. –“Si no pido es como si desobedeciera al rey y ahí si grogui”. Entonces dice el mucharejo: “¡Oiste home, pues la verdad no quiero joyas, ni palacios, ni tierras, ahora con tantos impuestos y esta crisis económica eso es un encarte. Entonces quiero mi recompensa en granos de trigo más bien”.

-“¿Granos de trigo? Véalo pues que despegao de lo material, y ¿cómo hacemos ahí la conversión de dólares a pesos y de pesos a granos de trigo?”, exclamó el Rey mientras los visires se reían y tildaban de insensato al Sessa. -“¡Pilas pues mi rey!”, dijo Sessa. “Muy sencillo: Me da un granito de trigo por la primera casilla del tablero de ajedrez, dos por la segunda casilla, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta y así nos vamos duplicando hasta la sexagésima cuarta casilla del tablero.” Tonces el rey refunfuñando le dijo: -“Bueno pelao, yo di mi palabra y pues usted es muy conformista. ¿Granos de trigo quiere? Granos de trigo le daremos”. Y luego el rey le dice a uno de sus visires al oído: -“Oíste, ¿eso será como un kilo de trigo a lo mucho? Yo pa´las matemáticas si soy negao, yo pasé por la escuela tirando piedras. Mejor llamame a los algebristas pa´que justifiquen ese jornal que les pago”. Y empiezan estos pobres algebristas a echar números y a calcularle al revuelto y al rato dice uno de los geómetras de los más jodidos pa´los números: -“Pues el resultado su majestad es un número inconcebible pa´ la mente humana”. Metió el guayo el Rey, se embaló. Como decía mi abuelo: “Que se tenga de la crin que va ladeao” Ahí les va el número por si son capaces de leerlo: 18.446.744.078.709.551.615 granos de trigo…

Tonces convirtiendo eso a ceiras (capacidad de peso usada en la India) esa vaina les dio como una montaña de trigo 100 veces más alta que el Himalaya y decían que así sembraran toda la India en trigo, inclusive tumbando las ciudades, ni en un siglo producirían el trigo pa´pagar esa deuda. Ese verraco de Lahur Sessa salió peor que un “gota gota”…

Bueno, ya pa´terminar porque me alargué mucho con el cuento, Sessa finalmente le dijo al rey que -“¡Fresco parce! yo era por charlar” y le dijo que a veces es bueno no dárselas de tanto café con leche y es mejor ser prudente, eludiendo la apariencia engañosa de los números y la falsa modestia de los ambiciosos. Entonces dice la leyenda que Sessa renunció públicamente a la promesa del Rey y éste, al sentirse aliviao de pagar ese hijuemadre cerrísimo de trigo, en recompensa nombró al mucharejo primer ministro, y no solo se jugaban qué partidas de ajedrez tan entretenidas sino que Sessa daba consejos sabios al rey para tomar decisiones para el bien del pueblo.

Qué alargada tan verraca me pegué con esa historia, yo sí me encarreto muy fácil y hablo mucha mierda cuando les cuento mis bobadas, pero bueno, pa´mi es bueno hacer memoria y recordar muchas cosas, así espero que no me dé Alzheimer.

Les contaba que ando acá en la finca, en el comedor. Cuando estoy cabizbundo y meditabajo me pongo a jugar ajedrez solo, a lo el gran maestro Robertico Pescador, más conocido en los tableros internacionales como Bobby Fischer, todo un genio este señor, estaba loco, desvirolao del todo. Cómo les parece que se encerraba en las habitaciones de los hoteles a jugar solo. Le decían: -“¡Oiste Bobby!, vamos a conocer tal parte que dicen que es muy bonita o muy famosa de acá…” en distintas ciudades o países que visitaba en diferentes torneos alrededor del mundo. –“¡Ah! ¡Qué peeereza home!, yo me quedo acá en el hotel practicando unas jugaditas”, respondía… Un famoso jugador contaba que llevó al Bobby por allá a un teatro a ver una obra y este loco se la pasó concentrado jugando ajedrez con su tablerito portátil toda la función y le decía al acompañante: -“¿Qué tal esta jugada? Del putas ¿no cierto?” Se dice que en toda la obra solo levantó la cabeza un par de veces pa´ mirar pa´l escenario…

Fischer en el metro de New YorkImagen tomada de: http://25.media.tumblr.com/tumblr_m9wiv6Hwad1qbrvi3o1_500.jpg

Fischer en el metro de New York
Imagen tomada de: http://25.media.tumblr.com/

Hay una foto de Bobby donde está jugando ajedrez en el metro de New York con su tablerito, ahí se ve a Fischer sentao, agachao y concentrao en su juego. No lo desconcentraban ni las mucharejas, -“Las mujeres son una terrible distracción”, decía. Ese no vivía sino pa´l ajedrez, comía, dormía y respiraba ajedrez. Acabó con 24 años de hegemonía rusa en el deporte de la cuadrícula tras coronarse campeón mundial al derrotar a Boris Spassky, en 1972. Bobby jugaba solo, sin asesores; los rusos en cambio como eran ahí todos socialistas pa’ todo, se amangualaban y analizaban las partidas juntos; eso eran como cuatro o cinco maestros rusos estudiando a ver cómo derrotaban a Fischer. Ni así fueron capaces. Dice la leyenda que mientras Spassky meditaba profunda y largamente cada movimiento, el viejo Bobby se sacaba los mocos y se limpiaba las orejas. Se coronó pues campeón y se perdió pa´l mundo del ajedrez. Apareció por allá a los años pa´ derrotar a una computadora. Se volvió a perder hasta aparecer pa´ darle la revancha a Spassky a quien le volvió a ganar y se perdió nuevamente. Terminó refugiado en Islandia, donde lo visitó la parca. El Bobby la vio serenamente, esta le paró el reloj y él tiró su rey, sabía que debía ser así, 64 años tenía, los mismos 64 cuadros del tablero de ajedrez que amó toda su vida…

Mientras juego ajedrez escucho la Suite para Violonchenlo Número 1 de Juan Sebastián Arroyo, más conocido en el mundillo de la música como Johann Sebastian Bach (Bach es arroyo en alemán); el papá de la música, el putas pa´l órgano, pero que también tocaba violín y otros instrumentos de arco; el que con su voz de soprano parecía un pajarito trinando en el coro de Lüneburg (se pronuncia Liuneburg); tan afiebrao a la música que de niño se amanecía a la luz de una vela transcribiendo partituras de un libro de piezas para clavicémbalo. ¿El resultado? Una debilidad de las vistas la verraca toda su vida y una ceguera la macha al final de sus días, pero pa´ fortuna del mundo nos dejó sus mejores composiciones: oberturas, conciertos para diferentes instrumentos, música para órgano, clavicémbalo, laúd, cantatas, corales, oratorios, etc. Este no era un Juanes o una Shakira, ni ningún otro musiquillo de hoy en día que se aprenden tres o cuatro acordes y hacen una canción mediocre con un estribillo pegajoso y ganan un Grammy, ¡No! ¡Este era uno de los pilares de la música y que debería escuchar cualquiera que se ose a crear música!

Es que ser músico es más que salir en Caracol y RCN a dar una mediocre entrevista a unas señoritingas bien entetaditas ellas que se tilinguean de allá pa´acá. Y los “artistas” pelando los de leche queriéndose ganar el reconocimiento de nombre, de mera publicidad. ¿Y la obra? ¡Ah, eso es ahí un Frankenstein que se le ocurrió a un productor pa´ “innovar”!… Y sigamos sacando música desechable que estos pobres mortales están muy ocupaos sobreviviendo pa´pensar y analizar. Démosle a la masa mierdita pa´l cerebro. Escondan esa música clásica, ese jazz, ese blues, ese rock, esa bossa nova, esa trova cubana, ese bolero, esa salsa vieja, ese reggae; produzcamos niños y niñas lindas que eso ahí medio les mejoramos la voz con el audition y otros truquitos tecnológicos. Terciémosles unas guitarras eléctricas y con eso ya son rockeros. ¿Qué se van a poner a estudiar solfeo? ¡Váyanse pa´la peluquería más bien, pa´l gimnasio o pa´l Spa! Necesitamos es vender la imagen…”, dirán los macabros productores musicales de hoy en día. ¡Ay Dios! Cómo extrañamos los George Martin, los Brian Eno y los Quincy Jones…

Me embolaté otra vez, y ustedes tal vez con afán y yo acá haciéndoles perder tiempo. Pero hagamos de cuenta que estamos jugando ajedrez, y en este juego el tiempo es otra cosa, y me acuerdo ahora de unas líneas que el jefe Borges le dedicó al ajedrez: “…Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito…”

 -“No madre, yo me quedé acá en la finca ¡Qué peeereza ir a Pereira a escuchar a los vecinos de la cuadra haciendo bulla y jodiendo con ese maldito escándalo, esa verraca algarabía, ese inaguantable alboroto, esa maldinga tagarnia del 24 de diciembre..!”, le digo a mi mamá por el celular mientras practico algunas jugadas con los caballos…-“Vos sabés cucha que pa´mí todos los días son iguales, la navidad no existe y el niño dios es un muñequito de plástico”, agrego.

-“Ja, ja, ja”, ríe la cucha.- “Bueno mijo, su papá y yo como siempre nos acostamos temprano, el abuelo ya está dormido ¡Qué pereza también ese bullicio y esa rochela! Eso que es uno caminando por la calle y le tiran papeletas a uno y ¡Taque! ¡Uy no! Mejor nos acostamos a dormir. Que saludes de su papá, ya sabe que a él no le gusta hablar por teléfono. Su hermano Alex le dejó saludes también, se fue con la novia y los suegros pa´una finca y ya vendrá mañana. Luz llamó a saludar, que no puede venir este año, que mucha nieve por allá, que muchas saludes de ella, su esposo, y los niños. Santiago, ya sabés, andaregueando, ese salió peor que usted, usted llama por lo menos de vez en cuando, quién sabe dónde andará ahora ese muchacho, el año pasado andaba en Brasil; pero bueno, así es feliz mi Santiaguito. Llamará pa´l año nuevo como siempre”. Dice mamá poniéndome al tanto de mi familia, mientras practico en el tablero de ajedrez pintado en mi comedor algunas jugadas. Nos despedimos y le digo que un día de estos voy por allá o que me los traigo unos días pa´ acá pa´ la finca y que saludes a todos. De pronto Diógenes empieza a ladrar: -“¡Guau, Guau!”, como si alguien se acercara…

Le doy click a la tecla end del celu mientras organizo nuevamente las fichas del ajedrez para arrancar otra partida y como una visión aparece Vanessa con sus ojos grises y su pelo rojo coqueteando con el viento y portando una gran sonrisa (Pa´ los que llegan tarde a estos tontos relatos les toca leer pa´atrás y ponerse al día con quién es Vanessa). La verdad no esperaba volverla a ver. “Adiós mi amor por si el recuerdo mata…”, le dije interiormente cuando la vi alzar vuelo en el avión pa´la France. “¡Hasta después, pues!”

Ahora la veo cruzar cerca al palo de guayabas y viene directo por el camino que da a la casa, saluda tiernamente a Diógenes que ha salido a su encuentro y la reconoce de inmediato a pesar del tiempo; luego Vanessa se acerca al corredor, me saluda con un acento francés perfecto: “Bon soir monsieur Fermín, ¿Tu vas bien?”, dice mientras descarga un morral de camping, corre una banca, se sienta en el comedor al frente mío y mueve un caballo blanco de las fichas que minutos antes yo había organizao pa´ una nueva partida…

Paciente e inmutable repaso a Vanessa de pies a cabeza y se disparan los recuerdos a millonésimas por segundo y exteriormente muestra más emoción este taburete que tengo al lao que yo, pero por dentro parezco un volcán en erupción; el Etna, el Vesubio o el Kilauea de Hawai son unas pobres aguapanelas hirviendo al lado de lo que siento yo en estos momentos por dentro… pero mantengo la calma y muevo mi caballo negro y le contesto en un francés paisa: -“Salut,Vanessa ¿Vous allez bien?” (que hubo pues mija, bien o qué). –“Oui, Ça va!” (clarines, todo bien), contesta ella mientras saca su otro caballo blanco.

Me sorprende que ella siendo tan efusiva no se haya lanzado a abrazarme como la última vez que nos vimos después de mucho tiempo en aquel concierto. ¿Se acuerdan? En el relato que está por allá atrás y se llama “Qué cosas ¿no?” y saco mi otro caballo negro mientras admiro su frialdad y le digo: –“Estás aprendiendo, pequeña saltamontes”. –“Vos me enseñaste a jugar, ¿te acordás?”, agrega.

Que pensó mucho para venir acá, dice mientras mueve un peón. Que cuándo llegaste, le pregunto mientras vuelvo a mover uno de mis caballos negros. Que hace un par de días llegó al país, dice, y saca otro peón blanco amenazando uno de mis caballos. Que si quiere que le prepare algo de comer, le pregunto mientras hago la retirada con el caballo. Que más tarde cocinamos alguito juntos como en los viejos tiempos, que es que aún está mareada por el viaje, contesta mientras saca uno de sus alfiles. Que acá todavía cocino con fogón de leña, le digo moviendo un peón. Que no creía que Diógenes todavía existiera, me dice mientras acaricia al perro y mueve uno de sus caballos blancos. Que si alcanzaste a bajar en el último carro del pueblo, le pregunto sacando un peón y le amenazo un alfil. Que casi la deja, me contesta moviendo su alfil blanco. Que si querés tomar algo, le pregunto mientras muevo otra ficha negra. Que no, que luego luego, que se bogó dos botellas de agua y todavía está embuchada, dice, mientras piensa un rato mirando el tablero y analizando la partida.

Salen nuestras reinas al juego, un par de torres y con ellas nuestros recuerdos, fichas van, fichas vienen. ¿Qué por qué no la volví a llamar?, pregunta y se desconcentra y me como uno de sus caballos. –“No sé”, respondo seco y ahora ella me quita un peón.

Ahora no existe el tiempo, por momentos me percato de pequeños detalles fuera del juego: el sol aburriéndose de su jornada y yéndose a dormir, yo prendiendo una vieja caperuza, Vanessa poniéndose un saco, Diógenes jugando con un cocuyo en silencio, la luna inmensa junto al cerro del frente de mi finca mirando la partida de ajedrez. Yo poniendo otros tracks de Bach en el reproductor. Vanessa recogiéndose el pelo rojo en una cola y dejando caer un mechón sobre su cara mientras suenan los conciertos de Brandemburgo.

“Quiero decirte tantas cosas, pero las he olvidado casi todas”, le digo a Vane sacando de mi memoria unas líneas de un viejo libro que ella me regaló hace tiempo y hago mal mi jugada. Ahora ella mueve su reina y yo me defiendo. –“La mejor defensa es el ataque”, dice ella y sus labios rojos me parecen una fresa. Pierdo otra ficha y miro sus ojos grises que observan el tablero concentrada, ella hace una buena jugada y desempolva una frase de una peli que una vez vimos juntos: -“Dime una mentira, dime que me has extrañado todo este tiempo…” Ahora dudo qué ficha debo mover y me quedo pensando largo tiempo sin decir nada. -“Las mentiras más crueles a menudo se dicen en silencio”, dice Vanessa citando una frase de Louis Stevenson que una vez le escribí en un papelito con un dibujo, y hago otra mala jugada. Ahora parezco a Garry Kaspárov frente a la computadora Deep Blue de la IBM en el año 97… Me es difícil concentrarme en este juego y esa otra partida que dejé con Vane en tablas hace tiempo…

–“Vine por vos, quiero tener un hijo tuyo, y que te vayás conmigo”, dice ella muy segura, moviendo su reina blanca y clavándome sus ojos grises en los míos…Yo parpadeo despacio y ahora todo pasa en cámara lenta: alucino creyendo ver al lado de Vanessa a Eros, el hijo de Ares y Afrodita, se parece a Robin Hood o a Flecha Verde y no a ese angelito güevón de Cupido que pintan los romanos y que yo espantaba las otras veces. Y ahora Eros o Cupido, como prefieran llamarlo ustedes, me apunta una de sus flechas y yo tengo el machete demasiado lejos de mí pa´ defenderme de ese hijueputa… y templa su arco y está listo para disparar y me siento como el hijo de Guillermo Tell…La luna se oculta detrás de una inmensa nube gris, los grillos han parado de cantar, la Toccata y Fuga en Re menor de Bach deja de llegar a mis oídos, veo a Diógenes que le ladra a Cupido pero no oigo sus ladridos y todo es silencio. Entonces miro a Vane que sonríe y leo que sus labios dicen: “Jaque”