LA EXCELSITUD DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Sabido es que la mayor motivación de los seres humanos es el amor…

  

Por / Jorge Triviño

El cultivo de la poesía se ha dado en todos los confines de la tierra. La poesía abunda desde inmemoriales tiempos. Sin duda alguna desde cuando el hombre percibió la armonía de su alma, en consonancia con la armonía divina.

Se tiene conocimiento del que es considerado el poema más antiguo, y que data del 2037 al 2039 a. C. Es un poema de carácter amoroso que recitó la novia del rey sumerio Shu-Shin, y está escrito en escritura cuneiforme.

El poema es una obra ritual, llamada: Matrimonio sagrado, y que se recitaba cada año.

He aquí, una muestra de él:

Novio, amado de mi corazón,

Grande es tu hermosura, dulce como la miel,

León, amado de mi corazón,

Grande es tu hermosura, dulce como la miel.

 

Me has cautivado, déjame presentarme temblorosa ante ti.

Novio, dejaría que me llevaras a la alcoba,

Me has cautivado, déjame presentarme temblorosa ante ti,

León, dejaría que me llevaras a la alcoba.

 

Novio, déjame acariciarte,

Mi delicada caricia es más suave que la miel,

En la alcoba llena de miel,

Déjame disfrutar de tu gran hermosura,

León, déjame acariciarte,

Mi delicada caricia es más suave que la miel.[1]

        El tema más importante para la humanidad, y sin la menor duda, es el amor, ya que a pesar de que ha sido mancillado, depreciado con el paso del tiempo y vilipendiado; con el uso del verbo, tratado como una mercancía, y denigrado, aún sigue siendo el tema más trascendental para escultores, músicos, poetas literatos, teatreros, danzarines, pintores y cineastas.

Siempre lo más sagrado, es aquello que más se ha vulgarizado”; pero en medio de este mancillamiento, los excelsos poetas han sabido tratar con altura ese divino sentimiento que nos conecta con el Creador; ya que su Obra es una Creación amorosa—lógicamente— y nosotros somos una imagen de Él.

Uno de los poetas que ha hallado luces sobre los magnos sentimientos de la humanidad es Juan Ramón Jiménez, nobel de Literatura.

Él, al igual que los demás cultores de la sensibilidad, ha hallado preciosas gemas dentro de sí mismo, y nos las ha transmitido a través de sus creaciones.

El tema del amor es tratado por el poeta con sutileza, con encanto y con suma belleza —tanta, que el alma nuestra se llena de alegría al escuchar el canto del bardo— mostrándonos la realeza de él, su renacimiento cada vez que hay primavera; su acción a través de los sentidos —¡canales de luz!—. Nos habla, además de su pureza, llamándolo: casto, es decir: sin mácula, como realmente lo es, y le da el calificativo de eterno.

Y auscultando un poco más en el poema, leemos que el amor es dador de vida. Su poder abre las flores con hojas nuevas y dora la luz con lenguas nuevas, para finalizar diciendo que el amor es eterno como la primavera.

He aquí el poema, para que puedan apreciar la belleza, por medio de la sabiduría que expresa el bardo cuando siente las verdades en sí mismo, pues ya han pasado por el alambique de su cuerpo espiritual y ha decantado las impurezas y materiales plúmbeos, y comprendido el misterio magno del amor.

AMOR

No has muerto, no.

Renaces,

con las rosas, en cada primavera.

Como la vida, tienes

tus hojas secas;

tienes tu nieve, como

la vida…

Mas tu tierra,

amor, está sembrada

de profundas promesas,

que han de cumplirse aun en el mismo

olvido.

¡En vano es que no quieras!

La brisa dulce torna, un día, al alma;

un día dulce de estrellas,

bajas, amor, a los sentidos,

casto como la vez primera.

¡Pues eres puro, eres

eterno! A tu presencia,

vuelven por el azul, en blanco bando,

tiernas palomas que creímos muertas…

Abres la sola flor con nuevas hojas…

Doras la inmortal luz con lenguas nuevas…

¡Eres eterno, amor,

como la primavera!  

        En los grandes poetas, como él, la poesía se funde con la filosofía y con la verdadera religión —entendida la primera como la sabiduría del amor y la segunda, como el volver a unirnos, o re-ligare a la Causa Suprema—.

En quienes aducen sensibilidad, la verdad no se entiende mediante razonamientos y sofisterías, sino mediante el alma. ¿Cómo se sabe que existe el amor? Basta sentirlo como una llama ardiente en nuestro corazón para conectarnos con la vida misma que nos recuerda la patria divina; nuestro linaje, nuestra alcurnia. Él nos da el coraje para avanzar por el mundo con la cabeza en alto, seguros de que llegaremos a realizar nuestro ideal, porque la llama viva del amor está encendida y esa llama jamás la apaga viento alguno, porque es eterna, porque es la vida misma en movimiento en nuestro ser.

Sabido es que la mayor motivación de los seres humanos es el amor…

Pero, hay otros temas, cuya comprensión, ha sido lograda mediante su mirada interior por el poeta; y es la del alma suya, la que reconoce que es una con la naturaleza ¡Es ella misma!, vestida de aguas doradas, de helechos, de alas, de ramas; el poeta siente que su alma, es una partícula de El Alma del mundo, como decían los Platónicos.

Como dice el Katha Upanishad: “¡Sólo el alma puede percibir al alma cuando el alma lo quiere!” Y su alma así lo comprendió.

ES MI ALMA

No sois vosotras, ricas aguas

de oro las que corréis

por el helecho, es mi alma.

No sois vosotras, frescas alas

libres las que os abrís

al iris verde, es mi alma.

No sois vosotras, dulces ramas

rojas las que os mecéis

al viento lento, es mi alma.

No sois vosotras, claras, altas

voces las que os pasáis

del sol que cae, es mi alma.

         El poeta, además de sentir que forma parte de un Alma colectiva, también se da cuenta mediante su Yo superior que Él no es quien cree ser. Tiene plena consciencia de sí mismo, no como un ser dual, sino como aquel que es copartícipe de ambos mundos: el mundo espiritual y el mundo material¸ ambos conectados por su consciencia superior.

He aquí el texto donde nos manifiesta que reconoce la diferencia y que observa desde un altazor maravilloso de luz:

Yo no soy yo.

Soy este

Que va a mi lado sin yo verlo;

que, a veces, voy a ver,

y que, a veces, olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera.

        Como G. P. Williamsom, Juan Ramón Jiménez había encontrado a ese ser misterioso que vive en cada uno de nosotros. Había encontrado la gema más preciosa de nuestra existencia:

Remoto y sin embargo cerca, longevo, solitario,

Omnisciente, desconocido, inescrutable,

 Las manos plegadas en ademán inmutable,

Él se sienta en el interior de su santuario.[2]

        Pero el poeta, además de darse cuenta de que había un ser desconocido, sabía por conocimiento propio que la vida material es una ilusión, o maya, como dicen los hindúes, pues hace la precisión de que ÉL, es realmente La Esencia misma y el ego es apenas su sombra.

 

LO VERDADERO

 

Creímos que todo estaba

roto, perdido, manchado…

—Pero, dentro, sonreía

lo verdadero, esperando—.

 

¡Lágrimas rojas, calientes,

en los cristales helados!…

—Pero, dentro, sonreía

lo verdadero, esperando—.

 

Se acababa el día negro

revuelto en frío mojado…

—Pero, dentro, sonreía

lo verdadero, esperando—.

¡Lágrimas rojas, calientes,

en los cristales helados!…

—Pero, dentro, sonreía

lo verdadero, esperando—.

 

Se acababa el día negro

revuelto en frío mojado…

—Pero, dentro, sonreía

lo verdadero, esperando—.

         También, su alma, había reconocido a La divinidad, declarándolo de manera portentosa y bella, en el siguiente poema:

LA TRANSPARENCIA DIOS LA TRANSPARENCIA

 

Dios del venir, te siento entre mis manos,

aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa

de amor, lo mismo

que un fuego con su aire.

 

No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo,

ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano;

eres igual y uno, eres distinto y todo;

eres dios de lo hermoso conseguido,

conciencia mía de lo hermoso.

 

Yo nada tengo que purgar.

Toda mi impedimenta

no es sino fundación para este hoy

en que, al fin, te deseo;

porque estás ya a mi lado

en mi eléctrica zona,

como está en el amor el amor lleno.

 

Tú, esencia, eres conciencia; mi conciencia

y la de otros, la de todos

con la forma suma de conciencia;

que la esencia es lo sumo,

es la forma suprema conseguible,

y tu esencia está en mí, como mi forma.

 

Todos mis moldes, llenos

estuvieron de ti; pero tú, ahora,

no tienes molde, estás sin molde; eres la gracia

que no admite sostén,

que no admite corona,

que corona y sostiene siendo ingrave.

 

Eres la gracia libre,

la gloria del gustar, la eterna simpatía,

el gozo del temblor, la luminaria

del clariver, el fondo del amor,

el horizonte que no quita nada;

la transparencia, dios la transparencia,

el uno al fin, dios ahora sólito en el uno mío,

en el mundo que yo por ti y para ti he creado.

        Los poemas siguientes, del gran poeta español, son dos preciosas oraciones, donde acepta la voluntad divina con amor. Estas son dos joyas de la literatura universal donde le expresa a Dios aquellas cosas que poseen hermosura: el sol, la mariposa, la rosa, los correntines del sendero, el pecho del ruiseñor, los naranjales, las perlas del río, el pinar, los labios rojos y los ojos de su amada.

A DIOS EN PRIMAVERA

 

Señor, matadme, si queréis.

(Pero, señor, ¡no me matéis!)

 

Señor dios, por el sol sonoro,

por la mariposa de oro,

por la rosa con el lucero,

los correntines del sendero,

por el pecho del ruiseñor,

por los naranjales en flor,

por la perlería del río,

por el lento pinar umbrío,

por los recientes labios rojos

de ella y por sus grandes ojos…

 

¡Señor, Señor, no me matéis!

(…Pero matadme, si queréis)

 

 

DIOS DE AMOR

 

Lo que queráis, señor;

y sea lo que queráis.

 

Si queréis que entre las rosas

ría hacia los matinales

resplandores de la vida,

que sea lo que queráis.

 

Si queréis que entre los cardos

sangre hacia las insondables

sombras de la noche eterna,

que sea lo que queráis.

 

Gracias si queréis que mire,

gracias si queréis cegarme;

gracias por todo y por nada,

y sea lo que queráis.

 

Lo que queráis, señor;

y sea lo que queráis.

        Reconoce también que posee un espíritu dentro de sí mismo, su Consciencia, en el siguiente poema:

CONCIENCIA PLENA

Tú me llevas, conciencia plena, deseante dios,

por todo el mundo.

Y en este mar tercero,

casi oigo tu voz;

tu voz del viento

ocupante total del movimiento;

de los colores, de las luces

eternos y marinos.

Tu voz de fuego blanco

en la totalidad del agua, el barco, el cielo,

lineando las rutas con delicia,

grabándome con fúljido mi órbita segura

de cuerpo negro

con el diamante lúcido en su dentro.

         También, encontró, en su búsqueda existencial, que aquello que creemos finito, existe lo eterno, lo inmutable e imperecedero: lo inasible.

DE UNA TARDE SIN PASAR

Cada minuto de este oro ¿no es toda la eternidad?

Tiempo de radios parados en ascua de verdad.

 

El aire puro lo mece sin prisa, como si ya

fuera todo el oro que tuviera que acompasar.

 

(¡Ramas últimas, divinas, inmateriales, en paz;

ondas del mar infinito de una tarde sin pasar!)

 

Cada minuto de este oro ¿no es un latido inmortal

de mi corazón radiante por toda la eternidad?

 

(¡Ramas últimas, divinas, inmateriales, en paz;

ondas del mar infinito de una tarde sin pasar!)

 

Cada minuto de este oro ¿no es un latido inmortal

de mi corazón radiante por toda la eternidad?

        Pero Juan Ramón Jiménez nos sorprende aún más cuando escribe un Nocturno, nada parecido a ninguno que se haya escrito. La palabra Nocturno la utiliza para referirse al final de su vida, comparándolo con una noche, y en el que manifiesta la soledad en la que quedarán las cosas cuando parta al infinito.

 

NOCTURNO

Yo no volveré. Y la noche

tibia, serena y callada,

dormirá el mundo, a los rayos

de su luna solitaria.

Mi cuerpo no estará allí,

y por la abierta ventana

entrará una brisa fresca

preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien me aguarde

de mi doble ausencia larga,

o quien bese mi recuerdo

entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores

y suspiros y esperanzas,

y amor en las avenidas,

a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano

como en esta noche plácida,

y no tendrá quien lo escuche,

pensativo, en mi ventana.

        Y para cuando ya se haya ido definitivamente, para cuando ya no esté, describe cómo quedarán los pájaros, su huerto, el pozo blanco; las tardes, el campanario, el pueblo quienes le amaron, el rincón de su huerto, y su espíritu, pero con delicadeza, son sutileza y con su mirada lejana, pero afectuosa.

EL VIAJE DEFINITIVO

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostálgico…

y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido…

Y se quedarán los pájaros cantando.[3]

         Sobra decir, que su espíritu, etéreo y sutil, quedó manifiesto en sus poemas; y sobre todo en esa obra inolvidable Platero y yo.

 

Notas

[1].  Cooperativa.CL Publicado:  jueves, 14 de febrero de 2019 a las 04:31hrs. Versión digital.

[2] G.P. Williamsom, citado por Paul Brunton.

[3]Jiménez, J.R. Antología. Departamento de lengua castellana y literatura. IES sol de Portocarrero. Págs. 3,4