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La prehistoria de un concepto desde Homero hasta Heródoto.

Por: François Hartog.

  1. Historein/Semainen

 

“Háblame, Oh, Musa, del hombre de los muchos inventos…” fue el pacto inaugural de la épica. La musa, hija de la memoria y fuente de inspiración, era quien garantizaba la canción del poeta. Con la primera historia, el reino del mundo hablado había acabado. La prosa reemplazó al verso; la escritura comenzó a dominar, la Musa desapareció. Entonces una nueva y económica palabra emergió: “Lo que Heródoto de Halicarnasso había aprendido inquiriendo finalmente se expresó (la exposición de su historie…)  no atendiendo a ningún poder en específico; con sus primeras palabras comienza a definir y a proponer una forma narrativa que inicia con su propio nombre. Es el autor de su relato (logos) y éste es quien establece su autoridad. La paradoja subyace en el hecho de que, al mismo tiempo, esta novísima autoridad declarada estaba ya completamente construida. Como una estrategia narrativa, característica de ese momento en la historia intelectual griega, marca un quiebre con la historiografía oriental. Si los griegos son los inventores de todo, habría que decir más bien que inventaron al historiador más que a la Historia. Como un modo de propia afirmación. La escritura era más un puro fenómeno historiográfico. Por el contrario, es una marca o una señal de este período de la historia intelectual (Siglos VI-V a.n.e) que fuéramos testigos del incremento del “egoísmo” entre artistas, filósofos y doctores23.

 

La vida de Heródoto se desarrolló entre dos grandes conflictos: la Guerra de Persia (que no conoció de primera mano pero que relató), un periodo de amenazas y consolidación de la polis, por otra parte la Guerra del Peloponesio, inextricablemente unida con los relatos de Tucídides, y también un tiempo de profundas cuestiones. El período que Heródoto describe en sus relatos (550-480, con muchas alusiones a tiempos más pasados) sufrió importantes cambios. Hacia el Este, el Imperio Persa creció y prosperó; en Grecia, primero Esparta y luego Atenas llegaron a la prominencia. Políticamente hablando, el antiguo concepto de “eunomía” se reemplazó por el de “isonomia” (equidad de derechos políticos para todos los ciudadanos) y finalmente por una noción completamente nueva, aquella de la democracia.

 

Cuando las Histories comenzaron, los bárbaros ya estaban situados geográficamente, formando con los griegos un par de oposiciones. Para Heródoto, la división entre ellos era obvia: no hay necesidad de explicar o justificarla, sin embargo, está ausente en los poemas de Homero. La distinción había aparecido entre los siglos V y VI, comenzando con la guerra pérsica que ubicó geográficamente a los bárbaros y les dio el reconocimiento de los persas. En las Histories, Heródoto prácticamente excavó y sacó testigos de este fenómeno para finalmente explicarlo. Incluso fue más lejos construyendo una racionalidad política para distinguir entre griegos y bárbaros, ofreciendo así una perspectiva política de la Grecia del pasado. Como resultado, la palabra “bárbaro” llegó a significar no el barbarismo (crueldad, exceso, laxitud) sino una diferencia política que separaba a aquellos que escogían vivir en ciudades-estados de aquellos que nunca se habían sentido tentados a vivir sin un rey. Los griegos son “políticos”, en otras palabras, libres, mientras que los bárbaros son “reales” significando, entonces, una sumisión a un maestro (despotes)24.

 

La nueva forma del discurso y esta figura singular no surgieron del vacío. Heródoto emprendió una tarea con la Guerra de Persia como Homero lo había hecho con la Guerra de Troya. Escribir historia significa empezar con un conflicto y contar las hazañas de una gran guerra en ambos lados y construir los “orígenes” (aitia, causa verdadera). En contraste con la Biblia que cuenta una historia continua desde el inicio de los tiempos, los primeros historiadores griegos partieron de un punto y se limitaron a contar un conjunto específicos de eventos25.

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Como el poeta, el historiador trabaja con la memoria, el olvido y la muerte. El poeta de los antiguos era un maestro de la gloria (kleos), un dispensador de los inmortales elogios de los héroes que murieron gloriosamente en la guerra.  Heródoto “susurró” sólo para asegurar que los trazos de las marcas de los hombres, los monumentos que ellos producen, no deberían desaparecer (como los colores de una pintura que se marchitan con el tiempo) y  cesaran de ser recontados y celebrados (él usaba, característicamente, el término aklea, despojados de gloria). El cambio desde kleos hasta aklea indica que el historiador se refiere continuamente a la épica, pero que también es muchísimo más modesto para declarar algo que el poeta26. Es como si él conociera que las antiguas promesas de inmortalidad no podrán jamás volver a ser expresadas excepto como promesas para no permitir el acceso al olvido.  Similarmente, donde el rol de poeta cubre la experiencia de “las hazañas de los héroes y los dioses”, el historiador se limita a las “hazañas de los hombres” en un tiempo que se define a sí mismo como “tiempo del hombre”. Heródoto agrega un principio de selección para escoger qué es importante y provoca asombro. Así se da a sí mismo un significado de medidas de las diferencias en los eventos y del orden de la multiplicidad en el mundo.

 

La palabra emblemática, historie (la forma jónico de historia) poco a poco comienza a mantenerse (Tucídides, por su parte, nunca la usó). Es una palabra abstracta, formada del verbo historein, inquirir. Para inquirir, en todo el sentido de la palabra, significa ir y ver por uno mismo. Expresa más un estado de la mente que un acercamiento a un campo específico. Historia se deriva de histor, que se relaciona a idein, para ver, y a oida, Yo sé. Así historestá presente en la épica, pero no como un ojo testigo, sino como un árbitro o mejor aún, como un garantizador en el contexto del neikos (altercado): Heródoto nunca vio lo que estaba en juego.

 

Heródoto no es ni poeta ni tampoco histor: él historei (investiga). No posee la autoridad natural del histor, ni tampoco se beneficia de la visión divina del poeta. Él sólo tiene historie, una cierta forma de inquirir que es el primer paso en su práctica historiográfica. Producido como un substituto, historie opera en una vía análoga a la visión omnisciente de la Musa que sabe todo porque su naturaleza divina le permite estar presente en cualquier lugar. El historiador, actuando sólo por su propia autoridad, intenta ahora “llegar muy lejos con su historia, y hablar de las grandes y pequeñas ciudad en igual sentido. Por los muchos estados que una vez fueron grandes y que ahora son pequeños”27.

 

Si la investigación (así definida) evoca al mismo tiempo la sabiduría del poeta y rompe con ella, Heródoto también hace un llamado a un segundo registro del conocimiento (que nosotros ya conocemos): la parte adivinatoria. Heródoto historei pero también semainei. Él investiga y muestra, revela, significa. Semainein es usado por alguien que ve lo que otros no pudieron ver y así construye su reporte. El verbo específicamente designa conocimiento ocular28.  Desde la épica, el vidente, que conoce el presente, el futuro y también el pasado es mostrado como un hombre del conocimiento.  Epimenides de Creta, un famoso vidente, era conocido por haber aplicado sus habilidades místicas no para conocer lo que debería ser, sino para lo que habiendo ya ocurrido permanecía inexplicable. Aquí también la adivinación es una ciencia del pasado. Recordamos también las palabras de Heráclito que decía que el oráculo no habla ni esconde, sólo “significa” (Semainei)29.

 

En el Prólogo, precisamente en el momento en que el Heródoto habla por la primera vez diciendo “Yo”, él “Significa” (Semainei). Con su propio conocimiento revela, designa quién tomó la ofensiva por primera vez contra los griegos: Creso, rey de Lidia. Éste, el primero en subyugar a los griegos, es designado como “responsable” o “culpable” (aitios). A través de esta investigación y designación, Heródoto es ciertamente un no vidente, pero se arroga a sí mismo la autoridad oracular. Entonces, incluso si es en un modo diferente lo que vimos antes en Mesopotamia, la adivinación y la Historia guarda todavía con Heródoto cosas en común.

 

Los dos verbos historein y semainein se cruzan cuando el conocimiento antiguo y contemporáneo se conecta entre sí, como es demostrado por el trabajo del mismo Heródoto. Hay dos herramientas intelectuales para ver “claramente”, más allá de lo visible, en espacio o tiempo; se caracterizan y comparten el mismo estilo intelectual del primer historiador. Él no es ni poeta, ni adivino, pero entre los dos, es Heródoto.

 

 

*Francois Hartog es historiador y profesor universitario.

 

École des hautes études en sciences sociales

Paris

 

 

Traducción: Kevin Marìn, estudiante de Historia, Universidad de Caldas.

23G.E.R, Lloyd, Therevoluion of Wisdom (Berkeley, 1978)

24F. Hartog, Mèmoired’Ulysse: Rècit sur la frontiere en Grèceancienne (Paris, 1996), 87-95.

25A. Momigliano, TheClassicalFoundations of Modern Historiography (Berkely, 1990), 18ff.

26Herodoto, I, 1.

27Herodoto, I, 5.