Camilo Peláez (jun 2014)Un género musical más femenino que masculino. ¿Es la mujer esa figura maléfica en las composiciones del género bolero? o… ¿son los hombres los que se hacen las víctimas frente a sus relaciones con las mujeres?

Por: Camilo Peláez 

Todo empezó una tarde de abril. Sentado en la sala de mi casa escuchaba una programación de boleros en la emisora “La cariñosa”. Después de tres boleros, el estribillo de “No” -en la interpretación de Roberto Ledesma-, me hizo pensar en algo: ¿es la mujer esa figura maléfica en las composiciones del género bolero? o… ¿son los hombres los que se hacen las víctimas frente a sus relaciones con las mujeres?

Naturalmente terminé de escuchar la programación. Muchos fueron los boleros que siguieron luego de plantearme ésas preguntas. No obstante, las canciones que continuaron las escuché con el objetivo de responder a dichos problemas.

Apagué la radio y me quedé absorto. No sabía cómo responder las dos preguntas que me surgieron después de esa canción. Tuve tiempo de organizar algunos documentos y ponerlos en su lugar. Sin embargo, aún no podía responderme mis interrogantes. Decepcionado por mi incapacidad volví a la sala y puse a rodar algunos Lp de tango. Tras el cambio de cara y limpiar diferentes acetatos algunas respuestas llegaron a mí.

En el tango no es precisamente la mujer la que hiere al hombre. Es la concepción de mujer que los tangueros tienen lo que más los lastima. La figura femenina en el tango está relacionada con la mamá, o como la llaman ellos, “la vieja”. Ellos buscan eso incondicional de la madre que -como ya sabemos-, no van a encontrar en otra mujer.

Aunque sus letras nos hablen de cómo sufre el hombre por el abandono y la traición de la mujer, debemos entender qué es el abandono y la traición para el hombre tanguero. Éstas sólo reflejan la decepción que el hombre se lleva al saber que como madre no hay otra. Que toda mujer que en su camino se encuentren, no les tolerará ni les servirá de la misma manera que lo hace “la vieja”.

¿Y de qué nos hablan las letras de bolero? Las letras del bolero -y en esto son muy similares a las letras del tango-, hablan de un desengaño. Pero ¿qué tipo de desengaño? ¿Quién lo provoca?

Retiré el acetato de tango que en ese momento sonaba. Busqué los de boleros y -para mi sorpresa-, el primer bolero que sonó fue “¿Qué quieres tú de mí?”, en la voz de Altemar Dutra. Lo escuché con ferviente atención y una parte me impactó:

“¿Qué quieres tú de mí? ¿Qué haces junto a mí, si todo está perdido amor? ¿Qué más me puedes dar, si nada puedes dar, que la huella de otro gran dolor?”.

Esta canción es un cuestionamiento constante frente a lo que ella le puede ofrecer. A diferencia del tango, no le pregunta el porqué, no le ofrece la misma constancia y toleracia que “la vieja” le brindaría. En éste se juzga y se condena a la mujer por ser ésa que sólo puede ofrecer dolor, tras un disfraz de amor.

Sonó todo el Lp, y con él muchos boleros nacieron nuevamente. Adquirieron un matiz diferente. No los recordaba de esa manera. Limpié la portada de un acetato de Roberto Ledesma, y leí con una sonrisa la primera canción de la cara A. Era “Parece que fue ayer“. Me encontré con una mujer diferente a las que cantaba Altemar Dutra.

“Parece que fue ayer, cuando te vi aquélla tarde en primavera. Parece que fue ayer cuando las manos te tomé por vez primera. Soy tan feliz de haber vivido junto a ti por tantos años; soy tan feliz, de disfrutar algunas veces tus regaños”.

La mujer que con estos versos nos narra Roberto, es aquélla con la que a muchos nos gustaría estar. Una mujer con la que todo sería más humano. Con buenos y malos momentos, pero al lado de ella. El dolor -y más que dolor, nostalgia-, que en esta canción se evidencia, es de agradecimiento por todo lo que han vivido juntos. Que, pase lo que pase, tanto él como ella ya han sido felices.

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Roberto Ledesma. Imagen tomada de: http://i1.ytimg.com

Terminó el lado A, y la canción con la que comenzaba el lado B era aquélla que me hizo plantearme ésas preguntas. No, es un bolero muy particular. Si bien en éste es la mujer la juzgada:

“No, porque tus errores me tienen cansado. Porque en nuestras vidas, ya todo ha pasado; porque no me has dado, un poco de ti”.

Diferente a “Qué quieres tú de mí”, donde se nos da un sólo motivo por el cual ella es juzgada. Con “No”, vemos tanto la mujer y el hombre como algo particular. Es una hombre que aguanta y espera -cosa que no muchos hacemos-, y es una mujer descorazonada:

“No, porque con tus besos no encuentro dulzura. Porque tus reproches me dan amargura. Porque no vivimos lo mismo que ayer”.

Aunque ella ya no lo quiera, continúa ahí, sólo para amargar y deteriorar un sentimiento, llevando al hombre a una indiferencia total para con ella:

“No porque ya no extraño como antes tu ausencia. Porque ya disfruto aun sin tu presencia. Ya no queda esencia del amor de ayer ” .

Y con la indiferencia viene la incredulidad:

“Aunque me juraras que mucho haz cambiado. Para mí lo nuestro ya está terminado. No me pidas nunca que vuelva jamás”.

Pensativo, me levanto y dejo que el acetato termine. ¿Por qué en su mayoría, las mujeres en el bolero son narradas así? Hay uno que otro bolero en el cual ambos son felices, y no hay a quién juzgar. No obstante, aunque sea la mujer la juzgada, el hombre termina como víctima. La figura femenina no tiene toda la culpa. El hombre, gracias a toda su experiencia con la mujer, termina por pensar que tras una experiencia negativa, le seguirán muchas así. Se hunde en la pena y no quiere salir de ella.

Al guardar los dos discos escuchados previamente, me encuentro con una carátula desgastada de un Lp de Vitín Avilés. Lo dejo rodar, y de inmediato suenan los violines avisando “Temes“:

“Temes, que yo diga un día en cualquier esquina que tu fuiste mía, en una aventura donde no hubo amor”.

En estas líneas es otra mujer y en otra condición. Vitín la juzga, pero no por un dolor, sino por el temor que ella tiene frente a esta infidelidad. Pero el hombre que aquí es narrado, es un hombre serio, pero que quedará en la memoria de dicha mujer:

“Sientes, un miedo terrible mas leí en tu cara que lo mas que teme tu vida vacía es que diga un día que yo te olvidé”.

Y mientras la mujer es la que sufre, éste hombre la deja ir, sin amenaza alguna:

“Brindo con silencio, mi homenaje triste al ayer de besos, que pasó y no existe nunca diré nada, prosigue tranquila con tu nuevo amor”.

Interrumpo el acetato y quedo en silencio. Me doy cuenta que en el bolero es la mujer el argumento central. Sin ella, en cierta forma él no podría existir. A ella es quien se juzga -exceptuando los casos en que su interpretación la hace una mujer-, por ella es que el hombre es víctima. Y es también, gracias a ella, que el hombre puede rehacer su dignidad como se hace en “Temes”.

Cierro el tocadisco. Guardo el acetato. Un suspiro a tono de cansancio se apodera de mí y me voy a descansar.