Pero el texto no quiere en ningún momento hacer recalcar una culpa específica, las reparte por igual. Cuestiona cómo se manejó el asunto de la preparación mundialista en los meses anteriores a USA 94, habla de los equipos nacionales y su vinculación con los grandes carteles del narcotráfico en Colombia, hace referencia al informe hecho por el club Atlético Nacional para explicar la realidad de todos los clubes colombianos y, sin dejar de mencionar, hace una crítica directa a los medios de comunicación nacionales –no hay que olvidar que Araújo es periodista- por su forma de referirse a la selección, los rivales y los mismos jugadores.

Por: Esteban Cárdenas
Leer a veces frustra, otras veces exaspera, también alegra y, a veces, simplemente no se puede creer. Así es la historia de Pena máxima, un trabajo hecho por Fernando Araújo, donde narra una historia olvidada, censurada e importante que muchos no saben pero él –con un inmenso trabajo periodístico detrás-, logra retratar la historia de la apología de una tragedia; las causas y consecuencias por parte de futbolistas y técnicos –pero también de directivos, gobernantes y mafiosos– durante la participación de Colombia en el mundial de fútbol de Estados Unidos.
Si de algo uno se entera al leer el texto es que a la selección le ocurrieron todas esas consecuencias evitables por una falta de planeación gigantesca. Nunca existió control sobre sus mejores jugadores –Asprilla, Rincón y Valencia–, se comprobaron intereses personales dentro del vestuario –“Bolillo” dijo que renunciaba si no convocaban a su hermano “Barrabás” para el Mundial– y desde allí se perdió la unión, porque solo bastó tocar el cielo con las manos en Buenos Aires, aquel septiembre del noventa y tres, para comenzar a bajar al infierno que significó USA 94.
“El futuro es desolador, no podremos mejorar lo hecho. Desde lo más alto sólo se ve la caída”, dijo una vez Pep Guardiola a sus jugadores después de ganar el Mundial de Clubes. Maturana debió haber pensado lo mismo, haberlo supuesto, pero no lo dijo. Guardó silencio como muchos y dejó hacer lo que quisieran a los suyos. El problema se gestó desde lo interno, pero no solo fue de ahí.
Y es que el juicio que plantea Araújo en el título se queda corto frente a semejante investigación, pues no solo está mostrando los hechos que ocurrieron dentro del plantel y su contexto sino que llega a reflejar todo lo que era la sociedad colombiana en su momento, desenmascarándola, pues si de algo tuvo la culpa el pueblo fue de creer que el mundial ya estaba en casa después de ganarle a Argentina. Ya nadie creía que otro país pudiera hacerle frente a tal mágico juego exhibido en el Monumental. Nos creímos reyes sin haber tenido nunca una monarquía. Sin tener una historia futbolera, ni una identidad de juegos hecha con historia, los colombianos ya veían la copa mundo rondando por las calles patrias.
Pero el texto no quiere en ningún momento hacer recalcar una culpa específica, las reparte por igual. Cuestiona cómo se manejó el asunto de la preparación mundialista en los meses anteriores a USA 94, habla de los equipos nacionales y su vinculación con los grandes carteles del narcotráfico en Colombia, hace referencia al informe hecho por el club Atlético Nacional para explicar la realidad de todos los clubes colombianos y, sin dejar de mencionar, hace una crítica directa a los medios de comunicación nacionales –no hay que olvidar que Araújo es periodista– por su forma de referirse a la selección, los rivales y los mismos jugadores.
Capítulo aparte es su epílogo.Parece sacado de una fábula. Un relato conmovedor y desgarrador desde el inicio hasta el final. Un relato excepcional de la carrera futbolística de Andrés Escobar, el defensa que cometió el autogol en el mundial y que en su regreso al país, terminó muerto. Tal vez Escobar es el vivo reflejo de lo que fue ese equipo, un hombre sólido y con proyección, comparado con Elías Figueroa y Franz Beckenbauer, pero que un error fortuito del deporte -su autogol- costara para muchos la eliminación del mundial. El problema es que ese autogol no sacó a Colombia de la competición ni su muerte hizo que dejara gente de morir por intolerancia en el país. Andrés subió a la cima del futbol colombiano cuando en el mítico Wembley un cabezazo suyo le daba a Colombia el empate ante Inglaterra, pero bajó al infierno cuando las balas lo atravesaron esa noche en Medellín. Porque así concluye el autor su informe sobre la generación futbolística más grande del país, pues de ahí en adelante todo cambió, no solo a nivel interior sino exterior. Para nadie ya era lo mismo o al menos, así lo ve Araújo en esta cara oculta del fútbol colombiano.


