Una pregunta que no preocupa prácticamente a nadie es ¿por qué el ser humano encuentra un deleite destruyéndose a sí mismo ?

bomba copia

Por Efer Arocha

Destrucción sin límites, puesto que hace uso de todos los recursos que su imaginación descubre. Cuando se encontraba en la placenta de la historia se eliminaba con mazos de madera y cuchillos de piedra, luego cuando confeccionó la espada, la autodestrucción adquirió una nueva dimensión con lo horrendo – esto lo podemos encontrar en las guerras de la Antigüedad y de la Edad Media- y ahora en la conquista de las estrellas hemos realizado dos hecatombes mundiales, con bomba atómica a bordo, cuyas consecuencias son delirantes.

La idea que la historia de esta especie, poseedora de esa pasión antropófaga, sea la historia de las guerras resulta ser una conclusión justa. Entrando en el ahora el único caso para destacar y aplaudir, porque el instinto del homo-miles no hizo erupción, fue en el derrumbamiento de la Unión Soviética donde no hubo víctimas. Desde el ángulo del monopolio de la violencia se concluía que ahora sí la especie viviría en paz y que la violencia sería un dolor que pertenecería al pasado, pero eso no ocurrió ; escasamente fue una vana ilusión. Vendrían Irak, Libia y en el momento Siria, cuyos pueblos son escombros y cementerios, mientras paralelo a esto brota el trino de guerra en Estados Unidos y Europa con Ucrania, y en ciudades de occidente.

Los dolorosos acontecimientos de París son un material que permite análisis en múltiples campos; hay unos que resultan prioritarios en razón de que son importantes para el esclarecimiento de los hechos, como el caso de juicios ideologizados que impiden comprender varios aspectos, ejemplo el que determina que el pueblo francés es igual a los demás pueblos del mundo: trabajan, descansan, ríen, es decir, llevan la vida de cualquier ser común, y en virtud de esto, no deciden nada en el hacer de sus gobiernos, incluidos sus pactos secretos, ni tampoco son responsables de las conductas de generaciones anteriores como memoria de lo justo e injusto.

Al igual que otros pueblos han sido y siguen siendo la fuente nutricia del material humano que los estados necesitan para ejercer la violencia interna o externa, en cuya acción el rol de los pueblos ha sido siempre el mismo en todos los lugares y en todos los tiempos: el de aportar los muertos.

En el Batacalan murieron jóvenes parisinos que les placía la música rock. En las aceras, restaurantes y en los bares perecieron habitantes que descansaban saboreando el deleite de una comida o un jarro de cerveza; derecho simple y elemental de los pueblos que son libres. El sabor de la buena mesa y varios vasos de vino o copas de champaña, acicate y atisos eróticos; preludio en esta ciudad de un encuentro con el amor sin ataduras y pagano, pleno y total, en uso de la absoluta libertad de los cuerpos con guiño de la filosofía del tocador del Marqués de Sade. Asunto que produce escozor a los místicos, fanáticos, alienados y moralistas de todas las tendencias.

He aquí el por qué del oscurantismo de convertir a los ciudadanos en un amplio polígono para sembrar el pánico y un temor permanente a través de una venganza invocando la intervención de Francia en lo que consideran sus dominios. Sin embargo sus objetivos estratégicos son bien distintos. Al crear un ambiente de psicosis colectiva erigiendo el castillo del miedo, se logra alterar el funcionamiento normal de la sociedad y por ende, la democracia y el estado, acompañado de pérdidas colosales como las que están ocurriendo; tenemos entonces un efecto político y militar de graves consecuencias.

Nos encontramos frente a una fenomenología completamente inédita, muy seria, delicada y cargada de incógnitas, no solamente para Francia sino para muchos países. Se leen, se oyen y se ven en los medios internacionales y nacionales, críticas y juicios simplistas y hasta torpes, por desconocimiento o por intención.

En lo que concierne a Francia la situación tiene varias caras. En lo interno, la violencia es un efecto y no la causa; asunto fundamental: la causa está en el exterior. La realidad interna se rige por la concepción de una República Laica, que es la garantía real del libre ejercicio de cultos. En la nación hay 2.600 Mezquitas y miles de lugares donde los que profesan la fe de Alá pueden hacer su oración sin que nadie los moleste. La mayoría de estos creyentes están integrados a la República, siendo una fuerza pujante del progreso de la nación. Algunos de ellos son verdaderos patriotas franceses, tal como quien se manifestó en directo en una reunión en la televisión: “Es un horror lo que han hecho y nos corresponde a nosotros a acabar con esos hijos de putas”. Entonces el peligro viene de afuera, así sus ejecutores sean franceses.

La debilidad tampoco es de seguridad, puesto que todos los servicios de prevención empezando por los policivos son anulados por la táctica de esta guerrilla de nuevo tipo, no quiere decir ni significa que los mecanismos de seguridad no tengan que ser reforzados y actualizados. En la crítica de armas asimétrica la ventaja del irregular está en la sorpresa y en la elección del blanco, que es militar u organismos decisivos del estado, cumpliendo a su vez en el combate normas de la guerra donde la vida de todo civil es profundamente respetada. El combatiente de nuevo tipo, o sea, agente militar en el extranjero del Estado Islámico no tiene blanco, su objetivo a destruir es toda la República,; así sea un centímetro de ella o uno de sus habitantes. No conoce límites y mucho menos códigos, es un auténtico epirobón, porque todo lo humano le es ajeno.

Cómo explicar hoy que a un joven sirio de 15 años, que se negó a incorporarse a sus filas, lo hayan mutilado monstruosamente cortándole a carne y hueso vivo su mano derecha y su pie izquierdo; las doscientas cuarenta niñas raptadas en un colegio de Nigeria; los niños asesinados en una escuela de Pakistán; o el caso del piloto jordano asado al ‘roti’ en una jaula en medio de llamas, resultado de bañarlo con galones de gasolina. Sus consignas militares son verdaderas armas de guerra espetadas al rostro de su enemigo “ustedes perderán por el pánico que le tienen a la muerte, mientras que nosotros la buscamos y nos place”.

La anterior consigna es una verdadera joya Teística, médula de la metafísica, porque es la razón de la estructura del pensamiento religioso, cualquiera que sea la tendencia. Lo tanático a lo cual venimos  haciendo referencia es la acción de lo empírico manifestado en lo concreto; en el ahí concluyente fin del proceso del ciclo de vida, y en consecuencia finito. Quien busca para su realización, mediante esta acción finita, la trascendencia, está convencido de que hay un cambio cualitativo que le permite alcanzar la infinitud, condición de lo eterno, lo que en el lenguaje común se conoce como el más allá, donde tiene realización el placer inagotable.

Es de fácil conclusión que en este tipo de individuos, la inmolación, es la máxima realización de su vida. Ahora, vista desde ángulo puramente militar, es una cualidad excepcional que coloca a su adversario en situación de desventaja. Más aún, quienes dirigen a estos combatientes los fanatizan, a ese grado para lograr un elemento de gran valor en lo táctico durante el combate urbano, al sellar de manera definitiva una fuente de información.

Hay un aspecto más: la agresividad, que no es producto solamente de la convicción sino que necesita de otro elemento, del temple, el cual no lo produce la preparación técnica ni el simulacro propio de la enseñanza clásica militar, él se forja en el combate real, tal como lo hace el E.I. Se colige sin mucha dificultad que este tipo de joven en armas ha eliminado a cierto número de personas en diferentes realidades, como resultado de la acción directa en los fragores del frente de guerra; su adversario le opone la sofisticación de los elementos técnicos y la cantidad.

Como vemos los dos campos poseen calidad distinta; no obstante, para el bien de Francia y los servicios de seguridad, los agresores han resultado por ahora casi nulos en la sobrevivencia y en el conocimiento y manejo de las técnicas del combate urbano, como queda demostrado en los acontecimientos de Saint-Denis y en las armas y cinturones explosivos abandonados en cestos de basura y vehículos, producto de la precipitación que produce el miedo o la impreparación para resolver lo imprevisto.

Una interrogante que se formula todo el mundo, y que exige la aproximación a una respuesta lo más objetiva es ¿de dónde pudo salir el primor que nos ocupa y la dulzura de tan inocente criatura? Ella fue engendrada ni más ni menos en el útero de occidente. Vino al mundo por fórceps y cesárea. La razón de su nacimiento fue la lucha contra el demonio que se había tomado Afganistán, es una criatura producto de la necesidad de la guerra fría que es su madre, y en cuanto a paternidad no hay duda ni presunción de infidelidad, porque su progenitor no es cualquiera en asuntos de poder y respetabilidad, se trata del Tío Sam.

La estrategia estadounidense que lo llevó a la victoria, es que, como aprendiz de brujo fundió tres elementos distintos e intocables en el manejo del poder político: nacionalismo, poder militar y religión; monstruoso cóctel explosivo que causó la derrota del entonces imperio soviético. La victoria daría muchos dividendos, tragedia, e igualmente herencias. La más significativa entre ellas fue la del señor Osama bin Laden y su organización Al Qaeda. El Tío Sam, avaro de dinero, se craneó otra aventura a través de su embajadora, indujo al presidente Sadam Hussein a anexarse Kuwait, antiguo territorio iraquí. Sadam, hombre toreado en muchas plazas, esta vez cayó en la trampa, excusa para su derrocamiento y destrucción de la nación, y de paso la oportunidad le brindó la forma de aligerarle la bolsa a Arabia Saudita por el escalofrío de ser invadida; es posible que haya sido su mejor negocio.

En Afganistán el Tío cometió un error: crear Al Qaeda. Absurdo estratégico quien luego lo castigaría severamente con su 11 de septiembre. En Irak vuelve a equivocarse colgando a Sadam, eliminando a sus más altos dirigentes y encarcelando a sus partidarios de significación, empezando por los generales. El E.I. en el plano militar ha acertado en constituir una fuerza de primera línea, obviamente con la ayuda de ciertos estados que le han aportado armas de alta sofisticación y la aquiescencia de presuntos enemigos, que le han permitido movilizar un hilo interminable de camiones que se encargan de transportar petróleo, el que vende de contrabando bajo la vista gorda de estados limítrofes. Junto a esto hay que sumar uno de sus éxitos incorporativos, haber rescatado de las cárceles a los cuadros militares de Sadam que gustosos realizan su trabajo porque tienen muchas cuentas por cobrar. Estos incorporados no son cualquier combatiente, son hombres de conocimientos y curtidos en el manejo de armas. Por ello el E.I. es una fuerza militar exitosa tanto interna como externamente.

Retomando el hilo luego vendrán los hechos en Libia y Siria, tarea en la cual el Tío Sam no está solo, lo acompañan Inglaterra y Francia.

Aquí surge otra inquietud: cualquier persona con una cultura mediana sabe que la guerra es un negocio de alta rentabilidad en término de dividendos inmediatos, sin embargo, en el plano estratégico, teniendo en cuenta el interés de los pueblos, los estados y la humanidad, no sólo es un negocio perdedor, sino absurdo. Esto último lo conoce cualquier político de regular inteligencia en cualquier parte del mundo. Las guerras de lo que llamamos modernidad, son hijas de intereses privados insaciables de riquezas, asunto que se pasa por alto en análisis y críticas, debido a que fácilmente se confunde con el estado y también con organismos internacionales que terminan a su servicio.

Este es el quid de la fenomenología de la violencia -sea externa o interna- y para quien desee conocerlos basta con averiguar sobre los lobbies que ellos tienen junto a los gobiernos de las potencias, los mismos que deciden qué se hace en el planeta.

Otra de las causas de la amarga realidad en que vivimos en esta Europa de grandes desaciertos y aciertos, que ha hecho llorar y soñar a la humanidad, es su incapacidad de decisión para enfrentar correctamente el presente. Las migraciones de la región de manera sistemática, y que últimamente se han acentuado, requieren determinadas medidas que se originan en la deuda pendiente con África, obligación que se extiende también a otros como es la reconstrucción de Irak, Libia y Siria; es una necesidad estratégica que esta parte del planeta se desarrolle de acuerdo a las exigencias actuales.

Varias personas han comprendido a cabalidad esto pero sólo el expresidente Jacques Chirac dio un paso en la dirección correcta. La idea de Jean Tobin, conocida como la tasa Tobin, fue generar un impuesto mínimo al movimiento de capitales de manera temporal; es suficiente para extirpar de raíz la pobreza secular de África y subsanar el desastre material de los tres países citados, para así poner fin a las migraciones por muchos detestada.

Sin embargo, el principal error de Europa está en la degradación de sus valores fundamentales. Cómo es posible que en la tierra de Shakespeare, Freud, Voltaire, Marx, y Nietzsche el estado se hinque ante el templo de la ignorancia por el interés de los votos, cuando lo que se necesita es un ciudadano común, cuyo pensar esté acorde con los avances de la técnica y la ciencia, cerebros epistémicos; o sea, que su pensamiento se corresponda con el avance material, sintetizado en las naves espaciales que se disponen a llevarnos a otros planetas, mientras que la acción militar ubica nuestra conciencia en la Edad de Piedra. Conciencia que condense los principios de verdad derivados del espectacular avance del grado material de civilización que cada día nos entrega progresos en todos los planos de nuestro vivir cotidiano, realidad diaria que aporta hechos preciosos para liberar nuestra acción cognitiva de las cadenas del oscurantismo, fanatismo y absurdos; sendero verdaderamente libertario en la educación de la juventud, con la cual se obtendrá la plena libertad que necesita su cerebro y de esa manera su soñar cimentado en cada utopía personal.

En este sentido, el pensamiento de los pueblos aborígenes de América, los que tienen una cosmogonía armónica, donde el sol, la luna y el agua, son categorías de valor determinantes para la vida como concepto de la cognición. Sin embargo, en la función del imaginario popular cumplen la función aparente de divinidades, pero al analizarlas resultan ser la comprensión de la naturaleza, como la verdadera causa de nuestra vida y civilización. De ahí se deriva que el planeta se convierta en la ‘Pachamama’. Aquí se presenta una concordancia entre conciencia y realidad que en lenguaje filosófico se expresa en la categoría de ser y sujeto. Si el hombre común de la especie no asciende a la verdad, seguiremos como estamos, y entonces cada estado tendrá los enemigos que se merece.