Los ambientalistas y ecologistas del Eje Cafetero hemos recibido ya varias buenas noticias en este 2018.

Esta importante reserva natural del Eje Cafetero y del país, ubicada en jurisdicción de los municipios de Pereira en Risaralda, y Circasia y Filandia en Quindío, ya había sido declarada Área Protegida. Allí, este año se documentó la presencia del puma americano. Fotografía / Dairo Salazar B.

Por Edwin Hurtado*

Hace apenas unas semanas el Concejo de Pereira aprobó, mediante el Acuerdo 16 del 2018, el “Sistema Municipal de Áreas Protegidas, SIMAP, un instrumento de gestión, planificación,  integración social e interinstitucional, para conservar y garantizar los bienes y  servicios ecosistémicos”.

​Esto es importante debido a que el Sistema Nacional de Áreas Protegidas – SINAP– reglamentado en el decreto 2372 de 2010 contiene a su vez subsistemas, como los SIDAP –Sistemas Departamentales, como el de Risaralda, que ya existe y que regula más de 20 áreas protegidas– y los SIMAP –Sistemas Municipales– como el recientemente adoptado en Pereira, mediante el acuerdo mencionado.

Ahora, hace apenas una semana, en el marco del Festival Internacional del Medio Ambiente (FIMA), realizado en la ciudad de Bogotá, el Grupo de Energía de Bogotá (GEB) y el Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander Von Humboldt publicaron la “Guía para la Restauración Ecológica de la Región Subandina, caso: Distrito de Conservación de Suelos Barbas Bremen (DCSBB)”.

Esta importante reserva natural del Eje Cafetero y del país, ubicada en jurisdicción de los municipios de Pereira en Risaralda, y Circasia y Filandia en Quindío, ya había sido declarada Área Protegida, primero en la categoría de Parque Natural Regional en 2006 y posteriormente en la categoría de Distrito de Conservación de Suelos, en el año 2011. El decreto 2372 de 2010 define en su artículo 16 la categoría de Distritos de Conservación de suelos así:

“Espacio geográfico cuyos ecosistemas estratégicos en la escala regional, mantienen su función, aunque su estructura y composición hayan sido modificadas y aportan esencialmente a la generación de bienes y servicios ambientales, cuyos valores naturales y culturales asociados se ponen al alcance de la población humana para destinarlos a su restauración, uso sostenible, preservación, conocimiento y disfrute.

Esta área se delimita para someterla a un manejo especial orientado a la recuperación de suelos alterados o degradados o la prevención de fenómenos que causen alteración o degradación en áreas especialmente vulnerables por sus condiciones físicas o climáticas o por la clase de utilidad que en ellas se desarrolla.

La reserva, delimitación, alinderación, declaración, administración y sustracción corresponde a las Corporaciones Autónomas Regionales, mediante acuerdo del respectivo Consejo Directivo”.

Como área protegida, cuenta con un plan de manejo desde el año 2014. En este plan se realizó un diagnóstico del distrito, que se encuentra aproximadamente entre 1650 y 2600 msnm, que incluye una evaluación de sus recursos hidrícos –en forma de ríos, quebradas y humedales–, botánicos y faunísticos, de sus componentes sociales.

En cuanto al recurso hídrico hay varios ríos en el distrito, importantes para la región como los ríos Barbas, La Vieja, El Cestillal y El Roble, además de decenas de quebradas que los alimentan. Es importante entonces cuidar también este recurso, no permitiendo el uso de agroquímicos, monocultivos y sobrepastoreo.

En dicho plan y en el nuevo documento, con base en diferentes estudios realizados desde inicios del silglo, se cuenta que existen allí 214 especies de flora, de las cuales hay algunas en peligro como el molinillo (Magnolia hernandezii), el papelillo (Vochysia duquei), el cedro negro (Juglans neotropica) y la palma de cera (Ceroxylon alpinum).

En cuanto a la fauna, se realizó un informe de la avifauna, las hormigas, los mamíferos y los invertebrados acuáticos. De los que se encontraron 325 especies de aves, 95 de hormigas, 77 de mamíferos y 30 familias de macroinvertebrados acuáticos.

Algunos de estos animales y plantas son los objetos de conservación de la reserva, tal es el caso del mono aullador rojo (Allouatta seniculus), el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), la danta (Tapirus pinchaque), la pava caucana (Penelope perspicax), la rana arlequín Quimbaya (Atelopus quimbaya), entre otros.

Con todos estos se crearon lineamientos de manejo para su conservación, enfocados en la generación de conocimiento, su preservación y, en algunos casos, como en algunas especies de peces y plantas, su uso sostenible.

También se debe trabajar en la solución de algunos de los problemas que los aquejan como la proliferación de especies invasoras, el atropellamiento de fauna, la contaminación de las fuentes hídricas, el tráfico ilegal, la pérdida de cobertura vegetal, entre otros.

Por el estado de sus bosques, se puede concluir que es un área en estado de sucesión, y que por tanto el área ha tenido en el pasado fuertes presiones humanas, probablemente debido a ganadería y agricultura.

Por esto mismo, el nuevo documento es de gran importancia, ya que precisamente complemente el plan de manejo, que aclara que la reserva está zonificada.

Una zona es de preservación, lo que implica contacto mínimo; otra de uso sostenible, lo que implica que se puede aprovechar económicamente pero bajo algunos criterios de sostenibilidad, zona de uso público, para la recreación y la educación ambiental; y que una última de las zonas corresponde a restauración, por lo que esta guía sería de gran ayuda para adelantar dicho proceso.

La zona de restauración se define como “un espacio dirigido al restablecimiento parcial o total a un estado anterior, de la composición, estructura y función de la diversidad biológica. En las zonas de restauración se pueden llevar a cabo procesos inducidos por acciones humanas, encaminados al cumplimiento de los objetivos de conservación del área protegida. Un área protegida puede tener una o más zonas de restauración, las cuales son transitorias hasta que se alcance el estado de conservación deseado y conforme los objetivos de conservación del área, caso en el cual se denominará de acuerdo con la zona que corresponda a la nueva situación. Será el administrador del área protegida quien definirá y pondrá en marcha las acciones necesarias para el mantenimiento de la zona restaurada”.
Este proceso es muy importante, ya que además de proteger y preservar los fragmentos originales de los diferentes ecosistemas que hemos logrado salvaguardar hasta ahora, también podemos recuperar, así sea parcialmente, los bienes y servicios ecosistémicos que proveen reservas como la de Barbas Bremen, para así mejorar su integridad ecológica y su valor funcional y cultural.

Colombia es un país donde se ha implementado y se planea realizar este proceso en diferentes regiones e, incluso, está ideado a escala nacional, por lo que los nuevos esfuerzos son bienvenidos para mejorar los futuros procesos. Básicamente, el proceso de restauración que se lleva a cabo lo ilustra la siguiente gráfica.

Este es básicamente el proceso que se está y se seguirá adelantando en el DCS-Barbas Bremen con base en el nuevo documento mencionado, priorizando unas áreas para la restauración, definiendo claramente los objetivos y metas del proceso, así como los indicadores que se usarán para evaluar el éxito o fracaso del mismo.

Todo esto se debe hacer de manera participativa, para generar una mayor conciencia socio ambiental en los habitantes del sector y de lugares aledaños, así como una mayor incidencia de la comunidad en general y la academia en los procesos territoriales.

En esta guía existe, entonces, un gran adelanto para desarrollar este proceso de restauración ecológica en esta reserva, así como constituye una gran fuente de información para que otras instituciones, grupos o personas puedan adelantar procesos de restauración o colaborar con estos.

Si la idea tiene éxito, en unos años veremos que la reserva tendrá hábitats y ecosistemas mejor conectados, una menor cantidad de individuos de especies invasoras, una menor contaminación, y quizás lo más importante, una comunidad local y turística que respeta el lugar y que puede ayudar a retroalimentar y multiplicar los mensajes y las acciones para tener una región y un país que conoce y protege su biodiversidad, que es seguramente nuestro mayor legado.

* Biólogo de la Universidad de Antioquia. Asistente de investigación y educación ambiental del Zoológico Santa Fe de Medellín