Representaciones del mundo

Como seres curiosos que buscan entender su entorno, nos creamos imágenes de lo que nos rodea: buscamos representar nuestro mundo. Estas representaciones pueden ser de tipo pictórico, lingüístico, auditivo, literario, mitológico y cinematográfico, entre otras; esta última siendo la de mayor interés para los fines de este artículo. Es a través de estas representaciones que construimos un conjunto de arquetipos y de modelos, permeados de valores —que pueden o no abarcar dimensiones ambientales—, y que sirven como bases rectoras para las relaciones que un individuo o un conjunto de personas puede tener con los diversos ecosistemas de los que hace parte.

Por Juan Camilo Betancur*

Madremonte. Tomada de: http://behance.net/megisto

Para ilustrar lo anterior, tomemos como ejemplo el conocido mito de La Madremonte. Este mito nos cuenta sobre una mujer vestida de hojarasca, de rostro enigmático, pues está siempre oculto por su cabellera —aunque algunas versiones también cuentan que está siempre cubierto por su sombrero, musgo, o la misma hojarasca—. Habitante y guardiana de los bosques, se encarga de protegerlos contra aquellos que hacen daño y abusan de su fauna y flora, como cazadores y leñadores. También se dice de ella que cuando se desata su enojo, fuertes vientos y tormentas azotan las cercanías y traen consigo inundaciones de ríos y quebradas. Y los mitos, en particular, toman particular importancia para el ambientalismo, pues es este animismo, como lo explica Carrizosa Umaña (2001), el primer paso hacia él; en otras palabras, uno de los primeros pasos para la existencia del ambientalismo fue intentar explicar el funcionamiento de la naturaleza mediante una proyección de características humanas en ella, verlas bajo la misma lógica.
Teniendo en cuenta esto, se podría pensar que existe un cúmulo de valores disponible en las múltiples narrativas que utilizamos en la cotidianidad. Así se abre la posibilidad de reflexionar sobre los valores ambientales que se pueden encontrar en películas de temáticas diversas.
Podemos decir entonces, en términos de Julio Carrizosa Umaña, que estas representaciones son visiones éticas y estéticas en torno al ambiente; es decir, no son neutras en la dimensión ética ni en la dimensión estética.

El cine como representación

Hay que pensar que el cine no sólo cumple roles de difusión de ideas o perpetuación de imaginarios, sino que también existe la posibilidad de que éste mismo los transforme. Como herramientas comunicativas, los medios audiovisuales tienen un gran poder, siendo utilizados como medio de transmisión de mensajes desde hace décadas. Si tomamos una posición crítica y observadora, podremos encontrar que, en el cine, la semiosis y la imagen no son construidas única y exclusivamente por parte del realizador cinematográfico o el director de fotografía, sino que gran parte de estas tareas, como lo afirma Tarkovski (2002), recae sobre el espectador; la imagen también es creada por el espectador y, en este sentido, también el significado que ella adquiere.
Vale la pena también destacar el poder que la imagen lleva consigo. La imagen ayuda a sortear algunas barreras que nos impone el lenguaje escrito en cuanto a la representación de muchos fenómenos que experimentamos. Esto, dicho con un poco de ayuda de las ideas de Wittgenstein (2012), de lo que no se puede hablar, es mejor callar; y, en este sentido, es mejor mostrarlo. El cine nos brinda una ayuda para llevar esto a cabo, pues en algunas de sus tendencias, sobretodo aquella del cine documental no verbal, podemos encontrar la “lógica poética” de la cual nos habla Tarkovski (2002): una lógica alternativa a la representación lineal de un tema determinado, las causalidades directas y que evita las interconexiones exactas y calculadas; plantea no basarse en conclusiones fijas, ni explicar las cosas a fondo, sino permitir al espectador reconstruir y hacer sentido de lo que se está presentando, algo más cercano al pensamiento complejo. De allí que afirme que “para el arte, las posibilidades más ricas resultan indudablemente de aquellas relaciones asociativas en las que se funden las valoraciones racionales y emocionales de la vida” —esto es retornar a la idea de Carrizosa de la visión ética y estética— y que “Si no se dice todo sobre un objeto de una sola vez, siempre existe la posibilidad de añadir algo con las propias reflexiones. En caso contrario se presenta al espectador la conclusión sin que tenga que pensar. Y como se le sirve tan en bandeja, la conclusión no le sirve de nada. ¿Es que un autor le puede decir algo al espectador cuando no comparte con él el esfuerzo y la alegría de la creación de una imagen?”
Podemos encontrar los anteriores planteamientos en películas como las de la llamada “Trilogía Qatsi”, del director Godfrey Reggio, por mencionar algunas. Aunque también es de resaltar el trabajo de directores Ron Fricke —quien trabajó como cinematógrafo en Koyaanisqatsi—, Claude Nuridsany y Marie Pérennou, entre otros.

Sumado a esto, existe otro aspecto del poder de la imagen que hay que tener en cuenta. Es ese poder que se ve expresado en imágenes como la primera fotografía completa que se tomó de la tierra, “Blue marble”, tomada desde el Apolo 17 el 7 de diciembre de 1972, o la famosísima “Pale Blue Dot”, tomada por la sonda Voyager 1 el 14 de febrero de 1990.

Primera fotografía completa de la tierra. Tomada de: http://ngenespanol.com

Ambas fotografías lograron algo bastante importante en la época: son fuertes gritos en contra de las miradas antropocéntricas, fuentes de inspiración para grandes pensadores, como Carl Sagan —quien tuvo la idea de tomar la foto, y a partir de la cual dio un emotivo discurso en la Universidad Cornell en 1994. Además, es el epónimo de su libro del mismo año—, quienes con su obra intentarían eliminar la idea del hombre como medida de todas las cosas y mostrar lo insignificantes que somos a una escala cósmica. Pero esto es tema para otro artículo. Lo que busco en este momento es mostrar que incluso dos imágenes que a simple vista pueden no parecer tan importantes, han influido de gran manera en el curso de la historia

Pale Blue Dot. Tomada de: http://photojournal.jpl.nasa.gov/catalog/PIA00452

El cine como espacio de aprendizaje

Es innegable que emoción y pasión cumplen roles fundamentales en procesos de aprendizaje y sobre cómo se interioriza la información; de esta forma, se puede incurrir en una “visión ambiental ética y estética” a través del cine y todo lo que en él puede ser representado. Esto mismo puede verse reflejado en las nociones artísticas que Tarkovski (2002) nos da: “Para el arte, las posibilidades más ricas resultan indudablemente de aquellas relaciones asociativas en las que se funden las valoraciones racionales y emocionales de la vida”.El cine como espacio de aprendizaje

Los espacios para ver y discutir sobre cine, como los cine-clubes, tienen importancia no sólo para un aprendizaje cinematográfico, sino también como lugares de crecimiento académico e intelectual. De esta forma, vale la pena cuestionarse si el cine merece su espacio en la universidad o no, ya sea dentro o fuera de las aulas de clase. Es decir, preguntarnos de qué forma incluir estos espacios en las universidades: ¿En clase? ¿Fuera de clase? ¿En espacios gestionados por los estudiantes? Esta última opción es la que más provechosa considero, pues aquellas actividades que se realizan de forma autónoma, sin la exigencia de un docente, a menudo son las que mejores resultados tienen respecto a qué tanto se aprende.

El cine como herramienta educativa no es exclusivo de las universidades, o los cine-clubes, sino que puede ser integrado a procesos de educación ambiental como complemento, mas no como un reemplazo a las formas de realizarse que tiene esta actualmente —como el senderismo y la interpretación ambiental, entre otras—, pues nos brinda facilidades que no tenemos en algunas de ellas: nuevas perspectivas —como adentrarnos a las profundidades de un hormiguero para ver qué hacen las hormigas con su alimento—, permitirnos el acceso a lugares a los cuales no podemos acceder, —como aquellos donde se produce nuestro alimento—, avistar sucesos que no siempre podemos avistar —como el apareamiento de dos caracoles—, realizarla desde la comodidad de nuestra casa, o incluso, llevarnos a situaciones un poco incómodas, como la que nos es planteada en La planète sauvage.

Se puede también pensar en lo siguiente: ¿Qué es más importante en un proceso de aprendizaje? ¿Saturar de información o generar dudas y sensibilizar respecto al tema a tratar? Algo que ya he intentado abordar en otro artículo.

Adicional a esto, incorporar el cine en los programas universitarios —sobre todo en los de ciencias ambientales—, nos acerca un poco a aquello tan importante como la visión ética y estética del ambiente, que en palabras de Carrizosa Umaña (2001), “significa apelar a razones más allá de la razón económica, o sea aproximarse a las capacidades del cerebro humano que le permiten ser multirracional”.

Para concluir, los dejo con, en mi opinión, uno de los bombardeos más emotivos de la historia del cine.

 

*Estudiante de Andministración Ambiental de la Universidad Tecnológica de Pereira.

 

Filmografía recomendada

Ciro Guerra: El abrazo de la serpiente (2015)

Claude Nuridsany, Marie Pérennou: Microcosmos (1996)

Claude Nuridsany, Marie Pérennou: Genesis (2004)

Godfrey Reggio: Koyaanisqatsi (1982)

Godfrey Reggio: Powaqqatsi (1988)

Godfrey Reggio: Naqoyqatsi (2002)

Hayao Miyazaki: La princesa Mononoke (1997)

Jennifer Baichwal: Manufactured landscapes (2006)

Nikolaus Geyrhalter: Unser täglich Brot (2005)

Réne Laloux: La planète sauvage (1973)

Ron Fricke: Baraka (1992)

Ron Fricke: Samsara (2011)

Stanley Kubrick: Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the      bomb (1964)

Thomas Riedelsheimer: Rivers and Tides (2001)

Wim Wenders: The salt of the Earth (2014)

 

Bibliografía

Carrizosa Umaña, J. (2001). ¿Qué es el ambientalismo? Bogotá: PNUMA, IDEA, CEREC.

Tarkovski, A. (2002). Esculpir en el tiempo. Madrid: RIALP.

Wittgenstein, L. (2012). Tractatus logico-philosophicus. Madrid: Alianza Editorial.