Existe un mito más bien triste en relación a la educación y es que, de todo lo que se ve, las matemáticas, la física y la química son las materias “coco” y entre estas, la matemática se levanta como el demonio académico más grande de todos.

 CAMINOS

Por: Santa

Es bastante común encontrarnos hoy en día con fuertes críticas a la psicología, al periodismo, al derecho, la filosofía, la antropología y las demás ciencias humanas. Críticas que se ven evidenciadas en una escena muy común como lo es que el joven bachiller decida que encuentra más pasión leyendo a Freud o haciendo un análisis de un conflicto que inmerso en partes humanas en la morgue o dedicado al estudio de las ingenierías. Es un tanto lamentable ese marcado desagrado que tenemos como sociedad por las ciencias humanas y es inevitable pensar en la razón por la cual existe ese desagrado tan marcado. Haciendo una reflexión muy vacía y pobre, se da cuenta uno de que la gente no parece respetar la “dificultad” del estudio de las ciencias humanas, y acá quiero ser muy receloso con el uso del término “dificultad”.

No existe una medida objetiva, a mi parecer, que permita hacer un ranking de las áreas del saber que sean más o menos difíciles. Todas las áreas presentan unos conocimientos básicos y a partir de éstos se comienza a avanzar hacia unos peldaños más abstractos y complejos en la escalera del saber y aún así la gente menosprecia las altas esferas del conocimiento filosófico, psicológico, lingüístico y uno no para de preguntarse ¿por qué? Y de nuevo, a través de un razonamiento más bien simple acompañado de una pregunta llega uno a la conclusión de que todo este conflicto nace de la educación en el colegio. Existe un mito más bien triste en relación a la educación y es que, de todo lo que se ve, las matemáticas, la física y la química son las materias “coco” y entre estas, la matemática se levanta como el demonio académico más grande de todos.

Existen varios factores en diferentes grados sobre los cuales uno puede especular un poco. Un mal hábito desde el hogar puede hacer ver a las matemáticas como algo malo si a los padres, hermanos, primos y amigos les fue mal y se dedican a nada más que hablar mal de tal conocimiento, sumado a un profesor más bien mediocre o poco creativo, y continuando con un sistema educativo que no está diseñado para aprender y generar conocimiento sino para la competencia y la producción, lo cual puede generar como resultado algo que es real en este país: que la mayoría de personas terminen con una fobia injustificada por las ciencias y opten llevar su vida profesional por un campo que no tenga contenido en matemáticas.

CAMINOS1En este orden de ideas, se ha alzado erróneamente la falsa y desagradable creencia de que todo aquel que domina las matemáticas desde una ingeniería o una ciencia, es mayor que aquellos que dedican su vida a la pedagogía o la reflexión política. Este falso ideal ha producido una variedad de desórdenes, entre ellos que nuestras aulas de carreras de ciencia vean con tristeza profunda artistas frustrados, poetas cohibidos y más de un literato amarrado y, por otro lado, ha llegado a producir profesionales frustrados y hemos rezagado a las sobras tanto económicas como intelectuales a todos aquellos que ven en las ciencias humanas un campo de acción respetable.

Este es solo uno de los ingredientes que conlleva tal vez a que las ciencias humanas no gocen del respeto que merecen. La ciencia, más que una asignatura, es una manera de ver el mundo y estudiarlo, y esta manera de verlo no está limitada a la reflexión sobre los fenómenos naturales y es acá donde se desborda otra serie de problemas y a su vez en donde se halla una cura para este mal. Los aportes de un buen periodista son asombrosos para una comunidad, al igual que un buen aporte sociológico o filológico y al ser de calidad exceden el trabajo de un médico mediocre o de un ingeniero a rabietas y son estos buenos trabajos elaborados con rigor, disciplina, método y corroboración de datos, cosas propias del método científico.

Existen otros problemas que ya no son de corte educativo ni se deben a la mala reputación que se le atribuyen a las ciencias humanas. Uno de estos es la posición que ciertas personas que han dedicado su vida al estudio de las humanidades han tomado en relación al actual conflicto existente entre las ciencias; es bien cierto que de alguna manera es más importante estudiar al hombre como individuo, como miembro de una sociedad, como ente pensante antes que estudiar el comportamiento de las leyes de la física en las cercanías a los agujeros negros y, aún así, ambos son campos aceptados y necesarios del saber para poder perseguir esa idea que nos ha motivado desde siempre de saber quiénes somos, de dónde venimos, dónde vivimos y para dónde vamos.

Y en esta coyuntura, algunos de los estudiosos de las humanidades han decidido tomar una posición no tan saludable sobre este debate argumentando que su objeto de estudio, que es el hombre, no es tan “sencillo” de estudiar y que por tanto su trabajo se dificulta y a partir de este argumento se ha dado pie a la existencia de creencias tales como la imposibilidad de estudio del hombre, la imposibilidad de entendimiento, y se han centrado más bien el estudio del medio que lo rodea, bordeando debates sobre la realidad y cuestiones que son tan de fundamento que hacen casi imposible el estudio del hombre.

Acá es importante establecer una serie de aclaraciones. El uso de las comillas en el término sencillo se debe a que, en verdad, no hay tema más sencillo que otro, es más bien una cuestión de perspectiva. Para las ciencias naturales la verdad está justificada en la universalidad y apoyada por los datos, además del hecho de que se da por sentado que ciertas cuestiones como la realidad y la verdad, si bien merecen un estudio profundo, se tienen ciertos puntos en común y una vez aclarados estos saltos de fe se inicia la labor de estudio. En el caso de las ciencias humanas, el debate acerca de la verdad y la realidad impiden el avance verdaderamente productivo sobre cuestiones que están esperando, en algunos casos con urgencia, a que sean abordadas pues merecen estar en el ojo del debate.

Es triste saber que el buen periodista, por nombrar un ejemplo, está inmerso en debates sobre qué es la verdad y mientras se atarea con tareas filosóficas, el mal periodista manipula la realidad y se lleva no solo el crédito sino que permite, por ambos, que se denigre algo tan bonito e importante como la labor del periodismo en la sociedad. Y este siendo un solo caso nombra otro problema grave que aqueja a las ciencias sociales; otro común ejemplo es el psicólogo moralista que va profanando la labor de la psicología como área de estudio de un campo del hombre mientras que el buen psicólogo muchas veces se pierde, buscando el rigor, en debates sobre la verdad, la realidad… y la labor investigativa sobre la psique del ser queda rezagada a un segundo plano.

Muchas veces el problema con la labor de las ciencias humanas no son las ciencias como tal, sino quienes la estudian. No es que el periodismo sea inútil, ni la psicología o la filosofía, es que muchos profesionales dentro de estas áreas están ahí más por odio a otra carrera que por amor a esta o terminaron ahí por error, sin saber qué hacer con sus vidas académicamente y terminaron entorpeciendo grandemente la labor de estudio. No queda sino invitar a la reflexión ante la crítica sobre las ciencias pues no hablamos de un conocimiento inútil ni mucho menos, sino de una ciencia que no cuenta con suficiente gente apasionada por ella.

Me ofende cuando insultan la filosofía, la lingüística y el periodismo, por nombrar algunas, y me ofende porque conozco respetados representantes de éstas áreas del saber y seguiré abogando en favor de ellas pues son una parte vital para lograr una visión un tanto más completa de quienes somos, qué es todo esto que nos rodea, de dónde venimos, para dónde vamos y más importante aún, por qué hacemos lo que hacemos.