Hoja

Fotografía: Maria Laura Idárraga

Puedo afirmar, casi con confianza absoluta, que todos estamos familiarizados con la manera en que el ser humano y los demás animales del común nos alimentamos.

Por: Santa

Es bien claro el método de consumo, tanto de productos vegetales, como animales, y cómo éstos, al entrar al cuerpo, sufren procesos, desde su transformación inicial al masticarlos, su transformación en “bolo” al contacto con la saliva, así como su llegada al estómago, donde los jugos gástricos junto con las enzimas logran descomponerlos entre lo útil y lo inútil para el cuerpo, en materia de proteínas, minerales, lípidos, carbohidratos y demás que en últimas, terminan siendo el combustible de pequeñas células, aportando energía a cada una de ellas, y con ello, al cuerpo en general. Sin embargo, causa mucha curiosidad ver cómo una gran mayoría de plantas logra alimentarse sin necesidad de algo parecido a una “boca”.

En términos físicos, el color es un fenómeno interesante, pues corresponde a una longitud de onda de luz particular, dentro del rango de lo visible, que el cerebro, tras un ingenioso proceso de análisis de los datos obtenidos a partir de dicha onda a manos del aparato ocular, traduce en esa expresión cromática que llamamos “color”. Adicionalmente, es igualmente curioso saber que, el color que parecen poseer los objetos, responde a la única longitud de onda que no absorben, luego, un objeto cualquiera de color “azul”, es en realidad un objeto que absorbe todas las longitudes de onda, excepto aquella que el cerebro interpreta como “azul” (vale aclarar que no hacemos mención de lo que está dentro del rango de lo no visible).

Ahora bien, la luz no es más que una forma de energía, y la naturaleza en su compleja concepción, lo conoce; lo realmente curioso, más allá de todo esto, es saber que las plantas lograron evolucionar hasta producir una substancia necesaria que les permitiera, al teñirse de dicha substancia, capturar la energía necesaria para su funcionamiento, dicha energía en forma de longitudes de onda que responden a la luz; da la casualidad que dicha substancia, comúnmente llamada clorofila, necesaria para atrapar las longitudes de onda de luz necesarias para desatar el funcionamiento de las plantas, es verde, y es por esto que las plantas, cuando son plantas que dependen de la fotosíntesis, en las zonas de recepción de luz, son verdes.

No basta con asombrase, pues el verde, si bien captura las longitudes de onda necesarias, no hace el trabajo solo. Dentro de la clorofila está la composición ideal para capturar, en la longitud de ondas de luz, lo verdaderamente importante: los fotones; y está dentro de las zonas de recepción, es decir las hojas, una serie de pequeñas celdas de energía que, ante el contacto de la clorofila con los fotones, generan una cadena eléctrica de protones que transmiten la energía obtenida desde las hojas a diferentes lugares dentro de la planta para procesar dicha energía, junto con el dióxido de carbono, y el agua obtenida por la raíz, para sintetizar la energía necesaria para su consumo y sostenibilidad, y como resultado de dicho proceso, obtenemos,como sobra, el oxígeno.

Es la fotosíntesis un método bastante denso de estudiar, comenzando por la composición química de la clorofila y los tipos de fotosíntesis que existen, no obstante, basta por lo pronto, asombrarse con la elegancia con la que la evolución logró generar dicho sistema adaptando a las plantas para absorber luz, y convertirla en energía, sistema refinado que apenas hace poco logramos los hombres copiarlo de manera torpe, con las fotoceldas, como método de búsqueda de fuentes alternativas de energía.

Es asombroso, y genera un poco de humildad ver cómo los más refinados avances de la ciencia parecen ser copias no tan exitosas de estructuras y mecanismos que llevan años a nuestros ojos, expresados de manera obvia, dentro de la naturaleza.