http://bit.ly/1hryVwV

Los antagonistas del conocimiento: Biología

http://bit.ly/1hryVwV
Charles Darwin. Tomado de: http://bit.ly/1hryVwV

La ciencia está llena de misterios por doquier, y es la labor del científico asombrarse, día a día, revelando las intrincadas cuestiones sobre el universo, y a su vez, asombrar a todo aquel que no está tan instruido en la ciencia sobre los conocimientos que tiene el universo ahí esperando a ser explicados, divulgados y expuestos. Para lástima general, no siempre lo que se halla encuentra agrado dentro de la población general y se genera entonces un rechazo a una idea científica.

 

Por: Santa

Existen varios ejemplos, tanto de aceptación como de rechazo, por parte de la población general hacia ciertas teorías científicas. Entre tantas, hay una de particular interés y conflicto. Antes de entrar en materia, vale aclarar que, una teoría científica es un modelo que se tiene lo más aproximado a la realidad como tal sobre algo, así pues, lo que se estudia en física no es la gravedad como tal, pues la gravedad es un fenómeno natural, sin embargo, se estudia un modelo matemático que describe de la manera más precisa posible del comportamiento de la gravedad. De igual manera pasa con diferentes teorías, tanto físicas como químicas y biológicas y así, vemos cómo cada ciencia construye sus modelos de la realidad a partir del conocimiento que entiende y el lenguaje que compone, lenguaje en el caso de la física construido a partir de la matemática.

Ya con esta aclaración, podemos entrar en materia. Hay muchas preguntas que nos inquietan y entre ellas, la pregunta de dónde venimos es una de las más grandes. En efecto, varias ciencias tanto naturales como humanas se han dedicado a estudiar de dónde venimos, quiénes somos y cuál es nuestra historia. Entre las ciencias naturales, vemos cómo es la biología la ciencia que más tiempo le ha dedicado a esta pregunta, y a partir de ella, ha entrado en materia con el estudio de más de un fenómeno. Dentro del estudio de esta pregunta surge, más o menos a mediados del siglo XIX, un modelo que busca explicar esta pregunta a partir de la observación. Es Darwin quien recoge la fama por ser el mayor expositor de dicha teoría, que intenta explicar cómo es el proceso para llegar a partir de especies anteriores a las especies que hoy conocemos.

Todo hay que decirlo, y no fue sólo Darwin quien formuló la teoría de la evolución. Lo que hoy se conoce como teoría de la evolución no es precisamente lo que Darwin dijo que era. Las conclusiones sobre la evolución que Darwin se permitió publicar estaban ligadas a estudios que se remontan a un biólogo suizo, llamado Charles Bonnet casi dos siglos antes; de manera similar, hay que saber que no fue Darwin el único interesado en ver si existía una relación entre el cambio de las especies y el cambio del ambiente sobre el tiempo; tenemos como contraparte al biólogo británico Alfred Russel Wallace quien, de manera independiente a la de Darwin, concluyó algo parecido.

Acá lo importante no es tanto la teoría de la evolución como tal, que hoy en día habla de diversos medios a través los cuales los organismos cambian para adaptarse al medio, y uno de éstos medios es la selección natural, aquello que, someramente hablando, fue lo que Darwin consideró inicialmente como el método de la evolución. También sabemos, hoy por hoy, que la evolución no es un proceso lineal que sucede exitosamente de generación en generación, sino que es producto de un método de ensayo y error hasta encontrar el cambio que mejor se adapta al ambiente, y entendemos que el concepto de mutación no necesariamente es malo sino que denota un cambio.

Acá lo verdaderamente importante es cómo las tendencias de creencia de una sociedad, pueden llegar a inhibir del conocimiento colectivo una teoría tan renombrada como lo es la teoría de la evolución. Al tener conocimiento de esta noticia (ver), en la cual se habla de cómo se le dará aviso a los padres de los estudiantes en ciertas instituciones educativas en Missouri, cuando estos lleguen a estudiar la teoría de la evolución y dar la opción de no hacerlo; no solo siento lástima por los futuros biólogos con padres religiosos, y no solo me embriaga una honda melancolía por el conocimiento que pueda habitar las jóvenes mentes, sino que me ataca la pregunta acerca de cuándo será el día en el cual llegue una notificación a los padres (ojalá para cuando sea uno, de serlo, me llegue) en la cual me notifique qué religión está estudiando mi hijo y poder tomar la opción de darle una formación agnóstica, intelectual, holística y de calidad.