Uno de los debates más ávidos de la actualidad (cuando de la percepción de la realidad se habla) es sobre la verdadera posibilidad que existe de entender, conocer y observar la realidad en su infinita complejidad por completo.
Por: Santa
Desde sus inicios, uno de los objetivos del ser humano ha sido estudiar y entender la naturaleza que lo rodea, y de ahí que se dé pie al nacimiento de los estudios de los fenómenos a nuestro alrededor, tildados bajo el nombre de “ciencias naturales”; estudios que han tenido el único propósito de dar claridad al hombre sobre lo que ocurre a su alrededor.
Dichos estudios han llegado a presentar una serie de problemas a superar, entre estos, el método de estudio, el análisis del objeto a estudiar y el lenguaje bajo el cual interpretamos a la naturaleza. Hoy en día, en vista de su resultante efectividad a la hora de condensar y transmitir la información interpretada de los fenómenos naturales, hemos entendido que adoptar la matemática como lenguaje auxiliar de explicación de la naturaleza es el camino más seguro al entendimiento de la misma; resaltemos el término auxiliar, pues la matemática depende del lenguaje para transmitirse, y a su vez, ambos están apoyados en la experimentación, que es en últimas, el argumento más fuerte y conciso a la hora de compartir alguna interpretación.
Sin embargo, dicho uso de la matemática como lenguaje auxiliar en el estudio de la naturaleza, más que aclarar cuestiones, agrega inquietudes al debate sobre la realidad; puesto que adiciona a los interrogantes existentes, preguntas tales como: ¿cuál es la legitimidad de la matemática como lenguaje? y ¿por qué esta legitimidad existe? ¿Bajo qué criterio se dio a conocer que era la matemática el método correcto? Y paralelo a esto, adiciona entonces el conflicto del uso de la matemática como herramienta para algo más allá de sí misma, es decir ¿hasta qué punto la matemática no es más que una herramienta para explicar la realidad?
Vale aclarar acá que el verdadero problema no está tanto en la matemática como tal, puesto que ésta requiere del lenguaje “corriente” para su comunicación, el problema específico y detallado está en el uso de ecuaciones, cuando éstas no vienen siendo más que, de igual manera que el alfabeto, una cantidad determinada de gráficos que conllevan con sí mismos determinado significado que permite condensar cierta cantidad de información dentro de una imagen, y es la capacidad de condensar mayor cantidad de información dentro de pocas imágenes la que hace que la idea de usar ecuaciones para ayudar a explicar o relatar sobre un fenómeno natural suene tan coherente e inteligente.
Las ecuaciones no son más que un auxiliar en el compendio de información dentro de la matemática, la cual contiene sus propias características, entre ellas la precisión y el rigor, que son un par de cualidades que han logrado postularla como el método para estudiar y analizar la naturaleza, es decir, la capacidad rigurosa y minuciosa a la hora de estudiar y sustentar algún evento dentro del campo matemático. Es una cualidad que le ha dado cierta legitimidad a la hora de acomodarse como lenguaje auxiliar y método de razonamiento ante un problema tan fuerte y profundo como lo es discernir el comportamiento del universo natural.
Sabemos, gracias a la historia, que desde la antigüedad se tenían intentos para estudiar y datar todo lo relacionado a las reflexiones, observaciones y conclusiones logradas de manipular el medio y observar detenidamente sus procesos; entre ellos, la filosofía natural parece ser uno de los intentos más exitosos de la antigüedad, intento que, desde la reflexión de la composición de la naturaleza, llegó a discutir temas como la composición de la materia, y las propiedades de la misma. La legitimidad o validez de la matemática como método de razonamiento, especulando un poco, podemos decir que se basó precisamente en su criterio escéptico y riguroso a la hora de demandar una justificación irrefutable dentro de lo obvio para cada una de sus conclusiones, aclarando acá que “obvio” es un término muy relativo, de un uso desagradable, y que sólo se logra cuando el individuo se expone cierto tiempo ante un mismo tema que comienza a considerar ciertas cuestiones “obvias”; así pues, la matemática se mantuvo firme en la necesidad de brindar justificaciones irrefutables a cada uno de sus razonamientos, cuestión que, dentro de la filosofía, por diversos motivos, entre ellos la imprecisión propia del lenguaje de las palabras en términos de uso y definición de las mismas, no se pudo permitir. Y es éste escepticismo y rigor lo que le da el estado de método de razonamiento apropiado para el desarrollo del estudio de diversas cuestiones, entre ellas, la naturaleza.
Por otra parte, parece ser que la matemática funciona muy bien como método de razonamiento, tan bien que se permite, fuera de la realidad, establecer unas reglas de juego denominadas axiomas y a partir de ahí, construir una serie de deducciones y nuevas conclusiones sin necesidad ir más allá de lo concebido en primera instancia como reglas de juego; y es por ello que supone el hecho de que la matemática sea más que un método para lograr algo más, y considerarlo algo propio, un sistema auto suficiente, no sólo de razonamiento, sino de concepción de nuevas ideas y métodos para tratar temas propios, y juega ahí el papel fundamental el estudiante de la realidad como lector habitual de las matemáticas, de buscar, a través de su lectura de la matemática, un sistema de método y deducción que se comporte de manera similar al fenómeno que busca tratar, y ahí, utiliza una parte del sistema matemático para explicar algo; y es por ello que, tristemente, para nosotros los estudiantes de ciencias naturales, no se nos muestra la matemática en su totalidad como lo que es, como una especie de filosofía abstracta sobre una serie de reflexiones curiosas y agradables, sino como un simple manera de generar modelos que expliquen, esa ya fatigada naturaleza, lo más parecido posible a una realidad, realidad que no hemos logrado definir, pues no nos hemos puesto todavía de acuerdo en qué es la realidad, y si algún día la veremos como es, irónicamente, en realidad.



