Tomado de: bebesymas.com

La ciencia de por qué no creemos en la ciencia (4)

 El psicólogo John Jost de New York University ha argumentado fuertemente que los conservadores son “justicieros del sistema”: utilizan el razonamiento motivado para defender el statu quo.

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Por: Chris Mooney

El Climategate tuvo un sustancial impacto en la opinión pública, de acuerdo con Anthony Leiserowitz, director de Yale Project on Climate Change Communication. Esto contribuyó a una caída en la credibilidad por parte del público acerca del cambio climático y una significante pérdida de confianza en los científicos. Pero (como esperamos ahora) estas declinaciones fueron concentradas entre grupos particulares de América: republicanos, conservadores y aquellos con valores “individualistas”. Los liberales y aquellos con valores “igualitarios” no perdieron mucha confianza en el cambio climático científico y, en consecuencia, de los científicos mismos. “En algunos casos, los Climategates eran como el test de Rorschach”, dice Leiserowitz, “diferentes grupos interpretando hechos ambiguos de diferentes maneras”.

¿Hay algún caso de negadores que largamente haya ocupado la política de izquierda? Sí: el llamado de que las vacunas en los niños eran las causantes de una epidemia de autismo. Sus más famosos proponentes son ecologistas (Robert F. Kennedy Jr.) y numerosas celebridades de Hollywood (los más notables Jenny McCarthy y Jim Carrey). El Huffington Post  fue el gran portavoz de estos negadores. Y Seth Mnookia, autor del nuevo libro The Panic Virus, apunta que si quieres encontrar negadores de las vacunas, todo lo que tienes que hacer es pasar un tiempo en Whole Foods.

La negación de las vacunas tiene todas las propiedades de un sistema de creencias donde no es permisible la refutación.  Desde la década pasada, la aserción de que las vacunas en la infancia conducían a una tasa de autismo ha sido refutada por múltiples estudios epidemiológicos, así mismo por el simple hecho de que las tasas de autismo siguen creciendo, incluso el verdaderamente cuestionable agente de las vacunas (una base de mercurio preservativo llamado thimerosal) ha sido removido desde hace mucho tiempo.

Los creyentes persisten criticando cada estudio nuevo que contradice sus puntos de vista e incluso acudiendo a la defensa del enlace vacunas-autismo del investigador Andrew Wakefield -tomando su artículo Lancet de 1998 que originó el miedo corriente de la vacunación- que se retractó y subsecuentemente perdió su licencia para practicar medicina. Pero entonces, ¿cómo podemos estar tan sorprendidos? Los negadores de la vacunación crearon su propio partido en el medio digital; el sitio web Age of Autism que instantáneamente critica con contraargumentos cualquier nueva información que pone en jaque los puntos de vista de los antivacunas.

Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿difieren la izquierda y la derecha cuando se convierten en discriminadores del proceso de información, o todos son igualmente susceptibles?

Aquí hay algunas diferencias. Los negadores de la ciencia son considerablemente más prominentes en la política de derecha (cambio climático, asuntos relacionados con el ambiente, antievolucionismo, ataques a la reproductiva ciencia de la salud especialmente por parte de cristianos, asuntos de células y biomedicina). Más sorprende aún es que las posiciones antivacunas no existen virtualmente entre demócratas (donde la negación del cambio climático se convirtió en algo monolítico entre los oficiales republicanos elegidos).

Algunos investigadores han sugerido que hay diferencias psicológicas entre la derecha y la izquierda que pueden impactar en las respuestas que derivan de nueva información -que los conservadores son más rígidos o autoritarios y los liberales más tolerantes de la ambigüedad-. El psicólogo John Jost de New York University ha argumentado fuertemente que los conservadores son “justicieros del sistema”: utilizan el razonamiento motivado para defender el statu quo.

Esta es un área de gran debate, sin embargo tan pronto como tratamos de psicoanalizar las diferencias inherentes de la política una carga de contraargumentos surge: ¿qué podemos decir del dogmatismo y el comunismo militante? ¿Qué sobre los partidos políticos que han diferido a través del tiempo? Después de todo, el más canónico caso de ideología de negación de la ciencia es probablemente la refutación de la genética en la Unión Soviética donde los investigadores que no estaban de acuerdo con el anti-mendelismo científico del títere de Stalin, Trofim Lysenko fueron ejecutados y la genética fue denunciada como “burguesía” científica, dando paso a su prohibición.

La respuesta: todo lo que podemos decir es que, en algunas situaciones, somos ciegos. La pregunta, entonces, aparece: ¿qué podemos hacer para contrarrestar la naturaleza humana?

Dando poder a nuestras creencias prioritarias para tratar de responder cómo reaccionamos a la nueva información una cosa sí es clara: si quieres que alguien acepte nueva evidencia, trata de presentarla en un contexto donde no se vaya a tomar la defensiva o puedan haber reacciones emocionales.

La teoría está ganando terreno en parte por el trabajo de Kahan en Yale. En un estudio, él y sus colegas reunieron la ciencia básica relacionada con el cambio climático en un periódico falso de artículos manteniendo dos líneas cabeceras: “Panel científico recomienda una solución antipolución para el calentamiento global” y “Panel científico recomienda solución nuclear para el calentamiento global”  y luego midieron cómo los ciudadanos con diferentes valores respondieron. El último título provocó que los individuos jerárquicos abrieran mucho más sus mentes aceptando el hecho de que los humanos son los que están causando el cambio climático. Kahan infiere que este efecto ocurrió porque la ciencia últimamente ha estado escribiendo en una narrativa alternativa que apela por punto de vista pro-industriales.

Entonces, podemos llegar a la lógica de esta conclusión: los conservadores abrazarán el problema del cambio climático si éste viene desde los negocios o desde un líder religioso que pueda llevar el asunto a un contexto de valores contrarios a aquellos que vienen argumentando los ecologistas y científicos.  Haciendo esto se podría firmar una tregua en lo que Kahan llama “guerra cultural del hecho”. En otras palabras, y paradójicamente, no nos conducimos por los hechos para tratar de convencer. Nos manejamos con valores (o sea, darle a los hechos una oportunidad de pelear).

Fin.