El concepto Naturaleza Humana ha sido negado históricamente por importantes pensadores. Entre ellos el filósofo inglés del siglo XVII John Locke,

Tabula rasa, tomada de: https://desafiodelpensamiento2.wikispaces.com/file/view/tabula%20rasa.jpg/407686300/tabula%20rasa.jpg

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quien escribió: “[el niño] es solo papel en blanco o cera, que habrá de ser moldeado y configurado como se desee”; También por Claude Helvétius filósofo francés del siglo XVIII, quien dijo: “no sólo no hay ideas innatas, sino tampoco capacidades innatas. Todo depende de la educación”;  John Watson, fundador del conductismo en el siglo XX, pretendía ser capaz de convertir a cualquier niño,a  través de una educación adecuada, en cualquier tipo de ser humano o de profesional, con independencia de su idiosincrasia genética; en el mismo siglo, Sartre indicaba que en los humanos no existen rasgos que determinen comportamientos, y que a diferencia de los objetos que comienzan teniendo esencia, en los humanos la existencia precede a la esencia, por lo que poseen libertad para elegir su propia naturaleza; José Ortega y Gasset filósofo español también en el siglo XX, expresaba “El hombre no tiene naturaleza, tiene historia”. Puede verse entonces que la negación de una Naturaleza Humana no ha sido precisamente infrecuente en el pensamiento humano, tanto que a dicha negación se le ha dado la denominación de “la idea de la Tabla Rasa” (ver)[1].

Por Diego Londoño Correa *

 

¿Qué sería entonces la Naturaleza Humana? Antes de definirla es preciso distinguir entre naturaleza esencial y no esencial. Según Jesús Mosterín, filósofo español, ciertos entes materiales como los elementos químicos tienen una naturaleza esencial, de esta forma, un átomo es de Nitrógeno sí y sólo sí tiene 7 protones. La naturaleza que domina en los entes biológicos es ya no de carácter esencial sino poblacional, de esta forma los humanos tenemos 5 dedos en cada mano, pero si nace un bebé con 6 dedos no deja de ser humano. Esto hace que los humanos, y cualquier otra bioespecie, no poseamos esencia pero sí naturaleza, y dicha naturaleza se define por lo que codifican el genoma y el epigenoma (aquella información molecular no codificada en el ADN pero que puede heredarse y regular la expresión de genes en interacción con el ambiente). Dicho genoma contiene genes, que a su vez poseen variantes llamadas alelos, los cuales dan cuenta de que, aunque todos los humanos tengamos codificado tener cabello, unos lo tengamos de color oscuro y otros de color más claro, y aun así, todos en general compartimos el tener cabello. Teniendo esto claro, podemos estar de acuerdo con Mosterín cuando dice:

“El genoma de cada especie define sus capacidades específicas: […] El cocodrilo no aprende a hablar, aunque vaya

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a una escuela de pago, pues su naturaleza no se lo permite, sus genes no lo han preparado para ello […] También forman parte de la naturaleza humana las características comunes de […] los mamíferos, de los primates, de los hominoides, etc. Por ejemplo, la visión estereoscópica y la importancia de la vista en nuestra «visión» del mundo, subrayada ya por Aristóteles, es una característica típica de los primates. Finalmente, las características exclusivas de nuestra especie, como la capacidad lingüística o la marcha erguida, también forman parte de nuestra naturaleza”.

Esto no quiere decir que sólo nuestro genoma humano nos haga hablar español o inglés, o estudiar filología en vez de ingeniería, sino que como también señala Mosterín:

“La naturaleza del organismo individual está constituida por sus rasgos permanentes y está determinada por su propio genoma, que es una versión particular del genoma de su especie y que en general no cambia a lo largo de la vida del sujeto. El organismo individual mismo, finalmente, es el fenotipo concreto, resultante tanto de su naturaleza específica y de su herencia particular, como de su desarrollo embrionario y de la historia completa de su vida y de sus interacciones con su entorno”.

De esa forma, nuestra capacidad lingüística innata, codificada en nuestro genoma, al interactuar con el lenguaje de nuestra cultura hace que hablemos uno u otro idioma. El carácter innato de la capacidad para el lenguaje ya había sido esgrimido como argumento por Chomsky en 1971 en un debate con Foucault (ver[2]), en el que este último dudaba que existiese una Naturaleza Humana o que tal concepto tuviese un carácter científico. Responde Chomsky a Foucault:

“En primer lugar, si al menos fuéramos capaces, por ejemplo, de especificar en términos de redes neuronales las propiedades de la estructura cognitiva humana que le permiten a un niño adquirir estos sistemas complejos, no dudaría en describir estas propiedades como elementos constitutivos de la naturaleza humana. Es decir, en este caso hay algo dado biológicamente e inmutable: el fundamento de aquello que hagamos con nuestras capacidades mentales”. (ver)[3]

Años después, la ciencia le daría la razón a Chomsky al descubrirse un gen ubicado en el cromosoma 7 humano, al cual se le dio el

Tomado de: https://allthingslearning.files.wordpress.com/2011/02/brain-genes.jpg

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nombre de FOXP2. Dicho gen pertenece a una familia de genes FOXP, presentes en animales y hongos,  que codifican para proteínas que se adhieren al ADN y de gran importancia en la regulación y diferenciación celular. El gen FOXP2 específicamente codifica para un factor de transcripción implicado en el desarrollo de la arquitectura cerebral desde fases tempranas del desarrollo del feto. Si dicho gen no está mutado, permite una correcta organización y normal funcionamiento de algunos circuitos neuronales importantes para el procesamiento de estímulos lingüísticos.

Como muchos descubrimientos de  genes específicos, el descubrimiento del gen FOXP2 fue gracias a un lamentable trastorno del lenguaje, presente en una familia inglesa, la familia KE. De los 30 miembros de la familia, la mitad tenían un trastorno severo, algunos estaban afectados levemente y sólo unos pocos no presentaban ningún síntoma. El trastorno consistía en deficiencias en el uso de palabras sujetas a determinadas reglas gramaticales, dificultad en la comprensión de frases complicadas, incapacidad para producir un lenguaje comprensible y dificultad para mover la  boca. Muchos no podían pronunciar correctamente las palabras, presentaban tartamudez, vocabulario limitado, omitían consonantes, de tal forma que en lugar de “table” decían “able”, y en lugar de “blue” decían “bu”. Dicho trastorno también se manifestaba en una incorrecta lectura y escritura, y en una alteración del orden de las palabras según las reglas gramaticales.

Algo también muy curioso del trastorno de la familia KE es que se debía a un cambio en un solo nucleótido, que generaba un cambio en un solo aminoácido del factor de transcripción. Dicho aminoácido se encuentra conservado, es decir, no presenta mutaciones en todas las especies que tienen el gen, incluyendo levaduras y humanos. Es más, análisis posteriores han mostrado que existen dos cambios aminoacídicos que han quedado fijos en la especie humana, tras nuestra separación con nuestro antepasado común con los chimpancés hace más o menos 6 millones de años. Los cambios en este gen no parecen ser comunes en la evolución, es decir, generalmente son borrados por medio de la selección natural negativa, pero en los humanos parece haberse favorecido y mantenido el cambio por medio de una fuerte selección natural positiva. Dichos cambios parecen ser una de las causas evolutivas del tipo de comunicación verbal tan particular que tenemos los humanos respecto a otras especies, es decir, una de las particularidades de la Naturaleza Humana.

Vemos en este caso, cómo las preguntas filosóficas pueden hallar bases para sus respuestas en los hallazgos científicos. Sería difícil hoy en día hallar filósofos como Sartre o psicólogos como Watson, que en el presente siglo, sigan negando la existencia de una Naturaleza Humana, pues los hallazgos de la genómica, la psicología evolutiva, la antropología biológica y las neurociencias, sólo por mencionar algunas disciplinas, dejan en entredicho aquella supuesta libertad absoluta de la que nos han hablado algunos filósofos.  Aun así, falta mucho por descubrir sobre las bases genéticas y evolutivas de nuestras particularidades de especie, y esto es cierto tanto para el lenguaje como para otro gran número de rasgos, que al igual que el lenguaje, se han creído producto únicamente de nuestra historia extragenética o cultural.

 

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia

 

[1] https://www.ted.com/talks/steven_pinker_chalks_it_up_to_the_blank_slate?language=es

[2] https://www.youtube.com/watch?v=09uLcWMQOfY

 

[3] https://xarxasuportmutueixdreta.files.wordpress.com/2014/03/foucault-m-y-chomsky-n-la-naturaleza-humana-justicia-versus-poder-1971.pdf