En las últimas semanas, los zoológicos han estado en el ojo del huracán debido a los sucesos acontecidos en Chile y Estados Unidos. Ante estos hechos, muchos han alzado su voz de protesta y han realizado diferentes exigencias como una mejor señalización, que los animales peligrosos estén completamente aislados del público y algunos, mucho más radicales, han aprovechado la situación para pedir el cierre de estas instituciones.

Por Edwin Hurtado*

Ante estos reclamos y protestas que se repiten cada tanto, considero necesario aclarar algunas cuestiones en relación con estos establecimientos, ya que hay muchos malos entendidos rondando por ahí, y creo que el hecho de contar con más información sobre un tema contribuye a que tanto las críticas negativas como las positivas sean mejores.  En este caso, intentaré aclarar algunos aspectos sobre los zoológicos colombianos, que como veremos, tienen cosas en común con sus homólogos extranjeros, ya que tienen lineamientos comunes establecidos por la WAZA (Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios, por sus siglas en inglés) y a nivel regional por la ALPZA (Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios), y que a su vez están derivados de convenios internacionales como el CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) y el Convenio sobre Diversidad Biológica firmado en Río de Janeiro en 1992.

zooviena

Moneda en conmemoración de los 250 años del Zoo de Viena, tomado de : https://en.wikipedia.org/wiki/Tiergarten_Sch%C3%B6nbrunn

En estos lineamientos internacionales están establecidos los cuatro objetivos de los zoológicos modernos: recreación, investigación, educación y conservación; lineamientos que implicaron un cambio de paradigma ya que a través de su historia, a pesar de las valiosas excepciones, los zoológicos eran principalmente lugares de recreación, donde los turistas acudían a observar animales por simple diversión. Primero, esta diversión era para los reyes, faraones, emperadores y sus visitantes; y posteriormente, en el siglo XVIII algunas colecciones europeas abrieron sus puertas al público, en ciudades como Viena, Madrid, París y Londres, estas dos últimas en el siglo XIX. En este siglo se abrieron los primeros zoológicos estadounidenses y a finales de siglo los primeros latinoamericanos, como el de Buenos Aires, inaugurado en 1875.  Algunos de estos zoológicos tenían fines científicos, pero la mayoría tenían intereses puramente comerciales y turísticos, y los animales que exhibían eran cazados en sus hábitats naturales y transportados a través de barcos a sus ciudades de destino.

En Colombia, el primer zoológico fue el de Barranquilla, inaugurado en 1953. Seguido por el Matecaña de Pereira en 1959 y el Santafé de Medellín en 1960. Estas tres instituciones tuvieron un patrón similar de nacimiento, ya que fueron creadas y fundadas por la Sociedad de Mejoras Públicas de las tres ciudades, entidades privadas que tiene como fin promover el civismo a través de diferentes estrategias, entre estas la construcción de lugares importantes como centros deportivos y culturales. Los primeros animales de estos parques fueron en su mayoría donados por personas de las ciudades que los tenían como mascotas, o por animales trasladados desde Bogotá y Leticia. Durante la década de los 60 e inicios de los 70 sus colecciones fueron ampliadas con la ayuda de los zoológicos de Washington, Nueva York, Chapultépec de México, Lisboa, Zurich, Miami, entre otros. Por esta época se fundaron también los zoológicos de Cali y Santacruz en el departamento de Cundinamarca. Entre los directores de algunos de estos zoológicos se fundaría en 1978 la ACOPAZOO (Asociación Colombiana de Parques Zoológicos), que en 1997, ya con algunos acuarios en funcionamiento, cambió su nombre a ACOPAZOA (Asociación Colombiana de Parques Zoológicos y Acuarios).

Zoo Santafé de Medellín. Tomado de: http://www.zoologicosantafe.com/nosotros/historia

Zoo Santafé de Medellín. Tomado de: http://www.zoologicosantafe.com/nosotros/historia

Posteriormente, se fundaron otros zoológicos en el país,  como los zoológicos de Melgar que pertenecen a las cajas de compensación CAFAM (1980)  y Colsubsidio (1992). Y posteriormente el zoológico Jaime Duque. Estos tres establecimientos son también parques recreativos de diferentes tipos.

Estas instituciones están reguladas en Colombia por el decreto 1608 de 1978, donde también están establecidos sus objetivos y donde se dice que son sin ánimo de lucro, aunque puedan cobrar tarifa para su sostenimiento, ya que la mayoría son de dueños privados, aunque tengan algunos apoyos públicos. El artículo 180 de este decreto dice:

Se entiende por zoológico el conjunto de instalaciones de propiedad pública o privada, en donde se mantienen individuos de fauna silvestre en confinamiento o semiconfinamiento para exhibición y con propósitos educativos y en el cual se adelantan investigaciones biológicas sobre las especies en cautividad, actividades éstas que se adelantan sin propósitos comerciales, aunque se cobren tarifas al público por el ingreso al zoológico.

A finales de los 90s, los zoológicos colombianos, con el empuje de la ACOPAZOA y los cambios globales de visión ambiental, empezaron a cambiar de perspectiva y concordar más con lo establecido en el decreto. Pasaron de ser lugares de recreación y diversión, pensados como lugares que harían parecer un poco a nuestras ciudades a las ciudades europeas y norteamericanas, a tener en cuenta en mayor medida la investigación, la educación y la conservación. Este cambio de paradigma se ve reflejado en la creación de unidades y departamentos de educación ambiental en la mayoría de los zoos del país, unidades que llevarían a que varias generaciones de jóvenes nos convirtiéramos en educadores ambientales. A su vez, este cambio trae consigo la visión de los zoológicos como santuarios y albergues, ya que los animales que desde hace décadas llegan a los zoos no son cazados y comprados por ellos, sino que llegan a estar en sus colecciones por cuatro razones: decomisos de las autoridades ambientales, intercambio entre zoos, donaciones voluntarias de la gente que deben pasar por las autoridades ambientales primero, y nacimientos.

Como los decomisos son la fuente principal de la colección, la mayoría de animales en nuestros zoológicos son nativos: loros,pericos y guacamayas; diferentes tipos de mono como el mono araña, el mono ardilla, el mono lanudo, el mono capuchino, diferentes especies de titíes; felinos como jaguares, pumas y tigrillos; aves rapaces como águilas y halcones; otras aves como flamencos y paujiles. Los animales exóticos, es decir, extranjeros, son principalmente obtenidos de lugares como circos, o de los decomisos a algunos narcotraficantes, por ejemplo, después de la caída de Pablo Escobar, muchos de los animales de su antigua hacienda, como elefantes, rinocerontes, camellos e hipopótamos, fueron trasladados a los zoológicos de Medellín y Pereira en 1993. Después de las donaciones de los zoológicos extranjeros en la década de los 60, los animales exóticos del país tienen estas fuentes, o son hijos de los ya existentes. La reproducción, que antes estaba menos controlada, ahora se da mayoritariamente para programas de conservación como los existentes en diferentes zoológicos del país con el cóndor andino, algunos titíes, el paujil de pico azul, entre otros; o para mantener la colección.

Por lo anterior, es de vital importancia tener en cuenta que los zoos son ahora refugios donde llegan los animales silvestres procedentes del tráfico ilegal de fauna, y que este es uno de los problemas que más afectan a las especies, ya que en el proceso de caza, transporte y venta mueren muchos individuos. Además de intentar darles una buena calidad de vida y a algunos la posibilidad de reintroducción, los zoos tienen programas de educación ambiental que han ayudado a que miles de personas entiendan esta problemática y otras relacionadas,  y las  combatan de diferentes maneras, también tienen programas de conservación que pretenden rehabilitar a los individuos decomisados, reproducirlos, y liberar a sus crías en sus hábitats naturales. Sin embargo, aún mucha gente cree que los zoos compran los animales a cazadores y que un animal que se muere puede ser reemplazado fácilmente.

ukumarí

Tomada de: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/ciencia/ukumari-el-mas-grande-bioparque-de-america-latina/16112557

Recientemente, los zoológicos en Colombia están teniendo un nuevo cambio de paradigma, cambio que dieron en otros países, como México y Argentina hace 10 o 15 años, y que ya habían dado antes en Europa y Norteamérica, ya sabemos que como dijo el poeta Julio Flórez, todo nos llega tarde. Este cambio pretende hacer que los espacios de los parques sean cada vez más similares a los ecosistemas naturales, esto aunado a la educación y a los programas de conservación ha motivado que se use más frecuentemente el término  “bioparque” en lugar de “zoológico”. Este cambio ya se ve en nuestro país con la creación del Bioparque La Reserva en Cota, Cundinamarca, en el año 2005, o el Bioparque Ukumarí, el nuevo parque zoológico pereirano, inaugurado apenas en 2015. Y a su vez con los cambios estructurales que los zoológicos que ya existían están haciendo para lograr también realizar esta transición.

Toda esta información es entonces importantes a la hora de hacer críticas. Con esto no pretendo librar a estas instituciones de todas ellas, solo brindar información para que estas sean más precisas y pertinentes, y así quizás lograr que sus programas de educación, investigación y conservación sean mejores, lo que repercutiría en una reducción considerable del tráfico ilegal  y de otros problemas ambientales asociados, así como en la recuperación de las poblaciones de algunos animales, lo que han logrado otros zoos con especies como el cóndor californiano o el ciervo del padre David. Así quizá los zoos no tengan necesidad de existir o se reduzcan a sus mínimas proporciones. Y los cambios, esos que ahora son tan necesarios, lleguen menos tarde.

 

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia y educador e intérprete ambiental del Zoológico Santafé de Medellín.