Por ello creo que la pretensión de fondo del alcalde solo era exponer como pieza museística exótica a los pobres animales y volver un simple lugar de atracción turística al parque Ukumarí. La selfie de Gallo tomada al llegar las jirafas refuerza mi intuición: “todo era un simple espectáculo”.

 

Por: Adriana González Correa

En abril de 2018 hice una columna titulada “Prioridades del gobierno Gallo” (ver). En ella realicé una crítica a la testarudez del Alcalde por la traída de las jirafas nacidas en cautiverio en México, y nunca supe qué gestiones hizo el gobierno local para obtener su compra o donación.

En la columna plasmé algunas situaciones que encontré en la literatura referente a las condiciones que requiere un individuo de dicha especie para vivir con bienestar.

Pero, además, referencié principalmente la queja escrita que Gallo envió al presidente de la República (Santos) debido a que el Ministerio de Defensa se negó a trasladar desde México a Pereira dichos animalitos.

Dentro de sus argumentos está claro que el alcalde –supuestamente– está preocupado por la conservación de la especie animal y es ello lo que motiva la adquisición.

El alcalde logró, mediante una cruzada de solidaridad social, recoger 180 millones de pesos –el costo del desplazamiento– para hacer realidad su obstinación de niño rabioso.

Debo aclarar que los argumentos de conservación nunca me los creí, por varias razones: la primera de ellas era el hábitat para ofrecer a tal especie –somos bosque tropical andino–, carecemos de lo que un diccionario nada especializado y básico como Wikipedia declara: animal que vive en sabanas, pastizales y bosques abiertos.

La segunda razón y tal vez con un peso mayor es la extensión del terreno que requiere el animal para vivir en condiciones confortables, demanda de unos 80 kilómetros cuadrados para obtener la libertad de movimiento, espacio que Ukumarí no puede ofrecer.

Y finalmente, la sostenibilidad económica del parque está en vilo, porque como lo anuncié en dicha columna, la viabilidad financiera dependerá del número de visitantes, que a la fecha aún sigue siendo faltante para un buen funcionamiento.

La muerte de la jirafa “Perla” demuestra que teníamos razón quienes desconfiamos y nos opusimos a la llegada de los animales. Hasta Claudia Bahamón criticó la decisión de Gallo.

Por ello creo que la pretensión de fondo del alcalde solo era exponer como pieza museística exótica a los pobres animales y volver un simple lugar de atracción turística al parque Ukumarí. La selfie de Gallo tomada al llegar las jirafas refuerza mi intuición: “todo era un simple espectáculo”.

Perla murió, en el pobre reporte periodístico no se anuncia la causa de la muerte y tampoco sabemos en qué condiciones de salud puede estar el macho, que ahora tendrá que vivir en soledad, situación que a mi parecer puede constituir más maltrato animal que intención de conservación.

@adrigonco