Obviamente en Ukumarí no podrán vivir en términos de real conservación cuando dicho parque solo cuenta con 44.7 hectáreas, es decir, la supuesta “conservación” implica realmente un hacinamiento espantoso para esta especie. Además, la literatura al respecto también afirma que por el número de individuos en su hábitat natural, la jirafa no se considera en vía de extinción.

 

Por: Adriana González Correa

A finales de la semana pasada circuló en redes una carta suscrita por el alcalde Gallo dirigida al presidente Santos. La misiva contiene una queja por la negativa del Ministerio de Defensa de trasladar en un avión de la Fuerza Aérea unas jirafas desde México al parque Ukumari.

La queja se encamina no solo a hacer el consabido reclamo, también a exaltar la importancia de un bioparque que además de prestar servicios turísticos, igualmente lo hará en cuestiones de conservación para especies amenazadas como las “jirafas”, en tanto en Colombia no existe ningún parque que las contenga.

Sin embargo, la realidad es otra muy distinta a la que describe el alcalde.

Gallo olvida que el bioparque Ukumari se consumió del municipio un presupuesto superior a los 100 mil millones de pesos. Del que se dijo además que sería una gran fuente de ingresos y empleos para la ciudad, con 199.500 visitantes en 2017 a duras penas fue autosostenible, lo que implica –hasta ahora– que esa platica se perdió, porque es una inversión demasiado alta con ninguna capacidad de retorno.

En cuanto a la conservación de la especie animal también existen contradicciones. La primera es que Colombia -y por supuesto Risaralda–, no es un país que se caracterice por la inversión económica para temas de conservación animal, por el contrario, hay una cierta idea depredadora de la naturaleza.

El hábitat natural de las jirafas es África, que se caracteriza por sus extensos territorios –y según he investigado–, una jirafa requiere de 50 millas cuadradas, esto es unos 80 kilómetros cuadrados, toda vez que demandan libertad de movimiento para tener bienestar.

Obviamente en Ukumarí no podrán vivir en términos de real conservación cuando dicho parque solo cuenta con 44.7 hectáreas, es decir, la supuesta “conservación” implica realmente un hacinamiento espantoso para esta especie. Además, la literatura al respecto también afirma que por el número de individuos en su hábitat natural, la jirafa no se considera en vía de extinción.

La preocupación del Alcalde contrasta odiosamente con la despreocupación que tiene de los seres humanos que lo eligieron y a los que debe gobernar.

Para muestra lo sucedido el 9 de abril en Villasantana, donde se presentó un nuevo incendio –el tercero en un año–, 15 viviendas afectadas, 20 familias damnificadas, para un total de 70 víctimas.

En este caso, no vi ninguna carta del Alcalde Gallo solicitando al Presidente ayuda para 20 familias que han perdido lo muy poco o casi nada que poseen. Todo parece indicar que las prioridades del Alcalde están en los negocios “autosostenibles” y no en las personas que debe gobernar.

Las pérdidas materiales de esas humildes personas han sido solventadas más por la caridad y solidaridad social que por la intervención del Municipio.

Se van haciendo recurrentes los incendios en dicho barrio, debido a las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentra; sin embargo, es total la ausencia estatal en la intervención con miras a la prevención del riesgo.

También contrasta su actitud de abandono a estos ciudadanos, cuando uno de sus mayores argumentos para imponer el cable en la ruta Villasantana-UTP-Parque Olaya, es la inclusión social del sector. Todo parece un simple artilugio para lograr justificar el vacío político y social de sus verdaderos intereses.

… Confieso que falta me hacía este oficio y me alegra retornar a La Cola de Rata.

@adrigonco