La medicina ha sido históricamente una ciencia objeto de innumerables incursiones por parte de todo tipo de “conocimientos” variados que no son científicos; hay muchos ejemplos, como la santería, el vudú, la magia, etc.

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Por Alejandro Orozco, estudiante de medicina

Hace miles de años los Incas y muchas otras antiguas civilizaciones realizaban un procedimiento quirúrgico llamado trepanación, el cual consistía en tomar una roca muy afilada y perforar el cráneo del paciente enfermo, generando un orificio generalmente circular de 3 a 5 cm de diámetro. Esta práctica daba resultados positivos para la mayoría de los pacientes ya que muchos de ellos vivieron varios años después del procedimiento y era realizado con mucha frecuencia por los chamanes. La razón por la cual estas antiguas civilizaciones perforaban el cráneo de sus enfermos era para “liberar los espíritus malignos”. En la actualidad un neurocirujano realiza un procedimiento similar para salvar la vida de un paciente con hipertensión endocraneana.

Con el desarrollo del método científico, y el avance de otras ciencias como la física y la química, la medicina dejó a un lado todos estos conocimientos mágicos y pseudocientíficos, para consolidarse como una ciencia, cuyas prácticas y teorías están fundamentadas en hechos racionales, materiales, concretos, objetivos medibles y reproducibles. Es así como ahora sabemos que los Incas tenían en muchas ocasiones resultados positivos con sus trepanaciones no por que lograban liberar todos los “espíritus malignos”, sino porque muchos de esos pacientes padecían una condición llamada hipertensión endocraneana provocada por un aumento en la presión del líquido cefalorraquídeo mayor de 10-15 mmhg.

Las pruebas de que la medicina basada en la ciencia (o la medicina basada en la evidencia) ha tenido un mayor impacto que el vudú, la magia o la santería, son muy contundentes, solo basta con analizar cómo ha aumentado la expectativa de vida de un ser humano en estos últimos mil años, cómo ha disminuido la mortalidad de mujeres embarazas durante el parto, así como la mortalidad de los recién nacidos. Si usted sufriera hipertensión endocraneana y le dieran a escoger entre una trepanación realizada por un chamán, un ritual de oración por un cura que es “milagroso” o una cirugía realizada por un neurocirujano, ¿usted lo pensaría dos veces?

Sin embargo, a pesar de que la medicina se ha separado completamente de todos estos “conocimientos” mágicos y religiosos, aún existen personas que interpretan teorías científicas de la peor manera posible (en algunos casos hasta hilarante) y las acomodan para afirmar cosas imposibles y, peor aún, desarrollar tecnologías “útiles”, disfrazadas generalmente bajo el eslogan de “innovador”, “futurista” o “científico”. Un ejemplo moderno de esta dañina práctica es el analizador cuántico bioeléctrico.

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El analizador cuántico bioeléctrico es un sistema de medición de la actividad electromagnética de nuestro cuerpo que permite hacer un chequeo de las funciones de nuestros sistemas (endocrino, cardiovascular, pulmonar, etc.); existen varios tipos y modelos, pero generalmente constan de un periférico que se conecta a una pieza central de procesamiento que viene dentro de una maleta, este periférico tiene forma de cilindro alargado de recubrimiento metálico el cual debe sujetar el paciente con su mano durante el proceso de escaneo que dura aproximadamente 1 minuto. La pieza central procesa la información que recibe del periférico y la manda al computador de la persona que está realizando el análisis por medio de un cable USB, el computador recibe esta información gracias a un programa que trae el analizador. Después de esperar 1 minuto sosteniendo un cilindro metálico en su mano, el analizador cuántico bioeléctrico generará un reporte completo acerca de una gran cantidad de variables fisiológicas, como su densidad ósea, viscosidad de la sangre, obesidad, enzimas, vitaminas, próstata, ovarios, etc. y emitirá un resultado para cada variable, que puede ser: normal, anormal, moderadamente anormal, ligeramente anormal, entre otros.

¿Cómo es posible que el analizar cuántico bioeléctrico pueda analizar todo nuestro cuerpo? o más increíble aun, ¿cómo es posible que sepa si nuestra viscosidad sanguínea es normal o si nuestra densidad ósea es adecuada? Solo sosteniendo un cilindro metálico con nuestra mano durante 1 minuto. La respuesta que dan las personas que utilizan este aparato es que registra el campo electromagnético de nuestro cuerpo el cual es un reflejo directo de la condición de nuestro organismo y al compararlo con los valores normales del campo de un sujeto sano, se puede decir si es normal o no. Incluso algunos pueden ir más lejos y afirmar que somos energía, todo nuestro cuerpo emite energía y lo rematará con un discurso muy forzado sobre algunas ideas de mecánica cuántica interpretadas de la peor manera.

Un campo electromagnético es un área invisible que afecta a partículas con carga y ocurre cuando hay un flujo de electrones a través de un conductor, este fenómeno fue estudiado por Michael Faraday y James Clerk Maxwell entre otros, pero estos estudios y modelos se limitan a materiales inertes, no a sistemas biológicos. Sin embargo, es cierto que en las membranas de las células existen gradientes de potenciales eléctricos (provocados por una diferencia en la concentraciones de iones dentro y fuera de la célula)  que generan flujos de electrones a través de la membrana celular, así que es cierto que nuestras células producen campos electromagnéticos, algunas producen campos de mayor intensidad que otras, como las neuronas ya que tienen mayor actividad eléctrica. De hecho gracias a este fenómeno es posible realizar una IRM (Imagen por Resonancia Magnética), ya que los átomos que constituyen nuestras células están en constante actividad eléctrica, generando campos electromagnéticos que pueden ser detectados por los sensores del resonador y transformar esos datos en imágenes para el diagnóstico de un gran espectro de enfermedades.

Sin embargo, los campos electromagnéticos que generan nuestras células no nos pueden dar información acerca de cuál es nuestra función renal o densidad ósea, porque la fisiología (la manera en la cual opera nuestro cuerpo), no solo se limita al flujo de electrones, existen interacciones complejas a nivel celular que involucran mensajeros químicos, gradientes de presión, gradientes químicos, gradientes de Ph, sistemas de feedback, etc. Por tal motivo la medición de nuestros campos electromagnéticos no es un reflejo directo de la función de nuestras células y sistemas.

Un ejemplo claro es la presión arterial, la cual es el resultado de la fuerza con que la sangre empuja las paredes de las arterias, gracias a la fuerza que el corazón le da al flujo sanguíneo con cada sístole (cuando el corazón expulsa la sangre de sus ventrículos a las arterias); este fenómeno se mide con un esfigmomanómetro, un instrumento diseñado para medir la presión por medio de una bolsa inflable sensible a presión que se coloca alrededor del brazo, todo esto ocurre gracias a fenómenos físicos que nada tiene que ver con campos electromagnéticos, más bien con física de fluidos y un poco de Newton.
Es cierto, una partícula se puede comportar como onda, y es cierto lo que dijo Einstein, la materia y la energía son la manifestación de un mismo fenómeno, pero una cosa es hablar sobre el comportamiento de un fotón y otra cosa es hablar sobre la fisiología humana.

Junio 2014