Transformaciones cerebrales al leer (I)

La lectura como factor transformador de los procesos cerebrales induce al cerebro a simular con veracidad los acontecimientos descritos en la novela u obra literaria de la misma forma como se procesan los fenómenos de la vida real; es decir, para el cerebro, el mundo real-imaginario de la novelística no se aparta del mundo real-real.

 

Por: Rafael Patrocinio Alarcón Velandia

 

Introducción

Umberto  Eco repetía constantemente en sus conversaciones  que  la función de un buen docente era despertar en sus alumnos el interés por el conocimiento y la sabiduría, no en transmitirles información.

Si le entendemos a Eco, entonces, estamos obligados a pensar que posiblemente debemos abandonar las aulas rígidas en donde imperan los modelos pedagógicos que alienan a los estudiantes y convocarlos a las bibliotecas y a espacios en donde se dialogue con el texto y con el otro.

Lo que aquí me propongo tratar, no es la línea directa de qué hacer en la formación del estudiante. Ya muchos analistas del tema han trazado camino.

Lo que expondré es lo relativo a la formación del docente, en el camino de asegurarse una visión amplia, para convertirse en el educador que pensaba Umberto Eco. 

Llevo muchos años en la docencia, desde mi juventud cuando empecé como profesor de primaria y luego de bachillerato, hasta enclavarme en los recintos universitarios por más de 30 años, tanto como profesor de pregrado como de postgrados, a lo cual estoy dedicado en la actualidad. Lo comento no como un acto de pedantería, de la cual creo estar alejado en estos momentos de mi vida, sino como un patrimonio de experiencias y de conocimientos que me han conducido a reflexiones sobre la formación que inicialmente recibí para ser docente, cargado de modelos pedagógicos que lo único que me permitían era desarrollar estructuras rígidas de docencia y que me convertían en un comunicador de conocimientos de otras latitudes y de encasillamientos de formas de pensar. Ahora, en mirada retrospectiva, tengo una sonrisa crítica y de compasión por los innumerables errores cometidos, por haber seguido ciegamente esos preceptos.

La crítica que dirijo a mi formación como docente está saturada de los mismos elementos con los que puedo criticar a la formación de los docentes actuales. Me atrevo a decir, y los invito a que conversemos sobre el hecho, que posiblemente hemos avanzado en herramientas pedagógicas como es el uso de las tecnologías, pero muy poco en la formación de un docente crítico, abierto, formador, dialogante y afectivo. La formación del docente sigue siendo cerrada, acrítica, sin cuestionamientos de sí mismo ni del entorno en que vive y actúa.

Una anécdota sobre lo dicho anteriormente: como resultado de un sondeo a 20 profesores universitarios, realizado para un estudio, 87 por ciento tenía actitudes homófobas y 64 por ciento pensamientos racistas contra la población negra entre sus estudiantes. Al cuestionarlos sobre estos hechos se escudaron en sus posiciones religiosas, de clase y de poder político. Me preguntaba ¿qué formación recibieron y cómo se estructuraron estos profesores?,  ¿dónde estaba su actitud crítica y dialogante? Al revisar los programas de las asignaturas académicas que dictaban, encontré una pobreza casi absoluta de conocimientos en áreas de las humanidades y de  las ciencias sociales. Tampoco voy a caer en el sofisma de que la enseñanza de las humanidades de por sí trae cambios en la educación; la enseñanza de las humanidades en forma desafortunada también ha caído en el terreno del positivismo pedagógico y tecnológico, se ha vuelto acrítica y alejada del pensamiento de Eco conque abrí esta exposición.

En el campo en que me muevo ahora –la literatura y la filosofía– sin abandonar la medicina, claro está, he visto como en Estados Unidos y algunas entidades universitarias de Colombia, con  ínfulas de ser prestigiosas a nivel nacional e internacional, han emprendido el camino de hundir en un positivismo técnico a la literatura y a otras áreas de las humanidades, como si la Palabra y el Diálogo se pudieran medir. En esa corriente se asienta la burocracia kafkiana de Colciencias y del Ministerio de Educación de Colombia. Ello llevará a la asfixia a la formación cultural que pretenda incentivar al conocimiento y a la sabiduría.  

Si pensamos como Eco –un buen docente debe ser motivador y orientador para generar empatía con el conocimiento y la sabiduría– pienso que a través de ello se puede recorrer un camino que lo aleje de posiciones acríticas, reduccionistas y facilistas enclavadas en los constructos del poder que lo oprime y condiciona. Por tal razón, su modelo pedagógico impuesto y aceptado como válido no hace más que estrechar su capacidad mental y la posición como ser relacional.

Entonces, debemos preguntarnos cómo revertimos esta situación y cómo los docentes debemos deformarnos de los constructos interiorizados a través del tiempo y asumir posiciones de reflexión, de crítica, de cuestionamiento de lo que somos como personas en el nicho ecológico donde habitamos.

Mi propuesta es “literatura para la formación”. Y para ello debemos desarrollar. “Al docente como lector”.

Transformaciones cerebrales con  la lectura literaria

Creo que lo primero es motivar al docente a convertirse en un lector, pero no en cualquier lector, en un lector de segundo o tercer nivel, como expongo en mi tesis de magister en literatura: en lector crítico y capaz de transformar el texto o complementarlo, además adherido al placer de la lectura. En un mundo pragmático como el que vivimos, estamos obligados a  motivarlos para empresas a largo plazo, como es la formación del docente, estimularlos mediante incentivos de beneficio personal y social; para ello deseo partir de la neurociencias y llegar a la literatura, y poder respondernos la pregunta: ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando se lee? Veamos:

Uno de los campos de estudio más explorados en la segunda mitad del siglo XX fue la relación entre el lenguaje y las funciones cerebrales, especialmente en lo que concierne a los cambios o transformaciones que se producen en el cerebro cuando el individuo asume las funciones de lector. Aquí entra en juego una serie de variables como la motivación, el sentimiento, la experiencia, la comprensión e interpretación, y la racionalidad, entre otras.

Posiblemente no se encuentre en ninguna otra actividad una riqueza mayor que la brindada por la relación de la lectura con las funciones y transformaciones cerebrales. En su estudio se combina las ciencias humanas con las ciencias biológicas; partimos de la filosofía atravesando el campo de la lingüística y la biología, la psicología y el psicoanálisis, para terminar en la moderna neurociencia. En ese recorrido se puede entender el proceso de la lectura como medio de transformación de la persona como ente psíquico y como ente social.

El cerebro es una estructura compleja y su funcionamiento obedece a la acción de sistemas funcionales complejos, dados por una complicada red de neuronas intercomunicadas entre sí a través de diversos mediadores neurobioquímicos. Estos sistemas funcionales determinan el sustrato biológico del pensar, sentir y comportarse del individuo. Cualquier hecho, traumático o no, que interfiera en dichos sistemas funcionales complejos determinará a su vez modificaciones en la estructura psicoemocional y comportamental del ser humano. La lectura es uno de los fenómenos que más modificaciones pueden producir en la estructura y funcionamiento cerebral y por consecuencia en la estructura psicoemocional de la persona.

Cuando una persona recibe un sonido complejo, como es el lenguaje estructurado, este es registrado en la corteza auditiva primaria y de allí va a la corteza de asociación auditiva en donde se produce el fenómeno de reconocimiento de unidades audibles que se denominan fonemas, la base de la lengua y de los diferentes idiomas. De los fonemas se forman las palabras y las oraciones que son grabadas en la memoria a corto plazo (MCP). Diferentes grupos de fonemas agrupados constituyen la palabra la cual se alía con la información visual asentada en la región occipito-temporal cerebral, produciendo  imágenes en la mente del lector, y en consecuencia los sonidos adquieren significados especiales, constituyendo un primer nivel de análisis léxico.

La asociación de palabras con significado determina las oraciones completas que son mediadas por los procesos audio verbales de la memoria a corto plazo en las áreas de asociación neuronal de la corteza medio-temporal. La información allí radicada se relaciona con áreas de la corteza parietal, en donde existe una función espacial y de análisis de la estructura sintáctica del lenguaje, según Solms. La respuesta motora de la lectura se produce en las áreas de asociación prefrontales del hemisferio cerebral izquierdo.

Cuando se lee se producen una serie de procesos en diferentes niveles cerebrales que, según el esquema propuesto por Zieher, parte desde el nivel de la bioquímica molecular a los niveles neurofisiológico, somático-cognitivo-emocional, psicológico y sociológico.

Cuando un sonido es captado, es decir, leído, en el oído se producen señales bioquímicas que alteran la membrana neuronal determinando cambios en la plasticidad cerebral al producirse macromoléculas, denominadas Primeros Mensajeros. Los cambios plásticos intraneuronales producen la transducción de la señal bioquímica y la apertura de los canales iónicos mediados por diversas proteínas, como la G. 

Se conforma un sistema de Segundos Mensajeros para transmitir los estímulos que llegan de diversos neurorreceptores pre y postsinápticos (la sinapsis es la comunicación entre dos diferentes neuronas), que modifican dichos estímulos auditivos, fenómeno intervenido por las proteinquinasas[1] y mediante mecanismos de fosforilación o desfosforilación de proteínas producen cambios en la información, los cuales determinan la aparición de los Terceros Mensajeros que actúan con los factores de transcripción[2], que son los Cuartos Mensajeros, estos fijan la información y determinan la expresión genómica de las proteínas que, dependientes de esa información auditiva, leída y, recibida, dan origen a respuestas emocionales, psicológicas, comportamentales y somáticas (neurovegetativas). Este fenómeno global queda “grabado” como una especie de memoria molecular que puede, a su vez, ser modificada por diferentes estímulos internos o externos, como el caso de los factores ambientales, culturales y de la lectura, desarrollando nuevos modelos emocionales, psíquicos y comportamentales, constituyendo y explicando el concepto de “neuroplasticidad cerebral”, base de todo quehacer del ser humano y en construcción o reformulación de su Ser.

Este proceso puede ser activado por diferentes estímulos, desde los bioquímicos y los ambientales, hasta los estados psicoemocionales, derivados a su vez del proceso receptivo activo de la lectura. Todos los estímulos se relacionan mediante sistemas funcionales complejos denominados “conversación cruzada” y que son característicos de cada persona, por lo cual se construye una función plástica cerebral que determina la forma de ser  y actuar individual.

Podemos resumir en este apartado que la palabra “oída y visualizada” mediante la lectura, se transforma en estímulos bioquímicos que precipitan una cascada neurofisiológica y de procesos cerebrales superiores como son el lenguaje, memoria, abstracción, comprensión, entendimiento y las diversas formas del pensamiento y de las emociones. La lectura, por lo tanto, se constituye en elemento fundamental de la interrelación del ser humano con su medio ambiente y su cultura, para construir un ser creativo y plástico.

La lectura como factor transformador de los procesos cerebrales induce al cerebro a simular con veracidad los acontecimientos descritos en la novela u obra literaria de la misma forma como se procesan los fenómenos de la vida real; es decir, para el cerebro, el mundo real-imaginario de la novelística no se aparta del mundo real-real.

Los estudios de Zacks, al analizar los procesos cerebrales de la lectura, nos enseñan que se producen cinco tipos de cambios que incluyen:

cambios espaciales (cuando se cambia de ubicación), cambios de objeto (cuando un personaje tomaba un balón, por ejemplo), cambios de carácter, cambios de causalidad (cuando se produce una actividad que no es directamente causada por la actividad en una cláusula anterior), y cambios de meta (cuando un personaje empieza una acción con un nuevo objetivo)…. la lectura de simples verbos como “correr” o “patear”, activa algunas de las mismas regiones del cerebro que se activan cuando en la realidad vas corriendo o pateas una pelota.

Las diferentes formas de leer y la profundidad misma de la lectura hacen que el cerebro procese la información recibida de diferentes maneras, así mismo determina la transformación del pensamiento, las emociones y  los comportamientos del individuo.

En las próximas entregas comentaré qué pasa en el cerebro cuando se dialoga con la obra literaria.

 

Referencias bibliográficas

  • ALARCÓN VELANDIA Rafael P, 2011, Tesis de Magister, Literatura y Psiquiatría, un modelo literario para la transformación del Self, Universidad Tecnológica de Pereira, Facultad de Bellas Artes, Pereira
  • ALARCÓN VELANDIA Rafael P, 2016, Lectura y transformaciones cerebrales, Seminario de Nuerociencias y Educación, Pereira-Medellín.
  • SOLMS Mark, TURNBULL Oliver, 2004, El cerebro y el mundo interior: una introducción a la neurociencia de la experiencia subjetiva. Capítulo 8: Palabras y cosas: los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, pág.241-274, Editorial Fondo de Cultura Económica, Bogotá.
  • ZIEHER M. , 1996, “Niveles de integración de la neurona a la mente”, Conferencia II Jornadas Internacionales de Psicosomática y Psicología Médica, Buenos Aires. www.aap.org.ar/publicaciones/. Consultado el 2 Diciembre de 2010.
  • ZACKS, J. M., SPEER, N. K., SWALLOW, K. M., BRAVER, T. S., & REYNOLDS, J. R. 2007, Event perception: A mind/brain perspective. Psychological Bulletin, págs.133, 273-293

 

*Médico Psiquiatra, Magister Salud Pública, Máster en Psicogeriatría, Magister en Literatura, Candidato a doctor en Literatura. Codirector del Grupo Literatura y Psique

 

[1] Enzimas que modifican  otras proteínas, mediante fosforilación, para activarlas o desactivarlas. Hacen parte de la cascada de respuestas ante una señal química que llegue a la célula, sirviendo de puente entre un segundo mensajero como el AMPc y las respuestas celulares al estímulo)

[2] Para que la información genética contenida en el ADN pueda ser expresada, es necesaria su transferencia a otro tipo de ácido ribonucleico (ARN) denominado mensajero –ARNm