Para continuar con la exposición sobre las trasformaciones cerebrales al leer, especialmente literatura, remito al lector a consultar la primera parte publicada el 11 de junio del 2017 en este mismo portal –TRAS LA COLA DE LA RATA–  y así darle enlace con este capítulo.

Las diferentes formas de leer y la profundidad misma de la lectura hacen que el cerebro procese la información recibida de diferentes maneras…

 

 

 

 

Por: Rafael Patrocinio Alarcón Velandia*

Había quedado en los estudios de Zacks, quien al analizar los procesos cerebrales de la lectura, nos enseña que se producen cinco tipos de cambios que incluyen: cambios espaciales (cuando se cambia de ubicación), cambios de objeto (cuando un personaje tomaba un balón, por ejemplo), cambios de carácter, cambios de causalidad (cuando se produce una actividad que no es directamente causada por la actividad en una cláusula anterior) y cambios de meta (cuando un personaje empieza una acción con un nuevo objetivo)… la lectura de simples verbos como “correr” o “patear”, activa algunas de las mismas regiones del cerebro que se activan cuando en la realidad vas corriendo o pateas una pelota.

Las diferentes formas de leer y la profundidad misma de la lectura hacen que el cerebro procese la información recibida de diferentes maneras, así mismo determina la transformación del pensamiento, las emociones y  los comportamientos del individuo.

La lectura induce al diálogo entre el lector y el contenido del texto, es decir, entre la realidad real del lector y la realidad imaginaria del texto, ambas vividas como ciertas.

La literatura se convierte en conversación          

Considerando que el proceso de la lectura se constituye en sí en un proceso de conversación, en donde juegan protagonismo tres elementos fundamentales: por una parte, el contenido del texto y posiblemente las circunstancias socio-históricas en que se produce el mismo; segundo, la personalidad del escritor que influencia el texto; tercero, el papel del lector con su mundo interno construido o por construirse, en relación con su cultura y su nicho ecológico. Se impone, entonces, una conversación dialogante en donde se abone el intercambio de pensamientos y emociones.

Freud, en “Más allá de la comunicación”, afirmó “que unir las palabras a los pensamientos hace posible que esos pensamientos sean llevados a la conciencia”. En su trabajo sobre el inconsciente explicó que esta era la razón fundamental de la cura mediante la conversación. Creía, además, que toda represión implica que se retiren las asociaciones verbales de los programas de motivación y la conversación los reconecta.

Podemos deducir, desde la perspectiva psicoanalítica, que la lectura se constituye en el vehículo por medio del cual los instintos psicobiológicos del ser humano que se encuentran reprimidos en el inconsciente, pueden aflorar al mundo de la conciencia para ser percibidos, comprendidos y manejados. La lectura induce al diálogo entre el lector y el contenido del texto, es decir, entre la realidad real del lector y la realidad imaginaria del texto, ambas vividas como ciertas. Pero podemos argumentar que esa realidad real del lector no es más que una forma de imaginar su mundo interno y su mundo externo tal como lo experimenta y vive, y en ocasiones muy alejado de la verdadera realidad. O sea, esa realidad real e imaginaria en la mente del lector no es diferente a la que vive cuando lee una novela, la cual le permite la transformación de su pensamiento y sus emociones.

La lectura juega el rol de transformador de la conciencia y del inconsciente mediante el diálogo reflexivo con el texto novelístico o de otros géneros literarios. Ejerce una función de “cura por la conversación” concepto extraído del psicoanálisis freudiano y que viene bien para el caso que nos ocupa. La lectura novelística remueve estructuras de pensamiento y emociones arraigadas en la persona, ya sea que estén reprimidas, desplazadas o negadas, para exponerlas al mundo de la percepción consciente, y de allí al campo del análisis y de la transformación de esas estructuras psíquicas que determinan al humano, ser individuo y ente social.

El hombre al tomar conciencia  de su mundo interno y su relación con su entorno comprende que sus instintos psicobiológicos pueden ser satisfechos o negados por ese mundo externo que habita fuera de sí. La lectura, considerada conversación dialogante, actúa como medio de adquirir esa conciencia.

La conciencia adquirida a través de la lectura nos permite comprender e interpretar el mundo interno regulado por el Yo y su relación con el mundo externo del Otro. Para ello utiliza una serie de conexiones neurofisiológicas y psíquicas que constituyen, según Panksepp: “sistemas de comando de las emociones básicas que nos permiten responder automáticamente a eventos de importancia biológica”. Esto significa que tenemos “programas motores preparados” que están inscritos en nuestros genes y transmitidos de generación en generación y hacen parte de nuestra cultura y herencia biológica.

Panksepp argumenta que hay cuatro sistemas de comandos de las emociones básicas con evidencia neurocientífica: el sistema de búsqueda: del placer-ansia; el sistema de ira: rabia-ira; el sistema de miedo: miedo-ansiedad; el sistema de pánico: separación-angustia.

Estos sistemas de emociones básicas son las que se encuentran frecuentemente narradas en la novela, permitiendo que cada lector las viva, reflexione y transforme de una manera particular. Ello le permitirá construir una nueva lectura de su mundo interno y su relación con el mundo externo.

Los lóbulos frontales inducen a la reflexión y el pensar antes del actuar, para ello utiliza el mecanismo de la inhibición de las decisiones prontas y pulsionales, al decir de Solms.

Un cerebro que novela

Debe llamar la atención el fenómeno de que la información recibida del mundo externo, como la lectura de la novela, se registra en áreas de asociación de la región prefrontal del cerebro, “estructuras dedicadas a la recepción, el análisis y el almacenamiento de información acerca del mundo exterior”, de acuerdo con Solms.

Los lóbulos frontales del cerebro humano determinan, desde el punto de vista de las neurociencias, el desarrollo último de la esencia del ser humano, en donde sobresalen sus capacidades ejecutivas para motivarse, planear, programar y ejecutar acciones coherentes; derivado de ellas es su capacidad de discernir libremente si realiza la acción o la inhibe. Es decir, es capaz de controlar los instintos psicobiológicos que lo impulsan a la actuación indiscriminada. Ejemplos de este proceso se encuentran en la actuación y descripción de los distintos personajes de la novela, sirviendo como un espejo confrontador de los sentimientos y pensamientos del lector, así como de su capacidad para manejar su impulsividad.

Los lóbulos frontales inducen a la reflexión y el pensar antes del actuar, para ello utiliza el mecanismo de la inhibición de las decisiones prontas y pulsionales, al decir de Solms. El pensamiento reflexivo lo incrementamos en la lectura novelística cuando realizamos el análisis y la evaluación de las situaciones vividas por los personajes.

Desde su nacimiento el ser humano va madurando los lóbulos frontales, maduración determinada por los procesos biológicos inherentes al desarrollo del cerebro, pero a la vez influido por factores externos como la nutrición, las relaciones, las experiencias. Entre estas últimas la cultura familiar y social, y en ella la lectura, son factores determinantes de la formación primaria del Yo y luego de toda su estructura psicoemocional. Aquí interviene el desarrollo del lenguaje y la imaginación como fuentes del pensamiento y de la actuación real o ficcional. La recepción de la lectura de una novela contribuye a ambos fenómenos: el pensamiento y la imaginación, capaces de transformar al individuo.

La conversación con el texto literario, la novela por ejemplo, permite al ser humano la capacidad de procesos de pensamiento que induzcan a la actuación reflexiva y por ende el dominio de la impulsividad mediante el proceso de inhibición de los instintos cuando ellos desestructuran al Yo. Estos procesos son mediados por las funciones de los lóbulos frontales.

Para Solms la lectura transformada a conversación –con el texto y su autor– es desde el punto de vista neurobiológico “extender la esfera de la influencia funcional de los lóbulos frontales”:

Los lóbulos frontales extienden su influencia funcional de dos maneras: Primero, utilizando el Lenguaje, el cual es una herramienta poderosa para establecer conexiones supraordenadoras, reflexivas y abstractas entre los elementos concretos de la percepción y la memoria, y para subordinar de esta manera el comportamiento a los programas selectivos de actividad.

Segundo, utiliza la Interiorización, cuyo poder transformador probablemente se restringe a ciertos períodos críticos del desarrollo del lóbulo frontal, sin embargo pueden ser reactivados de manera artificial por la naturaleza regresiva de la relación de transferencia.

Para Antonio Damasio un problema de la mente consciente es la emergencia de un sentido del Yo. Por lo tanto, se debe partir de la capacidad de representación que caracteriza al cerebro, para constituir una mente intencional que permita conocer los estados interiores de las emociones y las interacciones con los objetos externos. Según el mismo Damasio, “la evolución ha pergeñado un cerebro cuya tarea consiste en representar directamente al organismo e indirectamente a todo aquello con lo que ese organismo interactúa”.

Damasio se pregunta ¿Cómo conocer al Yo y lo que lo circunda? Y a la vez responde: el fundamento biológico del sentido del Yo se halla en los mecanismos cerebrales que representan, instante a instante, la continuidad del mismo organismo”.

Siguiendo a Damasio podemos ver que el cerebro utiliza estructuras de representación de las diferentes partes de su cuerpo y de los objetos externos para crear una nueva representación de segundo orden. Este fenómeno se produce en el acto de leer. Tal representación de segundo orden acontece en estructuras nerviosas como son el tálamo y la corteza cingulada. De ahí se construye la sensación de un Yo en el acto de conocer a través de la lectura,  lo que constituye la base para la perspectiva de primera persona y la asunción de  su consciencia, dándole un sentido a ese Yo. Este proceso permite un diálogo entre el sujeto que lee y piensa, con el texto literario que es leído y es pensado. Posteriormente se origina una cascada de sentimientos y actuaciones que le permiten al ser humano asumir la responsabilidad de sus actos de manera consciente.

 

Vivir una novela

La lectura de novelas puede constituirse en una nueva forma de aprendizaje que facilita el desarrollo de estructuras psíquicas que permiten la reelaboración  de afectos y experiencias que precipitan procesos de neuroplasticidad cerebral como lo observó Cohen:

dichas experiencias estarían fundamentadas desde la neurofisiología a través de mecanismos plasticidad neuronal: cambios en las propiedades funcionales de una sinapsis como consecuencia del uso. La lectura representaría un nuevo ambiente enriquecido, el cual favorece el desarrollo de gliogénesis, neurogénesis y crecimiento sináptico en el neocortex y mediante procesos de plasticidad neuronal en hipocampo probablemente permitan mejorar procesos de memoria y aprendizaje.

Podemos pensar que la lectura de literatura mejora todos los mecanismos cerebrales e incrementa las funciones intelectuales superiores basándonos en los estudios de Van Praag  sobre los estímulos externos:

El ambiente enriquecido desde el punto de vista de factores neurotróficos permite un incremento de la expresión génica de Factor de Crecimiento Neural (NGF), Factor de Crecimiento Derivado del Cerebro (BDNF) y Factor Neurotrófico Derivado de las células gliales (GDNF), la función de estos factores es la de producir remodelamiento neuronal, crecimiento sináptico y eliminación de conexiones que ya no cumplen funciones. El ambiente enriquecido promueve desarrollo de circuitos colinérgicos, opiodes y monoaminérgicos en el hipocampo. Todos estos compuesto intervienen en mecanismos de aprendizaje, plasticidad sináptica y procesos de neurogenesis.

Otros estudios de neurociencias –de Correa y Gómez– han permitido conocer que:

la actividad derivada del ambiente parece orientar el desarrollo de las dendritas y de este modo conformar esquemas cognitivos para construir representaciones mentales. Las interacciones genes-ambiente se convierten en un “corredor de espejos” reverberante que no puede ser fácilmente disecado.

 

Para Post la falta de estímulo del medio ambiente social, como es la lectura, produciría down regulation sináptica, retracción neuronal y finalmente muerte neuronal.

La lectura de novelas nos permite crear un ambiente enriquecido pues facilita vivenciar mundos y experiencias de vidas imaginarias-reales confrontándolas con las experiencias propias del lector, en un proceso de hacer consciente su conflictiva instintiva y la necesidad de satisfacer sus deseos. Este proceso mental derivado de la lectura de la novela estimula la libre asociación de pensamientos y fortalece  la capacidad de interpretación y raciocinio del humano para su integración con su mundo externo y completar la  reelaboración de su ser.

A la vez la lectura de novelas produce cambios a largo plazo en la conducta. Siendo asimilado a un medio de aprendizaje, estimula modificaciones cerebrales con expresión genética, que a su vez altera los procesos sinápticos y produce cambios estructurales que alteran el patrón funcional y psíquico del ser humano. Con ello, el lector desarrolla procesos adaptativos para el crecimiento de su psiquismo y el control de sus emociones.

Podemos intuir que la lectura de las novelas permite –explorando el concepto de “mapas corticales”  de Erik Kandel– representaciones de áreas cerebrales:

que contienen información de experiencias afectivas, memoria, y son el resultado de proceso de aprendizaje, dichos mapas están sujetos a modificaciones permanentes dependiente del uso, debido a las dispares experiencias que sufre cada individuo estos mapas pueden tener un sello propio, por lo tanto la arquitectura cerebral se modifica en forma personal, estos cambios de la arquitectura cerebral dependientes de la experiencia junto con la información genética contribuye a formar la base biológica y psicológica de la individualidad.

Esos mapas corticales  pueden ser remodelados por el proceso de lectura de las  novelas, pues es una experiencia que  puede modificar la expresión biológica y expresarse en cambios estructurales y funcionales en el cerebro, para percibir de otra manera los sentimientos y pensamientos derivados del mundo interno del individuo y estimular procesos más adaptativos ¿o desadaptativos?  con el entorno.

La lectura novelística se convierte en instrumento y actor principal de la formación y de la transformación del ser humano.

En el próximo artículo expondré: ¿De qué manera la lectura de obras literarias contribuye a modificar o construir un mundo subjetivo, un nuevo Ser?

*Médico Psiquiatra, Magister Salud Pública, Máster en Psicogeriatría, Magister en Literatura, Candidato a doctor en Literatura, Codirector del Grupo de Literatura y Psique, Profesor Facultad de Ciencias de la Salud Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia

E-mail: alarcon@utp.edu.co

 

Referencias bibliográficas

  • ALARCÓN VELANDIA, Rafael P, 2011, Tesis de Magister, Literatura y Psiquiatría, un modelo literario para la transformación del Self, Universidad Tecnológica de Pereira, Facultad de Bellas Artes, Pereira
  • SOLMS Mark, Turnbull Oliver, 2004, El cerebro y el mundo interior: una introducción a la neurociencia de la experiencia subjetiva. Capítulo 8: Palabras y cosas: los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, pág.241-274, Editorial Fondo de Cultura Económica, Bogotá.
  • ZACKS, J. M., Speer, N. K., Swallow, K. M., Braver, T. S., & Reynolds, J. R. 2007, Event perception: A mind/brain perspective. Psychological Bulletin, págs.133, 273-293
  • FREUD Sigmund, 1973, Obras Completas, Más allá de la comunicación, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 1973.
  • PANKSEPP J, 1998, Affective Neuroscience: The Foundations of humans and animal emotions, New York, Oxford University Press.
  • PANKSEPP J. en Solms Mark, Turnbull Oliver, 2004, El cerebro y el mundo interior: una introducción a la neurociencia de la experiencia subjetiva. Capítulo 9: El yo y la neurobiología de la “cura de conversación”, Editorial Fondo de Cultura Económica, Bogotá, pág. 279.
  • SOLMS Mark, Turnbull Oliver, 2004, El cerebro y el mundo interior: una introducción a la neurociencia de la experiencia subjetiva., Capitulo 9: El Yo y la neurobiología de la “cura de conversión” Editorial Fondo de Cultura Económica, Bogotá págs.278-279, 284-286, 290.
  • DAMASIO Antonio R, 2002, Creación cerebral de la mente. Rev. Investigación y ciencia, La conciencia, Temas 28, págs. 30, 34, 35
  • COHEN Diego, 2010, Neurobiología de la Psicoterapia. Consultado el 28 de noviembre de 2010 en: Psicoanalítica,www.radiciculturali.it/cohen.pdf
  • VAN PRAAG H, Kempermann G, Gage F, 2000, Neural Consequences of Environmental Enrichment. Nature Reviews Neuroscience 1:191-9
  • POST R, Weiss S. 1997, Emergent Properties of Neural Systems: How Focal Molecular Neurobiological Alterations Can Affect Behaviour. Development and Psychopathology, 9:907-29
  • KANDEL E. New Intellectual Framework for Psychiatry. 1998, Am J of Psychiatry 155:457-69