LET IT BE. EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA ÉPOCA

Los jóvenes impusieron una nueva forma de ver el mundo. La cannabis irrumpió en todas las esferas de la sociedad, y el rock, pero un rock lleno de sentimiento.

 

Por / Jorge Eliécer Triviño

Era el año 1970 y yo me hallaba estudiando el último año de la básica primaria. Por esa época estaba en el mercado la reproducción musical mediante unos aparatos llamados caseteras. La mía era un equipo pequeño de forma cuadrangular, con preciosas teclas marfiladas y brillantes, además de tener un protector de cuero, y una correa para colgarla al cuello; y que, además, servía para escuchar las emisoras locales.

Yo amaba ese dispositivo y oía música hasta altas horas de la noche. Mi padre me lo había regalado. Para mí, era un precioso tesoro con el cual andaba por cualquier lugar, para escuchar música.

Y para acabar de ser más feliz con mi reproductor de música, un tío de la ciudad de Cali, me había regalado casetes de noventa minutos de grabación. En ellos había canciones como: “Agúzate”, “Sonido bestial”, “Gitana”, “Jala jala”, “Gan gan y Gan Gon”, de Richie Ray; “Merecumbé” de Johnny Colon. “Tiahuanaco” de Alfredo Linares, “Yo soy Babalú” de Richie Ray y Bobbie Cruz, “Che che colé” de Héctor Lavoe, “Cuando venga la primavera”, “Payaso”, “Llora corazón”, “Canto de la montaña”, “Tú me recordarás”, “El forastero” y “El emperadorcito” de Nelson y sus Estrellas; “Los charcos” de Fruko y sus Tesos. Había también en ese casete muchos otros temas, noventa minutos de grabación que eran verdaderas joyas de la música soul, que me transportaban.

Yo no cesaba de andar de un lado para otro, escuchando esa preciosa música.

Mi tío Hubier era un melómano y me había hecho enamorar de los clásicos musicales, dentro de los cuales estaban los de las grandes bandas sonoras de las películas, como “El bueno, el malo y el feo”, “Bonanza” “Lo que el vieto se llevó”, “Por un puñado de dólares” y muchas otras obras musicales, dentro de las cuales recuerdo a “Butterfly” de Danyel Gérard.

Pero esta historia no tendría sentido sin el despertar de la sensibilidad de una generación en la que el amor en su elevado sentido no hubiera llegado. Una oleada de seres sensibles apareció en diversas partes del planeta.

En Argentina, México, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, España, Francia, Italia, Inglaterra, surgió un despertar de la consciencia colectiva, floreciendo los sentimientos más elevados, que se erigían para exigirle al mundo la paz y el amor. Ya habían pasado las dos guerras mundiales. Parecía que el Ángel de la paz hubiese tocado su triunfante trompeta, para alertar para que los hombres conociésemos la dulce miel de la armonía. “Paz y amor”, fue la consigna mundial de los jóvenes hastiados de las contiendas. Por todos los lugares, se encendió la llama divina de la vida.

Después del cambio mental, aunque mejor decir sentimental; es decir, del sentir —del alma— y de la mente; una conjunción perfecta entre la luna y el sol. De ahí surgió el término: “ponerse sentimental”

Los jóvenes impusieron una nueva forma de ver el mundo. La cannabis irrumpió en todas las esferas de la sociedad, y el rock, pero un rock lleno de sentimiento.

Cuatro jóvenes: John Lennon tocando la armónica; Paul McCartney y George Harrison tocando el bajo eléctrico, y Ringo Starr, la batería, irrumpieron intempestivamente en el mundo musical fecundándolo, pues trajeron su música —dando un nuevo aire de renovación—.

Con ellos nuestra generación sintió los embates del cambio de mentalidad. El sentir abría sus capullos y un nuevo aroma inundaba el alma de la humanidad, entronizándose en los jóvenes.

El cabello, que antes era corto, adquirió volumen y largura. La ropa se llenó de flores y adornos, los pantalones ampliaron sus botas hasta adquirir la medida de hasta treinta centímetros. Se alzó la voz de la protesta enarbolando la solución pacífica. Las calles se llenaron de hippies, seres acrisolados por la nueva fuerza de la vida que se despertaba como un sentido de disfrute, de gozo, de música. Los parques se nutrieron con ruido y el sonido de flautas de bambú. Aparecieron las mujeres, acompañando a los jóvenes para enarbolar una nueva era.

Los tacones de los jóvenes se levantaron tomando altura. Las chanclas de llanta y las botas casi militares hicieron su aparición, y las faldas se acortaron, apareciendo la minifalda, que mostraba las pantorrillas de las mujeres en todo su esplendor; además de poder sentir la gracia y candor de quienes las lucían.

El mundo se convulsionó, pero algo todavía más raro sucedió: los papás de estos jóvenes aceptaron esta manifestación de rebeldía, tal vez porque intuían que nada había que hacer contra esta nueva generación. No éramos desadaptados, éramos una generación más consciente, que había despertado ese germen del corazón que siente la vida como una sola, que es un solo palpitar armónico, que ama los pájaros, las flores, la música bella que toca la lira de nuestro corazón y que siente que en la luz se resume todo.

De todos los puntos cardinales, surgieron juglares que cantaban al amor en su más elevada expresión; pero hubo un instante culminante: la aparición de una canción que se elevaría como un himno, y del que después, aparecerían otros grupos musicales, otras bandas para llenar el mundo con su música.

Me refiero a Let it be, canción en la que habla de la aparición de la virgen María que dice: Let it be (Déjalo ser); máxima que aboga por una libertad que no poseía, pues la sociedad tenía a los jóvenes abroquelados a los dogmas religiosos y políticos.

Debía sacudirse y buscar otros rumbos, otras formas de ver el mundo, de despertar de ese estado somnoliento en el que se hallaba, y eran justamente los jóvenes quienes debían hacerlo. La sociedad permaneció inmóvil ante ellos, viendo cómo cambiaban el mundo de un solo trazo.

De ese movimiento, surgiría luego la enseñanza del poder mental; de las civilizaciones antiguas y sus conocimientos, de los libros prohibidos. El poder de las pirámides de Max Toth y Greg Nielsen, La otra realidad, de Luis Dueñas Gallo; Recuerdos del futuro de Erik Von Daniken.

Louis Powells y Jackes Bergier dieron a conocer al mundo Los libros condenados, La rebelión de los brujos y El retorno de los brujos. Lobsang Rampa publicó El tercer ojo, o glándula pineal; Uri Geller hizo su aparición en el escenario, mostrando su poder mental doblando cucharas; siendo utilizado luego por los norteamericanos para labores de espionaje.

Los movimientos posteriores daban a conocer la existencia de las sectas ocultas como la Teosofía, la Antroposofía y los Rosacruces, Los Martinistas y la escuela de La Golden Dawn.

La nueva era había abierto una caja de pandora, cuyos efectos nos mantienen aún obnubilados.

Algo se rompió desde ese mismo instante; pero ignoramos qué fue y cómo sucedió.

Era una época tormentosa para el mundo, pues la humanidad estaba cansada de tanto dolor y de intervenir en guerras que no les tocaba.

Se inician, los viajes espaciales. De ello tuve la oportunidad de verlo en un televisor en blanco y negro, desde una ventana de la casa de un barrio cerca de mi casa.

Se iniciaba una nueva era. La del dominio del aire. Ya nada volvería a ser igual.

Aparecieron después las grandes bandas musicales. Queen, Black Sabbath, Led Zeppelin, Deep Purple, Queen, Guns’n Roses, ACDC, Nirvana, Led Zeppelin, The Rolling Stones, Pink Floyd, Metallica, Status Quo, Aerosmith, Kiss, John Bon Jovi, Iron Maiden, The Doors… la lista es bastante larga, para demostrar que se abrieron muchas puertas a otros géneros musicales, y que la humanidad dio un salto cuántico.

Es necesario anotar que cuando se genera un cambio anímico, también se genera un cambio en la mentalidad.

En la naturaleza, los saltos de consciencia no se originan repentinamente. Se van dando paso a paso; por eso quiero poner presente, que ya se había producido en el alma de la sociedad mundial, un despertar, en apariencia pequeño, y fue la parición del bolero, música que toca las fibras más íntimas de nuestro sentir. Él, se fue gestando en el alma de la generación que daría a luz a los jóvenes que cambiarían el rumbo de una sociedad anquilosada en las guerras.

El bolero había hecho su aparición en Cuba en el año de 1883 —el primero en su género fue inspirado por Pepe Sánchez, un sastre cubano—. El bolero se titula Tristezas. Este género musical se afincó luego en el corazón de los mexicanos, quienes lo adoptaron, esparciéndose después por el mundo entero.

Las almas de los seres van siendo tocadas por la magia de la música, y podría decir que van siendo hechizadas y cambiadas, para siempre.

La música es un lenguaje universal que transforma el pensamiento mismo. Debo anotar aquí, que la literatura es poesía y la poesía, es en sí misma, música. ¿Cómo ignorar que hay música en las obras de Gibran Kahlil Gibran, en las obras de teatro Rabindranath Tagore, en las magníficas piezas de William Shakespeare y en la de los grandes clásicos de la literatura?, ¿cómo ocultar que hay música en las esculturas de Moisés y de David de Miguel Ángel Buonarroti; en la Capilla Sixtina, en la Catedral de Chartres; y en las pinturas de los grandes genios?

¿Cómo negar que la música se siente al contemplar la efigie de Gizeh o las pirámides de Egipto, o Machu Pichu, y que ellas son música en sí mismas?

La armonía de las construcciones de cualquier tipo de creación es música, y así mismo lo siente nuestra alma; por esta misma razón esas obras nos conmueven, nos tocan las fibras más íntimas de nuestro corazón; porque estamos hechos con materiales armónicos y musicales, que pertenecen a la misma naturaleza —que es lo divino manifestado— y que dormita en cada ser. Sin la menor duda los estados de esquizofrenia y otras enfermedades mentales, son consecuencias de falta de ritmo, de armonía, de belleza en el alma.

La música es en realidad la generadora de cambios. Para auscultar la realidad de las cosas debemos mirar en el cambio de la música. Ahí sabemos del estado anímico y de la elevación de la sociedad. A una música primitiva —y no hablo en forma de denuesto—, hay un pensamiento primario, mineral; luego viene un sentido más armónico: con movimientos hacia la raíz de la humanidad, luego de elevación hacia la luz; posteriormente, una música que expresa los sentimientos y pensamientos; y después, una música que exalta los sentidos y nos conecta con el mismo universo, del que formamos parte.

Aquellos jóvenes que hicieron su aparición en Inglaterra, sin duda alguna, interpretaron el sentir del inconsciente colectivo; adivinaron la magia que se hallaba latente en los corazones, y la hicieron realidad.

Reconozco que a nuestra generación nos tocó vivir una realidad, y que hemos sido afortunados en haber podido ver una luz más diáfana y transparente; además de disfrutar de cambios tecnológicos como la aparición de la radio, de la televisión, la calculadora, la computadora, internet y de las telecomunicaciones, también de los viajes espaciales.

Nos queda el compromiso —que algunos hemos asumido— de ver las cosas a través de una óptica nueva y despertar la consciencia a las nuevas generaciones que deben entender que el mundo —y nuestra alma—; son como una piedra en bruto que debemos moldear a través del cincel de nuestra imaginación, y de nuestro pensamiento amoroso, para legarle al mundo una obra lo más perfectamente acabada posible.