…El único papel que cumplen los sacerdotes en la literatura contemporánea, como en El Delfín, de Álvaro Salom Becerra, es justificar la voluntad de los poderosos, porque la Iglesia misma es una de esos grandes poderes…

Imagen tomada de www.famosau

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Por: Kevin Marín

José Saramago no alcanzó la fama que le concedió Memorial del convento de 1982 con Levantado del suelo, una novela política de 1980 que muestra las inclinaciones políticas del autor, odiado por la mitad de su país y querido, con suerte, sí, de la otra. Considero que esta novela contempla los temas predilectos de José Saramago que tendrán repercusión en su literatura posterior, principalmente en sus libros derivados del pensamiento religioso cristiano, el hombre y el poder político en nuestras vidas. El autor participó como miembro militante del Partido Comunista Portugués y siguiendo el método biográfico que utilizó Michel Onfray en su devastadora obra contra el psicoanálisis y Sigmund Freud, propongo hacer una descripción corta de los intereses del libro y sus temáticas principales.

José Saramago, militante comunista.

La participación de Saramago en el Partido Comunista no es gratuito en literatura: su obra, Levantado del suelo, es la fiel descripción política de sus ideales y no es, como él mismo lo dijo “una simple novela” sino la transcripción del mundo codificado del escritor respecto a los males de una población, en este caso El Alentejo, y concretamente la Portugal de la monarquía y la república. La elección de los pueblos y territorios campesinos puede ser vista como la imagen real que él guarda de sus años de infancia y adolescencia junto a sus abuelos en el campo; las necesidades y opresiones que tuvieron que sufrir, son, por tanto y al igual que sus personajes (Los Maltiempo) reales en el discurso literario. Una razón más para tildarla como novela política.

La iglesia

Como es típico en el autor el uso del sarcasmo y la ironía, se refiere constantemente a la iglesia a través del padre Agamedes y su tertuliana Clemencia. En diálogos cortos explota los principales conceptos de la Iglesia respecto a la vida en la tierra y la vida eterna en el paraíso. El ideal ascético y místico de la renuncia a los placeres de la vida se vuelve palabra de honor en este sacerdote que vive entre comodidades respaldado por los dueños de los latifundios. Convoca a sermones y mítines en los que les promulga a los obreros que las huelgas, los reclamos, las mejoras salariales y sociales no son posibles, porque para poder acceder al reino de Dios es necesario renunciar al reino de los obscenos hombres, justificando así cualquier tipo de sufrimientos que los hacendados puedan emprender contra sus trabajadores. Una visión por lo demás muy difundida y salida de Marx “la religión es el opio del pueblo”. El único papel que cumplen los sacerdotes en la literatura contemporánea, como en El Delfín, de Álvaro Salom Becerra, es justificar la voluntad de los poderosos, porque la Iglesia misma es una de esos grandes poderes. En la novela del escritor bogotano, un sacerdote también reúne a una sociedad de obreros que se están preparando para la huelga con argumentos religiosos que prometen eternidades en alturas atmosféricas de consideración. Al parecer no es fortuito que el sacerdote (la iglesia) sea necesario en la literatura política y social.

Campesinos y hacendados

Un elemento esencial de la novela política es la vinculación entre dos grupos disimiles: los campesinos (obreros) y los hacendados o latifundistas. La lucha de clases, en términos prácticos. Las relaciones de poder entre pobres y ricos, explotados y explotadores, obreros y capitalistas, miserables y lujosos hombres es la principal característica de la novela. Los vejámenes, las fracturas (tanto físicas como morales), las torturas, los interrogatorios, todo esto mediado por La Guardia, un grupo militar que está al servicio de los latifundistas es reflejado en los pensamientos de la familia Maltiempo y sus relaciones con otros personajes como son los amigos y los individuos que sirven de ejemplo para explicar situaciones no tan aisladas del todo. O sea, las relaciones del más fuerte contra el más débil es el punto de partida de una novela política que crítica el capitalismo y aunque no apoya el comunismo explícitamente, y ya que vimos los orígenes políticos de Saramago, podemos argumentar que sí hace parte de su ideal de gobierno estatal en la que todos los hombres reciben por igual los ingresos y gozan todos de las mismas garantías frente al poder (bueno, al menos en teoría). Hay dos elementos que podrían apoyar esta posibilidad: la celebración de los campesinos del Primero de Mayo y la sublevación de éstos de no asistir al trabajo si los hacendados no aprobaban las ocho horas, cambiando así las horrorosas jornadas de sol a sol, sin derechos a garantías mínimas como las de la salud y la integridad del trabajador. Luchas ambas protagonizadas por los sectores de la izquierda.

Una vez más: Saramago vivió esto de niño y sabía de que hablaba.

saramagoMonarquía y República.

La novela hace alusión al cambio de la monarquía a la república y no hay, a decir verdad, grandes diferencias entre ellas, salvo que la figura del rey cambia por la de los patrones. La vida de los hombres, la detestable condición de aquellos seres humanos son la garantía de su argumento: el hambre, la desilusión, la muerte, los sacrificios, los desastres siguen igual. La República no solucionó el problema de los vejámenes causados durante la monarquía y el sueño de cambio rápidamente se esfumó entre los hombres de Portugal. La alusión a varios líderes políticos es efímera porque tampoco es mucho lo que se pueda contar de ella: el país, y especialmente el campo, sigue igual. Es común ver nombres como los de Gomes da Costa y (Américo) Tomás. Cuando el pueblo se dio cuenta que éste último había sido derribado del gobierno, todo el mundo quiso ir al pueblo de Vendas Novas, donde se enterarían mejor de lo ocurrido. Veremos después los acontecimientos derivados de un sentimiento aparentemente producido por la caída del gobierno, pero que se venía gestando desde hacía mucho tiempo.

El inicio de la revolución

El pueblo, mantenido bajo la opresión republicana siente la necesidad de liberarse de una vez para siempre. Pero no fue algo surgido de la nada: vemos a través de todo el libro que los grupos comunistas marginales reparten fichas, volantes y propaganda clandestinamente para despertar en los campesinos deseos de sublevación. “Recuerden esta fecha, 23 de Junio” dice el narrador en una de las páginas del libro. ¿La Revolución de los claveles? ¿Pero acaso no fue un 25 de abril? El libro, por su naturaleza novelada, no nos cuenta explícitamente las sucesiones gubernamentales que sufre Portugal, pero podemos, por medio de nombres y lugares, hacer un recuento: las dictaduras militares que se sucedían sin tregua, configurando la gran empresa de (militar) llamada Estado Novo que culminó finalmente con La Revolución de los claveles. Es bueno repetirlo: la naturaleza novelada y los detalles que nos brinda Saramago son esenciales para determinar la época, pero son más nuestras interpretaciones (porque, al fin de cuentas, es un relato histórico universal) que la objetividad de lo que es una obra literaria.

Parábola de los muertos

En el último capítulo del libro, el autor habla de una marcha triunfal que hacen los hombres del Alentejo hacia su liberación: una marcha increíblemente gigante de hombres que buscan reconocimiento salarial, laboral y el trato que todo ser humano se merece sin distinción. De un momento a otro comienzan a aparecer los muertos, los parientes de los protagonistas que murieron de innombrables males por culpa de las torturas sufridas en los latifundios y las abusivas atmósferas de pobreza absoluta. Todos ellos van caminando con los vivos, y hay una alegría rodeándolo todo; las palabras de las personas, el ánimo de marchar, los recuerdos de los hombres muertos, todo va en ellos, nada escapa. Todos ven la luz de los nuevos tiempos.  ¿Y por qué los muertos? Pues porque ellos son la fiel representación de lo que nunca debió pasar, son el motor de arranque de los vivos, de lo que ellos no quieren vivir. Los hombres muertos, son, como en una diatriba militar, la fuerza de la revolución, la emancipación y el reconocimiento del derecho natural y por todo esto, no ha de faltar el perro muerto, Constante, que va brincando sin descanso con los hombres, ladrándole de alegría a la vida como todos los mortales que ven en el cambio la fuerza de su existencia.