saramagoHablar de literatura en esta época es raro, particularmente cuando se piensa en regalos, en buñuelos, natilla, terminar la novena e, incluso, la borrachera previa a la resaca que se avecina.

 Por: Juan Moncada

El 25 de diciembre tanto como el 1 de enero deberían ser consagrados a honrar dicho vomitivo y somnoliento estado, posterior a algunos tragos de antioqueño, junto a otras bebidas alcohólicas, aunque este no es el asunto por el que se escribe este texto.

Lo que viene al caso es contrastar, y de paso recomendar así sea para el próximo año cuando llegue el momento para pensar en literatura, a quienes les interesa, claro, un viejo libro de José Saramago, titulado el “Evangelio según Jesucristo”.

Más que analizar el libro o hacer una reseña, para estas fechas si es posible traer a colación una de las escenas más representativas de las que trata la novela o el evangelio que Saramago elabora echando mano de un narrador o evangelista cuyo nombre jamás se llega a conocer.

Dicha escena es entonces precisamente la que marca aquella fecha estandarte de diciembre para mucha gente: el nacimiento de Jesucristo, retratado en el texto de Saramago con decadencia, con detalle y acudiendo a recursos literarios tan de su estilo, los cuales rayando con lo dramático y alegórico, en ocasiones sin que el lector se dé cuenta, abordan y circulan por dominios de la comedia.

Se narra cómo la esclava Zelomi, una mujer apiadada de aquellos dos jóvenes rechazados en todo Belén y que han pasado por múltiples peripecias (José y María), atiende el parto de un niño que se concibió naturalmente y cuyo nacimiento no fue diferente al de sus padres o de muchos otros niños que la esclava recibió y que lloraron al recibir una palmada. Pero no todo queda ahí.

La historia toma desde este suceso un rumbo inquietante, pues es un pastor quien en figura de otras personas ha atormentado a María y de forma indirecta a José, el que anuncia múltiples desgracias, entre ellas, los malévolos planes de Herodes, rey el cual en su enfermedad y en sus sueños cree que en Belén ha nacido el nuevo monarca, mandando a matar a todos los niños menores de 3 años de dicha aldea, algo de lo que se entera José  escuchando a unos soldados romanos.

Este, preocupado por salvar a su hijo, no hace nada por persuadir a las otras familias de lo que se avecina, usando esto Saramago como un recurso para forjar un José atormentado por la culpa, escéptico, huraño, introvertido y al final significativo para una novela de la que no se hablará más y que queda recomendada para quien disfrute de las historias estructuradas con ingenio, por parte en este caso de un autor quien con su vasta obra se ganó el premio Nobel en 1998, a pesar de la polémica que suscitó.

Vendrá pues la resaca alcohólica. Aunque en diciembre no deja de ser un buen regalo la resaca literaria, musical, futbolística, cinéfila o teatral.