Liliana Herrera (1960-2019)

En apenas algunos años, supo transformar una universidad colombiana regional en el más importante centro para el estudio de la obra de Cioran en América Latina.

 

Por / Ciprian Vălcan*

Encontré por primera vez a Liliana Herrera en la ciudad rumana de Sibiu, en 2007, con ocasión del Coloquio Cioran organizado por Eugène van Itterbeek; sin embargo, no podría decir que la conocí con este motivo, porque la vi apenas desde la distancia; luego la saludé de paso, y más tarde, me enteré que estaba enferma y no podía dar su conferencia. Pensé que estaba perseguida por un terrible infortunio, y mucho más, cuando encontré que había tenido ya otro desagradable incidente a la llegada en Rumania –la compañía aérea con la que viajó perdió su equipaje–.

Ciprian Vălcan

Durante tres años no tuve ninguna noticia sobre Liliana, hasta cuando recibí un mensaje suyo en el que me pedía el favor de enviarle: La concurrence des influences culturelles francaises et allemandes dans l’œuvre de Cioran, mi tesis de doctorado sustentada en la École Pratique des Hautes Études de Paris en el 2006 y publicada por Editura Institutului Cultural Român en el 2008.  No sé hasta hoy de dónde tenía mi dirección electrónica, porque yo no se la había dado; sin embargo, esto no es importante. Le respondí inmediatamente, le confesé que no tenía ningún ejemplar del libro y que no logré tampoco encontrarlo en las librerías; no obstante, le propuse enviarle el PDF del volumen. Aceptó y al día siguiente recibió el libro en formato electrónico.

Después de más o menos un año, nuevamente me escribió y me preguntó si estaba de acuerdo con traducir al español mi libro sobre Cioran. Le respondí que sería un honor, pero me mostré un poco reservado, porque me parecía un esfuerzo colosal –pensé inmediatamente en el enorme trabajo que implicaría encontrar los cientos de citaciones del volumen–; Liliana me agradeció y no dio ninguna señal de vida por más de un año.  Cuando me volvió a escribir, me anunció que avanzaba en la traducción con el apoyo de un profesor francés radicado en la ciudad de Pereira, Patrick Petit. Nuestra correspondencia continuó casi al mismo ritmo, un mensaje por año. Esta se intensificó apenas en el 2014, cuando Liliana empezó a enviarme diversos fragmentos de los que tenía la impresión de no entender suficientemente, y yo debía darle las explicaciones necesarias. Luego, Liliana me invitó, tanto en el 2014 como en el 2015, al coloquio dedicado a Cioran, que organizaba hace algunos años en Pereira. Tuve la necesidad de rechazarla, porque tenía ya programados otros viajes al extranjero. Pero, a la final, pude aceptar la invitación para el coloquio de octubre de 2016. Entre tanto, la traducción fue terminada y el libro: Influencias culturales francesas y alemanas en la obra de Cioran, apareció en la primavera de 2016.

Libro de entrevistas de Ciprian Vălcan, traducido por Miguel Ángel Gómez.

Apenas conocí verdaderamente a Liliana con ocasión de mi estadía de diez días en Colombia. Desde la distancia, tuve la impresión de que era una persona misteriosa, emotiva y muy reservada. En Pereira, descubrí un ser de una rara delicadeza, dotada de una inagotable energía, cálida, llena de encanto, con mucho sentido del humor, capaz de un entusiasmo contagioso, demostrando una admirable franqueza. Liliana vivía para Cioran, para la música, para sus estudiantes, para sus amigos, siempre lista para dar una mano de ayuda, siempre lista para implicarse en el apoyo de aquellos talentosos, pero carentes de recursos. Se movía con una gracia imposible de imitar y, debido a sus actitudes, hacía verdaderos milagros, intimidando a los burócratas, haciéndolos retroceder a los zopencos, desarmando con una simple sonrisa a los tontos que se consideraban muy seguros de sí mismos. Así como debía ser, era adorada por los estudiantes, que la hubieran seguido hasta los confines de la tierra si se los hubiera pedido. Sin embargo, Liliana nunca pedía nada, y solo imponía su presencia plena de delicadeza, y esto la hacía irresistible.

En apenas algunos años, gracias a su extraordinaria tenacidad, y también a su carisma personal imposible de negar, supo transformar una universidad colombiana regional, la Universidad Tecnológica de Pereira, en el más importante centro para el estudio de la obra de Cioran en América Latina. Supo llevar a Pereira intelectuales de Francia, Holanda, España, Canadá, Brasil, Rumania; publicó varios volúmenes colectivos sobre Cioran, asesoró tesis de doctorado y tesis de licenciatura dedicadas a Cioran, dio entrevistas a los más importantes diarios colombianos, tradujo artículos y libros, participó en emisiones de radio y televisión, ella misma fijó por toda la ciudad los carteles que anunciaban el desarrollo del coloquio Cioran. Y, para que las cosas ganaran más amplitud, logró implicar en su proyecto universidades y grupos de intelectuales de las ciudades vecinas, de tal manera que sobre Cioran se hablaba no solo en Pereira, sino también en Manizales, Armenia y Cartago.

La casa de Liliana y de Carlos, su destacado esposo, exrector de la Universidad Tecnológica de Pereira, estaba llena de libros, instrumentos musicales, discos de música clásica e innumerables CD. A menudo, su buena amiga, la cantante Beatriz Calle, improvisaba, con su inverosímil voz grave, formidables conciertos para los invitados del extranjero alrededor del piano de la sala de estar. La gente sentía que hacían parte de algo único, de algo que ya no es posible en la Europa de hoy, cada vez más obsesionada por la tecnología y la productividad, incluso si fue posible alguna vez, en épocas que quedaron solo en las referencias de la literatura.

El cuarto de Liliana era un verdadero museo en miniatura dedicado a Rumania: inmensas fotografías de Cioran de diversos periodos de su vida, la bandera de Rumania, íconos de vidrio, vasijas de arcilla, muñecas, máscaras de Maramureș, platos de porcelana adornados con motivos populares rumanos, ediciones rumanas y francesas de las obras de Cioran, cuchillos de madera, colgantes, copas para beber țuică[1]. Liliana confiaba en que, en otra vida, nació y vivió en Rumania, y su pasión por este extraño y alejado país la atraía desde entonces.

Intentando aprender la lengua materna de Cioran, Liliana pensó que tendría necesidad de un hablante rumano nativo. Fotografía / Cortesía

Así como me contó en las noches que pasé en Pereira, después de que las actividades oficiales de nuestros encuentros se terminaran, Liliana se transformaba totalmente por la emoción, cuando lograba ir a Rumania, de tal manera que apenas estaba en estado de balbucear alguna palabra: comía muy poco y con mucha dificultad, perdía bruscamente la energía y tenía necesidad de todo el apoyo de Carlos para llevar a buen término el viaje.  Soñó durante mucho tiempo volver a Rumania, se imaginaba cada detalle, cada avenida que quería pisar, cada monumento que se proponía visitar; pero cuando llegaba, finalmente a cumplir el deseo, casi no podía hacer nada, se paralizaba por un pánico supersticioso, se sentía traicionada por su propio cuerpo que de repente y bruscamente era incapaz de servirle. En Colombia añoraba ir a Rumania, sentía que era demolida por el deseo inexplicable de correr los callejones de las pequeñas ciudades de Transilvania, siguiendo los pasos de Cioran; pero cuando llegaba el momento, sufría terriblemente las dolencias, durante dos semanas, sin tregua. Rumania, país al que quería tanto, amenazaba con transformarse en un veneno para su delicada hechura, pero esto no le impedía soñar que podría tener algún día la ciudadanía rumana y mudarse para alguna parte en Transilvania.

Intentando aprender la lengua materna de Cioran, Liliana pensó que tendría necesidad de un hablante rumano nativo. Buscó en todas partes, pero en Colombia había pocos rumanos y la mayoría de entre ellos se encontraban en Bogotá. Finalmente descubrió que había un rumano en Pereira, una mesera muy joven. Logró llegar a donde ella y le rogó que le enseñara la lengua rumana. Intimada, probablemente, por pensar que debería dictarle cursos a una profesora universitaria, la joven rechazó, con el pretexto que tenía muchas ocupaciones. Liliana no se rindió e intentó aprender sola, empleando diversos cursos editados en Bucarest. Y para tener más posibilidades de lograrlo, convenció también a Rodrigo Menezes de implicarse en el proyecto, un admirable intelectual brasileño interesado en la obra de Cioran, así que durante muchos años estudiaron juntos la lengua rumana conectándose por Skype y escuchándose mutuamente.

En un momento dado, cuando estaba con ella y con Carlos, Liliana me preguntó cuál era la expresión empleada por el pastor ortodoxo durante la ceremonia del matrimonio. Intenté pronunciar lo más lento y más claro posible: “Se cunună robul lui Dumnezeu X. cu roaba lui Dumnezeu Y”[2]  Me  pidió que le tradujera. Traduje inmediatamente, explicándole que “rob[3]” es sinónimo de “esclavo”[4]. Además, porque vimos cerca de casa una carretilla[5] con la que los trabajadores contratados por Carlos transportaban los materiales necesarios para construir un pequeño taller de madera; le dije que también este instrumento tan útil es llamado igualmente en rumano “roabă”[6] y le expliqué cómo funciona la homonimia. Mis explicaciones le fascinaron, fortaleciéndole la convicción de que la lengua rumana es una lengua llena de fuerza. Tomó un cuaderno y me pidió el favor de escribirle en él:  “Se cunună robul lui Dumnezeu Carlos cu roaba lui Dumnezeu Liliana”[7].  Alegre la escuché y escribí lo que me pidió, empleando caracteres de imprenta.

En otoño de 2019, después de conocer la terrible noticia de la muerte de Liliana, solo pude no pensar en aquellas palabras escritas a mano deben seguir en un cuaderno en su cuarto de Pereira.

*Timișoara- Rumania, marzo de 2020. Traducción del rumano al español de Miguel Ángel Gómez Mendoza, profesor Universidad Tecnológica de Pereira-Colombia

[1] Bebida alcohólica típica de Rumania. De elaboración artesanal, es muy recurrente en los hogares. Se prepara a base de ciruelas (N. del T.)

[2] “Se casa el siervo de Dios X con la sierva de Dios Y.” (N. del T.)

[3] Siervo en español. (N. del T.)

[4] Sclav en rumano. (N. del T.)

[5] Roabă en rumano. (N. del T.)

[6] Carretilla en español. (N. del T.)

[7] “Se casa el siervo de Dios Carlos con la sierva de Dios Liliana” (N. del T.)