Uno de los temas que más generan polémica en el debate sobre el relativismo cultural es la cuestión de cómo zanjar las diferencias entre las comunidades, lo cual lleva a la pregunta de fondo sobre las relaciones históricas entre las diferentes culturas y sobre las posibles soluciones a dichas diferencias que causen problemáticas consideradas como significativas, tanto para los individuos como para los colectivos.

relativismo

Personaje der: No es nada personal, es solo una parte de mi cultura.

Personaje izq: Eh… bueno, en mi cultura existe la costumbre de vivir muchos años.

Personaje der: ¡Silencio! No intentes imponerme tus principios.

 

Por: Edwin A. Hurtado

Los relativistas culturales siempre hacen más énfasis en las diferencias que caracterizan los diferentes grupos humanos, olvidando conveniente o distraídamente sus semejanzas y puntos de unión. Pero si lo que queremos es lograr que los seres humanos puedan desarrollar sus vidas de manera digna y relativamente libre, debemos buscar los caminos que nos permitan corregir los problemas que aquejan a nuestras sociedades, tanto a la típica sociedad industrial en la que la mayoría de nosotros nos desenvolvemos, como en los diferentes ecosistemas donde conviven diversas cantidades de seres humanos que han tenido algún contacto con otras culturas; entre esas nuestra enorme mezcolanza. ¿Cómo advertir los obstáculos que nos impiden vivir estas vidas? ¿Cómo reconocer las diferencias y utilizar los conocimientos adquiridos para el beneficio de la mayoría? ¿Cómo dejar atrás las tradiciones y costumbres más arraigadas con miras a una reinterpretación de la realidad, a una realidad donde el individuo pueda desarrollarse en autonomía? ¿Basta acaso con anexar todos los pueblos a nuestra bola de nieve hacia el peñasco?

Diferentes autores han elegido el camino sencillo del “cada cultura elige”, poniendo algo abstracto como la cultura por encima de la tangibilidad y sufrimiento individual, olvidando que las causas del malestar presente se encuentran al menos parcialmente en las acciones del pasado, y que la inocente oda a la identidad cultural solo genera más división y ceguera que caminos hacia adelante. Otros han proclamado la cuasi perfección de las sociedades occidentales y esperan que todos los demás grupos humanos se anexen a sus hábitos y vicios sin más, continuando de esta manera con el triste proceso de pérdida y aniquilación de los conocimientos acumulados por tantísimos humanos que no fueron escuchados, ya sea por la incapacidad generada por las diferencias lingüísticas o por las barreras culturales, algunas de las cuales ciegan cuando iluminan de más, cuando prometen un cielo inexistente para entretener a los muertos. Sin embargo, algunos otros han abogado por la sensata posición de ver a los humanos como iguales y juzgar sus prácticas, rituales e ideas por su contenido y no por sus descubridores y/o defensores, además de buscar las maneras que permitan que las mismas personas que se verían afectadas por los cambios a producir sean las que decidan consensuadamente su futuro. Esta forma de avanzar en los problemas que separan las culturas puede denominarse “diálogo intercultural” y se me antoja una de las mejores opciones al respecto. A continuación, les comparto cuatro situaciones en las que esta herramienta ha sido relativamente exitosa:

1.Prohibición de la ablación del clítoris entre los emberas chamíes: Desde el año 2007 se sabe que en Colombia se practica la ablación del clítoris en algunos resguardo de la comunidad Embera Chamí, y a partir del caso de una niña muerta por infección después del suceso, se avivó un debate nacional, por una práctica cultural bastante común en Asia y África, pero que no había sido reportada con seguridad para el país. Diferentes organizaciones feministas e instituciones gubernamentales, al igual que algunos antropólogos, han estudiado y debatido el fenómeno con miras a darle solución y ya existe una prohibición expresa de la comunidad para realizar una práctica, que según muchos hombres embera arguyen, había permanecido como secreto entre mujeres y parteras, e incluso se sabe que algunas mujeres adultas ni estaban enteradas de la presencia o ausencia de su clítoris. Aunque me parecen rescatables los logros en este campo, y las mismas autoridades indígenas han reconocido en varias ocasiones los derechos violentados con esta tradición (quizás copiada después de la conquista), no creo que deba usarse como argumento el hecho de que no sea una práctica ancestral original, sino que, como pretendemos todos los antirrelativistas, los humanos debemos enfocarnos en identificar, sin ese tipo de sesgos particularistas, las acciones que afectan nuestro desarrollo como individuos y / o colectivos (si quieren informarse más sobre el tema, que aún se encuentra en debate en Colombia, pueden leer este artículo de la antropóloga Raquel González).

2. Consumo de carne de tortuga entre indígenas guajiros: Desde hace algunos años, diferentes ONG y organizaciones ambientales como Conservación Internacional han venido adelantando un diálogo intercultural con los indígenas Wayuu que busca reducir el consumo de carne de tortuga Caguamma entre ellos. La idea consiste en brindarles alternativas tanto de comida como de empleo para que de esta manera no se vean obligados a usar este recurso y obstruir así los programas de conservación que se vienen adelantando con la especie. En este punto, debemos tener en cuenta que muchas especies se encuentran críticamente amenazadas principalmente por los hábitos de vida de las sociedades masivas y que por tanto no debemos culpar directamente a los demás grupos humanos de las actividades que en otro contexto venían realizando incluso hace siglos, sino que debemos buscar la forma en que, en sincronía, podamos realizar programas en conjunto con miras a la protección de la naturaleza y a la solución de las problemáticas coyunturales.

3. Administración de luz eléctrica a algunos indígenas ecuatorianos:

120814125732_amazonia_304x304_bbc_nocreditEn plena selva amazónica del Ecuador, en mutuo acuerdo entre los indígenas Shuaras y el gobierno, se decide instalar en sus territorios paneles solares que les permitirían tener luz eléctrica durante las noches; aunque ya tenían antes a través de otra tecnología, esto lo hace más eficiente y menos ruidoso. Mientras algunos bienintencionados indigenistas occidentales pensarían que esto es un atropello contra sus tradiciones y culturas, los indígenas parecen bastante contentos con la tecnología, por una razón en la que muchos románticos relativistas parecen no haber pensado: ahora pueden ver las criaturas de la noche. Una de sus niñas había muerto por un alacrán y no son poco frecuentes las historias sobre las temibles hormigas Conga, algunos tipos de serpiente, entre otros peligrosos e incómodos coterráneos de la selva. Esto es una muestra más de que la tecnología debería usarse para el bien general y que deben buscarse estrategias para llevar esto a buen término, y  a su vez rechazar las pretensiones de los alienados primitivistas que parecen incapaces de vislumbrar el gran potencial de la tecnología para una vida digna y perfectible.

4. Manejo de la enfermedad Oncocercosis producido por un tipo de gusano: gluteo-yanomami-300x210La Oncocercosis es una enfermedad que ha sido casi eliminada de todos los rincones de América, pero que subsiste en las poblaciones de indios Yanomamo en el Amazonas. Varios equipos de médicos luchan entonces con las dificultades impuestas por las fronteras abstractas, tanto las espaciales como las culturales para explicar y aplicar los tratamientos correspondientes a los infectados con la enfermedad y poder así erradicarla y mejorar la calidad de vida del continente en general. El diálogo intercultural también ha jugado aquí un papel importante : “Siempre nos reciben bien, porque con nosotros trabajan agentes yanomami, que hablan su lengua y comparten su cultura. Ellos consiguen que nuestras medicinas sean aceptadas”, apunta. “Los médicos somos aceptados en una jerarquía similar a la de sus chamanes”. Aquí además parece importante señalar la diferencia entre los postulados emic (desde el interior de la cultura) y los etic (objetivos) con respecto al origen de la enfermedad y poder así generar procesos que ayuden a evitarlas o mitigarlas.

Hemos visto entonces que con el diálogo intercultural es posible comunicar nuestras diferencias y falencias, y tratar, al menos, de encontrarle solución. Aunque es cierto que podemos encontrarnos con obstáculos infranqueables temporalmente en algunos casos, se me antoja mucho más útil y pragmática esta posición, y no la distraída comodidad de quienes ven a todo indígena como arcángel y nunca han reflexionado sobre la validez del ya evidente mito del buen salvaje. Sin embargo, es importante también, y es esta una de las principales intenciones de mi escrito, dejar claro que aunque haya comportamientos éticamente criticables en las culturas no industriales, esto no nos debería cegar respecto a nuestros propios errores, y tanto como criticamos sus acciones, tradiciones y creencias, podemos también criticar las nuestras y dejar que ellos también critiquen las nuestras. De todo este proceso quizá salgamos con la conclusión de que las creencias y costumbres de todos los pueblos y culturas son de una u otra manera respuestas a las condiciones específicas que se les han presentado, y que si ahora consideramos que esas acciones ya no son necesarias, podemos ayudar a cambiar las condiciones que las hacen elegibles. No se trata entonces de dejar a los “primitivos” como especímenes de museo que se pudren entre la humedad y la oscuridad, ni tampoco de llevarlos a las ciudades para vestirlos con corbatín y enseñarles etiqueta, sino de construir cada vez más puentes y escenarios que nos permitan dialogar y elegir, de entre toda la mezcolanza cultural que la historia ha hecho de nosotros, las opciones, sin importar su origen, que potencien nuestro desarrollo como individuos y colectivos, y que mantengan la unidad subyacente a la humanidad, que millones de enemigos conscientes e inconscientes siguen tratando de resquebrajar y relegar.