Por su manejo estilístico, ha dado pie para que críticos lo apoden “el artista de las letras”, o “el malabarista de la escritura”, y es por esto que se convierte en un anti-escritor, que transgrede las normas tradicionales para imponer las suyas propias como si fuera el más puro creacionista. 

Mario Bellatin (izquierda) es un escritor mexicano, cuya novela Salón de belleza figura en el número 19 de la lista seleccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles entre los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.

Por:  Diego Firmiano

“Lo raro es ser un escritor raro. Yo afirmo que lo soy.                                                                                                                                                         Y es fundamental que lo sea,  pues mi rareza oxigena el sofocado espectro de la novela”. Mario Bellatin

Ver llegar al escritor mexicano Mario Bellatin al auditorio “César Vallejo” produjo vértigo y adrenalina entre los participantes de la cuarta feria del libro en Perú. Su escritura experimental y sus prolíficas obras literarias como Mujeres de sal (1986), Salón de belleza (1994), Damas Chinas (1995), Shiki Nagaoka: Una nariz de ficción (2001), El Gran Vidrio (2007), y su reciente obra, Disecado (2011); hacen de este hombre un escritor raro, como lo llaman algunos críticos y seguidores de su trabajo literario.

Este escritor encarna uno de los proyectos literarios más originales de los últimos años, la ‘Escuela Dinámica de Escritores en México’, una especie de anti-taller literario con el que busca romper los mitos literarios y desacralizar el proceso de la escritura, porque lo que Mario Bellatin fabrica mediante sus obras son discursos que golpean las poses literarias mas irrisorias, más arraigadas en las mentes contemporáneas. Está en contra de que el autor construya una obra en forma lineal utilizando el lenguaje, las estructuras previamente fijadas, la semántica, etc., como único recurso válido. En pocas palabras, Mario Bellatin lo que produce y lo que enseña es que hay que intentar ser un escritor sin escritura, un artista de las esencias más que de las palabras, hacer reflexión más allá de la escritura. En sus propias palabras: “Yo no sé si hago literatura, lo único concreto y real, lo único que sé es que yo me siento y escribo”.

Y es que en este escritor, que para muchos es de culto, las palabras aparecen y desaparecen, hay una transgresión de las normas, de los estilos, una alteración de la cronología en su escritura, y con una furia iconoclasta abre perspectivas de creación literaria para las nuevas realidades que se vierten en la escritura moderna. Por su manejo estilístico ha dado pie para que críticos lo apoden “el artista de las letras”, o “el malabarista de la escritura”, y es por esto que se convierte en un anti-escritor, que transgrede las normas tradicionales para imponer las suyas propias como si fuera un más puro creacionista.

Es evidente que en su singularidad hay una especie de anarquía literaria que escapa a todo lo institucional o lo predeterminado. En la entrevista que concedió, dejó en claro que lo literario no se encuentra en el lenguaje -cargado de una pesada herencia del deber ser-, sino en el camino que cada creador forja según sus necesidades expresivas.

Antes de atiborrarlo con preguntas encuestadoras, contó que había conocido a Gabriel García Márquez en San Antonio de los Baños en Cuba mientras estudiaba guion cinematográfico, y que era amigo directo de Fernando Vallejo, pero que este nunca lo había invitado a Medellín. También habló de su reciente obra que esta por salir al mercado, y que los seguidores más acérrimos de su estilo esperan con ansia. Y por fin, como si fuera una audiencia de formulación de cargos, realizamos la entrevista personalizada:

Bellatin fue director del Área de Literatura y Humanidades de la Universidad del Claustro de Sor Juana y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México de 1999 a 2005.

Entrevista

El mundo vive cambios transcendentales en importantes áreas como economía, política, entre otras, surgiendo nuevas problemáticas, ¿qué  género, estilo o medio es ideal para retratar los problemas actuales en la sociedad?

Los tenemos a la mano, están las redes sociales, la televisión, etc. Respecto a  la literatura, yo creo que es el espacio del arte, que es el espacio de la reflexión y no el espacio de la transmisión directa. Hay veces en que se ha confundido el rol social de la literatura, como medio de representar de una manera directa lo coyuntural, muchas veces lo literario ha pasado a un segundo plano, en virtud de que ha sido utilizada como una simple herramienta para contar ciertos sucesos. Para eso, entonces, existen las redes, que son medios muchos más efectivos para explicar la inmediatez del mundo, y el arte debe mantener cierta distancia para explicar de otras maneras estos cambios que va sufriendo el hombre.

¿Cómo define su estilo literario y cuál es su aporte como escritor a la sociedad actual?

Trato de no etiquetarme y eso ya es un estilo, eso ya es una manera importante de hacer que mi escritura continúe descubriéndose a sí misma, y no quede anquilosada en una etiqueta;  no siento que haya un aporte en particular, no tengo un ego así que me permita cambiar el mundo, pero tal vez el hecho de que yo me dedique a escribir y que lo vea por la cantidad de libros publicados, etc., creo que puede servir como para que alguien que sienta la necesidad de ser escritor o de ser un creador lo haga a pesar de las circunstancias, que tiene todo en contra, porque todo está en contra y que pueda superar cualquier circunstancia y seguir con su ideal.

Es peruano, tiene raíces peruanas. ¿Por qué escogió México para su formación y desarrollo literario?

Yo nací en México y viví en Perú muchos años, entonces sí hay como una presencia peruana muy grande en mi vida; pero nací en México y mi vida la hago allá, estoy totalmente inmerso en una dinámica mexicana, entonces creo que es más fácil y más honesto sentirme un escritor mexicano, que se formó aquí y que tuvo muchas experiencias. Ahora lo mencione, Edgardo Rivera Martínez fue un maestro para mi, un gran escritor, una referencia muy importante para mi trabajo, entre otros peruanos más por supuesto.

-Finalista del Premio Médicis 2000 a la mejor novela extranjera publicada en Francia
-Premio Xavier Villaurrutia 2000 por su novela Flores
-Beca Guggenheim, 2002
-Premio Mazatlán de Literatura 2008 por su novela El gran vidrio

En su opinión personal, ¿cuál es la mejor editorial y por qué?

Una pregunta difícil porque yo soy el rey del cambiar de editoriales. Yo pienso que la mejor editorial es la que es manejada por sus propios impulsores, que no pertenezca a monopolios económicos, sino a la que responda cien por ciento a la decisión personal de su productor. Que exista un editor que tenga la misma libertad y el mismo entusiasmo que tiene un autor frente a su obra.

A mi lo que me gustaría es que el editor, el dueño, el que se encarga de esta editorial, tenga la misma sensibilidad que tiene un autor frente a su propia obra, y eso mucha veces se pierde con las fusiones, monopolios, ventas, estafas, olvidos, o sea olvidos de pasado, que es algo terrible; editores que surgieron, incluso idearon editoriales como sistemas de resistencia que al final fueron comidos por el mercado, y al final hacen las mismas prácticas espantosas para los cuales supuestamente fueron creadas.

Como postre o sobremesa, como decimos en Colombia, ¿cuál es su obra en proceso?… Y no sé si podría darnos una sinopsis de ella.

El ultimo libro todavía no lo conozco, es un libro que está por llegar y se llama “Libro uruguayo de los muertos”. Es mi primer libro largo. Es un libro que escapa a los cánones de mis obras anteriores, tiene 300 páginas editadas más o menos, es un libro corto, pero para mi es como una especia de Corán o Biblia, lo digo por la extensión y no me acuerdo de qué se trata en realidad, porque yo entrego los libros, escribo un poco para olvidar, sé que es una larga carta, está escrito en género epistolar, es una carta larguísima de 288 péginas a un destinario abstracto, y yo creo que trata de la imposibilidad del amor, la imposibilidad de muchos de los ideales que tenemos como seres humanos, que siempre albergamos poder llevarlos a la práctica,. Entonces, en vista de esa imposibilidad en la vida cotidiana, decidí hacer esa larga carta.

Por último, un consejo para los escritores nuevos o jóvenes colombianos y latinoamericanos…

Que no le hagan caso a nadie.

Gracias.