Mejor ritmo que conducta: Chuck Berry

El mundo de la música recibió la noticia: Chuck Berry ha muerto. Sin embargo su inconfundible estilo es inmortal porque fue uno de los pioneros del rock’ n roll, junto con Little Richards, además de ovacionar al publico con su conocido paso de baile duck walk, movimiento escénico que fue referente en la música de los años 50 en adelante.

 

Por: Joaquín Barañao*

Charles Edward Anderson «Chuck» Berry nació en 1926, aunque supongo que no cometerá el desatino de preguntar dónde (por supuesto, en el seno de una familia afronorteamericana del sur de Estados Unidos; en su caso, en San Luis, Missouri).

Su juventud estuvo marcada por la precocidad, tanto en el plano musical como penal. Así como a los catorce años realizaba una interpretación pública en su escuela de cierta canción de blues subida de tono, a los 18, justo antes de graduarse, era condenado a tres años de prisión por robo a mano armada. Berry se unió allí a un grupo de góspel, pero una vez libre se enfrentó a la necesidad de ganar el pan del día a día, y la música no era una opción de corto plazo.

Trabajó de conserje en una planta de ensamblaje de autos, ofició de fotógrafo independiente y ayudó a su padre como carpintero. Hasta se embarcó en estudios vespertinos para formarse como peluquero y cosmetólogo[1]. La primera encarnación del ideal de bestia varonil rocanrolera estuvo a punto de pasar el resto de sus días en salones de bellezas de señoras.

Cuando la vocación se lleva en la sangre, sin embargo, no hay curso de cosmetólogo que te detenga. El aprendiz de peluquero siguió perfeccionando su dominio de la guitarra en su tiempo libre y rasguñando algunas monedas extra en la noche sanluiseña. De a poco, acopió una resonancia respetable en los alrededores de la ciudad.

Influenciado por el blues de T-Bone Walker, Berry se unió en 1953 al Johnnie Johnson Trio, una banda especializada en blues y baladas. Dos años después, viajó a Chicago, donde se reunió con Muddy Waters, «el padre del Chicago Blues moderno» (ya está dicho, añada una secuencia de caracteres ASCII al azar antes o después de «blues» y las chances de dar con un subgénero no son bajas). Waters lo puso en contacto con uno de los peces gordos de la industria discográfica, Chess Records.

Allí grabó la canción que llevó a Rolling Stone a exclamar «La guitarra del rock and roll comienza aquí». Planeaba llamarla Ida May, pero a Leonard Chess le pareció demasiado cursi. El productor notó un pote de rímel en el suelo en la esquina del estudio, y dijo «bueno, demonios, nombremos al maldito asunto Maybellene», cambiando la ortografía para evitar apuros legales con Maybelline. Sin proponérselo, Berry honraba su pasado como cosmetólogo[2]

Maybellene vendió más de un millón de copias, y Chuck informó a Johnnie Johnson Trio que cierta imprevista avalancha de dólares lo forzaba a dejar la banda. Johnnie se convirtió en su brazo derecho, hasta que en 1973 las animosidades pusieron fin a la sociedad.

Como relata el musicólogo e historiador de la música Bob Gulla, «a través de sus letras ingeniosas, palabras llenas de guiñadas insinuaciones y juegos de palabras menores acerca de autos y chicas, Berry sentó las bases de la actitud rocanrolera».

The Rock and Roll Hall of Fame escribe de él:

Aunque de ningún individuo se puede decir que inventó el rock and roll, Chuck Berry es lo más cercano a la figura que puso todas las piezas esenciales juntas. Fue su particular genio el injertar licks de guitarra country & western en un chasis de R&B en su primerísimo sencillo, Maybellene.

Cuando Gulla habla de «sentar las bases» de la actitud rocanrolera, se refiere al séquito de seguidores que siguió la huella abierta por Berry. De la versión de Rock Around the Clock que popularizó Bill Halley & His Comets en 1954, The Rock and Roll Hall of Fame ha dicho que «se transformó en el himno de la juventud rebelde de los ‘50».

Little Richard era el arquetipo del nuevo pathos musical: joven afronorteamericano, abiertamente bisexual y promiscuo, y cuyos más grandes éxitos configuraban descripciones veladas de encuentros homosexuales y prostitución. Jerry Lee Lewis se convirtió en una sensación de la noche a la mañana en 1957 con su adaptación rock de Whole Lot of Shakin’ Going On, pero que no pocas radios boicotearon por sus abiertas insinuaciones sexuales.

De los titanes de esta etapa germinal del rock, quizás la gran excepción es otro sureño más: Buddy Holly. Luciendo gruesos anteojos e impecable chaqueta, este sí era un tipo que no hubiese tenido mayores problemas para ser recibido en el living de los suegros. Junto a su banda, The Crickets, sentó la formación tradicional de las bandas de rock, con dos guitarras, bajo y batería.

En 1956, Berry volvió a Chess con novedades bajo el brazo: Too Much Monkey Business, Roll Over Beethoven y Brown Eyed Handsome Man. En palabras de Gulla, estas canciones se erigen hoy como «la piedra angular del rock and roll». De paso, estableció la formación canónica: guitarra eléctrica, bajo, batería y piano (este último, reemplazado por teclados eléctricos por parte de sus sucesores). Como explica el periodista de Rolling Stone Bud Scoppa: «A esas alturas, el escritor/artistas tenía resuelta su fórmula: un riff de guitarra, un beat, una chica, hormonas furiosas, una campanilla de secundaria tintineante y un guión en desarrollo».

El problema con las «hormonas furiosas», eso sí, es su propensión a la desmesura. Berry se entusiasmó más de la cuenta con una mesera apache de catorce años, y fue condenado a otros tres años de prisión. Entre sesión y sesión del juicio, no dejó de componer, y alcanzó a lanzar Come On antes de su forzoso «come inside». Sirvió un año y medio antes de recuperar su libertad en 1963.

Al salir, siguió gestando hits, pero sin el éxito de la década de los ‘50. Por lo demás, solo se puede cofundar el rock and roll una vez, y el trabajo ya estaba hecho. Esta etapa de Chuck está marcada por presentaciones nostálgicas de sus éxitos pasados.

Donde siguió tan vigente como siempre fue en tribunales. Su tercera estancia carcelaria arrancó en 1979, esta vez por evasión de impuestos. Quizás comenzaba a extrañar a los guardias. En 1990 fue demandado por un grupo de mujeres que encontró una cámara de video en el baño de su restaurante. La policía halló cintas de chicas con menos ropa de la prevista en su casa, incluyendo una menor, junto con 62 gramos de marihuana. Fue condenado a seis meses de pena remitida por posesión de drogas.

Al bueno de Chuck aún se lo puede ver arriba del tablado, pero el calendario no avanza en vano y no es un espectáculo demasiado feliz. En su presentación en Chicago el 2011, el agotamiento le pasó la cuenta y se desmayó en pleno escenario.

Superestrellas al acecho para tomar el relevo, sin embargo, no fueron escasas.

 

*Texto extraído de: Historia Freak de la música. Amazon. Epub. 396 págs.

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1- Bruce Pegg. «Brown Eyed Handsome Man: The Life and Hard Times of Chuck Berry». Ed. Routledge, 2013. ISBN: 9781135356842. Pág. 22 https://books.google.cl/books?id=nd-MAQAAQBAJ&pg=PA22 

2- Jim Miller. «Flowers in the Dustbin: The Rise of Rock and Roll, 1947-1977». Ed. Simon & Schuster, 1999. ISBN: 9780684808734. Pág. 106