Si por algo se puede reconocer al cine como una de las más importantes formas de arte, es, entre otras cosas, por su capacidad de perpetuar y perpetuarse.

Tomado de lamariposayelcolibri.blogspot.com

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Por: Andrés Osorio

Perpetuar, porque puede llevar historias de la cotidianidad a niveles muy altos de calidad e intensidad, y perpetuarse, porque esa misma trascendencia hace que los espectadores se lleven entre cejas una o varias imágenes que perduran, no solo en la memoria colectiva, sino también en la personal. De ahí que existan películas que por su forma y fondo, signifiquen más para unas personas que para otras.

En el caso de Cinema Paradiso, la historia de un “maduro y afamado realizador, que frente a la demolición de un viejo cine, rememora su infancia y los momentos allí vividos en compañía del entrañable encargado del local”, es llevada a tal grado de belleza y genialidad, que se convierte en uno de los mejores tributos que el cine, le ha brindado al mismo cine.

Tornatore, por momentos desarrolla un ritmo ágil y sutil, en otros lapsos la narrativa toma una forma más estilizada, pero en ningún momento pierde la brújula que cautiva al espectador y que segundo a segundo expresa un amor profundo por el cine, capaz de traspasar épocas, formatos, dramas, film noirs, westerns y cualquier cantidad de joyas cinematográficas.

Además de ese recorrido por el cine de mediados de siglo, Cinema Paradiso se muestra como una celebración de la juventud, la amistad y la vida, todo a través de esa magia perpetua que tienen las películas. Es inevitable no sensibilizarse ante ese dedicado y recio proyeccionista (interpretado genialmente por el actor francés Philippe Noiret) y ese inquieto chiquillo que discuten por unos carretes vetados, justo al lado del mítico afiche de Casablanca.

La película tiene otras escenas memorables, como esa en la que la cámara sigue magistralmente el recorrido de una proyección que llegaría hasta una de las casas del parque, al igual que la desgarradora secuencia final, que remata como una lanza el corazón de cualquier cinéfilo. Y si en ese clímax el espectador aún no se ha sensibilizado lo suficiente, el único ingrediente que hace falta es la impecable banda sonora de Morricone, que durante todo el film ambienta de forma extraordinaria el desarrollo de las acciones, y que se encarga de asestar la estocada final, para que no queden antojos de duda de porqué el cine es uno de los espectáculos más sublimes del mundo.

Actuaciones, realización, música e historia, hacen de este film un homenaje y una poesía al cine y al amor.

cinema420972Dirección y Guión: Giuseppe Tornatore
Año: 1988
País: Italia – Francia
Reparto: Philippe Noiret, Jacques Perrin, Salvatore Cascio, Agnese Nano, Marco Leonardi, Antonella Attiu
Ficha en IMDB
Film ganador del Oscar a mejor película extranjera en 1990.

Calificación: 9,5 – Muy Recomendada