La risa del aburrimiento

En esta cinta hay más que un fracasado comediante y tenemos que reconocerlo. También está claro el mensaje del insoportable rol social, el problema de la felicidad del hombre y la “desesperación silenciosa”

reseña película

 

Por Diego Firmiano

No hay película más directa como Entertainment (2015) para llevarnos a aceptar que no somos hechos a imagen de Dios sino a imagen del mono.  Por fin una reseña de cine de un evolucionista, diría alguien; ¡pero espere!, un animalista que haya visto la película podrá decir: “¡hey! respeten a los monos, ellos son más inteligentes y más divertidos”. Contra lo cual no tendríamos como objetarle,  ya que efectivamente este es un film aburrido de un comediante aburrido con chistes sarcásticamente aburridos y una vida patéticamente aburrida. No hay otra forma de sintetizar esta obra, pero vayamos por tajos.

Se reiría usted si le pregunto ¿sabe qué se obtiene de un cruce entre Elton John y un tigre dientes de sable?, no lo sé, pero mejor manténgase alejado de eso.  O quizá si la pregunta fuera ¿cuál es la diferencia entre Courtney Love y la bandera de Estados Unidos?, la respuesta sería que no resultaría correcto orinar sobre la bandera de Estados Unidos. Si le causa risa, bien, sino, aclaro que los chistes no son míos sino del comediante Gregg Turkington, protagonista de Entertainment y a quien simplemente se le llama comediante por el rol que desempeña  encarnando a un hombre alcohólico que dice chistes insípidos frente a un spotlight.

Pero en esta cinta hay más que un fracasado comediante y tenemos que reconocerlo. También está claro el mensaje del insoportable rol social, el problema de la felicidad del hombre y la “desesperación silenciosa” que vive el hombre de sociedad y la cual denunciaron los poetas de la llamada American Renaissance; porque no hay nada que esté en una multitud, que no haya estado antes en una persona. Y precisamente persona como palabra que es una senda caracterización inconsciente que significa una máscara de comediante. Ningún ser humano se muestra tal como es, todos velan su rostro  y desempeñan un papel. La vida social es por otra parte una perpetua comedia, y nadie de nosotros ha podido ver el hilo, principio y causa de nuestros movimientos, o  al menos es lo que el director Rick Alverson pretende transmitir a los cinevidentes.

El mito de que Estados Unidos sea el país de las oportunidades, de la libertad y la felicidad, son simples patrañas. Ya el escritor Henry David Thoreau había develado la hipocresía en la que vive la sociedad moderna, o mejor, el teatro: vida social, millones de seres humanos viviendo juntos, en soledad.

Hay que ser un espíritu cinéfilo para mirar y soportar con paciencia una hora y treinta y cinco minutos con ochenta y ocho segundos, a un hombre tan patético como “el comediante”,  haciendo un monologo de chistes sexistas frente a un público que lo único que le interesa es reírse de algo o de alguien.  ¿Al final qué queda?, un hombre superfluo que usa un sentido del humor como mercancía para dar inicio a la risa del aburrimiento.