La carta la guardo como un ejemplo, único, de la dicha sin amarres. La guardo porque es la proclamación: la más lúcida, la más plena y la más devota ratificación de una entrega con el favor, el fervor y la libertad de las palabras escuetamente personales.

 

Por / León Darío Gil Ramírez

Tengo muchas cartas. Boletas también, y anónimos, postales, dedicatorias, recados, notas, esquelas: me las encuentro y las guardo. Y muchas son verdaderas muestras de pasión, de entrega, de ingenuidad o inocencia, de erotismo o pureza, de devoción, de servicio, de gratitud, de fidelidad. La presente, de la que trascribo los apartes más gloriosos, me la encontré, entera, el 12 de febrero de 1994 en un bus que venía de Villamaría. El bus lo cogí en la Estación Uribe. En el hermoso sobre tradicional de bordes blancos, rojos y azules, estaba debajo del puesto de atrás. Porque no puedo admitir, por Dios, que la destinataria no la haya leído, creo que, en verdad, la destinataria la debió perder. Y otro y otros, buscando más que la simple carta, la abrieron. Y la dejaron al no encontrar sino eso: palabras, malas palabras.

La carta: una hoja de papel oficio rayado corriente, sin fecha, la envía desde Túquerres, Nariño, Amanda Clavijo a Rudesindo Calvache: “Mi tivio amorsito…” a la sazón escondido en Villamaría, Caldas. Al tiempo que me conmovió su desamarrada caligrafía, agraciada de orlas que explican una personalidad suelta, amplia y franca, me causó admiración su íntima y preciosa ortografía. Y me causó mucha más gracia y mucha más alegría la soberana autonomía de la redacción. Para hacerla más única, la carta carece de puntuación. Me atreví, mirando al sur, y excusándome con sinceridad de Amanda, y para una mejor lectura y comprensión, abrir espacios donde creo las pausas: perdóneme, fue lo único que toqué. A mí, esta carta, me arruga el corazón, me estruja el alma. A ella regreso como vuelvo a los parajes que me han asombrado o como vuelvo a las lecturas que me han despertado el encanto.

Un tramo de la carta exalta parajes por donde el amor pasa. Y se extasía en otros por donde el amor se hace y se deshace en regocijos, acciones, contemplaciones, caricias. Hay tanta poesía en el hecho, y tan hermosa, que provoca volver a leerla. Y leerla no, porque tengo la impresión, sublime y grata, que la carta no se lee sino que se ve. Pues, veámosla:

 

                   se lo digo sin rebordeos ni precavenciones    uste es mi sielo    que me amaño en sus abrazos i besos     para donde vamos i por donde nos vamos   llo creo que llo no quiero llegar      que durara siempre     o llegar ligeritico para juntos hacer  lla   esa dicha de nosotros dos nomas      el suelo es de nubes que que ba a tallar      el rio de al lado que es como si fuera usted i llo la mar que llo misma no he mirado i me muero de ganas de mirarla con uste   que me tenga bien arrecogida a uste      el arbol   ese de ai donde nos estamos devajo   que cuando lo quiero bolber a ber   no ago sino cerrar los ojos      a uste lo beo i lo oigo tambien con los ojos cerrados       i oigo tambien a como uele      tu boca como si fuera ogar de llamas ardientes que me encendia la sed i me la apaga      por ai te salen como agonias i quejas como de moribundo      i dices a mi palabras groseras   que no son groseras de verdad ni dan sonrosados de verguensa sino para sacarme emociones desde las profundas escurocidades de uno que no pueden ser pecado porque le sacan lo que le estorba i se queda uno como de aire    acerme ir a lejanuras que llo no se adonde quedan      i no me importa porque es que no me doi de cuenta     es como si fuera volando por mas por encima de las casas        llo le digo i le digo lo que siempre le digo i no encuentro mas que decirle        i me trago los gritos que tengo adentro o los grito por piticos i pasitico        no me importan los cocullos o si son como angeles envolatados de camino o duendes de las fincas       tus dedos son como mas de los que tiene una persona para pasarlos en forma de mano por donde me quedan los ojos  la cara  la boca        lisarlos por las espaldas  por aquí por mas abajo i dejarlos donde a uste se le antoje   bienpuede    no le digo donde me duele    donde me duele uste lo debe de saber    eso que es como si me doliera un dolor que me gusta que me duela mas i que me mata i no me importa que asi de delisioso me mate      si me buelve a decir de su propia boz que llo soi como durasno en almibar mejor dicho no respondo      tu pecho nido de la sal o jardín de llervitas negrecidas donde llo me ensonriso de cosquillas      a lo ultimo cuando se ba acabar es como llegar a un cielo ciego   todo de leche blanca entibiada   como es tu lengua o por tu cuello abajo     cuando me sueltas i llo te suelto despues me agarra duro una tristesa i otra vez al ratico me lleno otra vez de arderosidades    pero me da pena i de la pena no le digo a uste nada por el camino i uste   creo llo   que no cae en la cuenta       cuando llegando se acaba de meter la camisa      se fija como va i llo me fijo como va i como voi llo      uste me recompone el pelo i llo   a la lus de la lus de la entrada    me miro en sus ojos    i en sus ojos me veo que uste me quiere i me veo que llo lo quiero a uste      pero llo mas que uste a mi persona     quererlo como tanto lo quiero  a mi a cada rato me da una colera conmigo misma    i no soi capas de rebajarla   sino que se me crece i se me sale para afuera    i me da como pena que la gente me vea por afuera ese querer que se me ve ala leguas     pero llo sigo derechita   como si nada…

Por lo que pude derivar de la lectura de algunos pasajes, Rudesindo huyó de esa tierra porque no soportó el tratamiento de un panadero rico, medio familiar y patrón. Y tuvo que defenderse de una agresión física o de una ofensa verbal. Pero se sobrepasó.

                   me lo dijo luisita la de la buelta diarriba –escribe Amanda al final- ese señor se salba pues disque la derecha por ahora le queda sin mucha mobension      pues apenas es      i los aparatos que le abian amontonado lla se los desencaramaron      lo que te boi a desir es como un contra cincentido    como si llo misma me dijera lo que no me quiero oir desir      lo que te digo es que no    que todabia no vuelbas    si bes     llo que me muero de ganas por morirme aogada entre mis i tus ansiosidades tus manos i a como ueles que es como al biento que arremete i se sale por entre una sembradia de corubas maduras  o como a la machacadura de asaares enperfumados o a la vainilla de los prepares de fiesta     no regreses      mas que llo te quiere mas la virgensita tulla como no te a de cuidarte arto     mi tivio amorsito aguantate del olbidarme a mi que llo me aguanto este amor que le tengo a toditico uste      te acorasono en este abraso     di a que te sabe este beso que te doi con toda mialma     te digo que a mi me sabe como al primer sorbo de despues de una sed mui larga y aguantada

Amanda la tulla por enterno.

La carta la guardo como un ejemplo, único, de la dicha sin amarres. La guardo porque es la proclamación: la más lúcida, la más plena y la más devota ratificación de una entrega con el favor, el fervor y la libertad de las palabras escuetamente personales. Y, en últimas, como homenaje a lo que un corazón y las palabras son capaces de hacer y de decir por encima de los correctos, de las gramáticas, de las academias… por encima del decoro y del honor de las mismas palabras.