PEREIRA NO TIENE MEMORIA

En diferentes lugares del país y el mundo existen archivos públicos, lugares donde se resguardan documentos en cualquier formato y soporte derivados de gestiones realizadas por entidades del Estado o de privados que cumplen un servicio público. En Pereira, están los documentos pero no está el lugar. El historiador Sebastián Martínez Botero relata la importancia de tener un lugar en óptimas condiciones para preservar el archivo histórico de Pereira.

 

Por / Maritza Palma Lozano

 

¿Cómo nace su interés por el archivo histórico de Pereira?

Tuvo que ver con que estudié Historia y quería hacer la tesis sobre mi ciudad porque soy de Pereira. Estaba estudiando por fuera porque acá no hay Historia [pregrado] y cuando vine a Pereira a tratar de investigar la historia de la ciudad, más allá de los libros tradicionales y de crónicas, me encontré con que no había un espacio organizado, socializado y dispuesto, no solamente para la investigación si no para la misma información de la ciudad y de la región. Desde ese momento inició mi interés por que existiera un espacio para la ciudad como lo hay en la mayor parte de ciudades no solamente de Colombia sino del mundo. 

 

En el vídeo cuenta que a finales de los años ochenta y durante los noventa hubo intentos de crear el archivo histórico en la ciudad, pero no fue posible, ¿por qué no se ha logrado?

Es una pregunta difícil porque puede ser de doble filo, pero yo creo que les ha faltado el conocimiento en la ciudad de la importancia que esto tiene y también la voluntad de hacer porque esto ya está inventado. En el año 2000 justamente sale la Ley general de archivos del país, en la que se dice todo lo que hay que hacer. Es cumplir esa Ley, pero aquí no se ha puesto en marcha, aunque el municipio ha intentado hacerlo nunca ha sido su prioridad.

En el año 2015 hubo algo muy importante y es que se creó por acuerdo municipal el archivo como tal, o sea, se creó en el papel. Eso obliga a la Alcaldía a llevar a cabo el proceso que no solamente es un proceso cultural sino que es un proceso administrativo, porque la Alcaldía necesita, y esto pasa todos los días, obtener información de ella misma para su funcionamiento administrativo y se le está haciendo muy complicado.

¿De quién es la responsabilidad principal de organizar ese archivo?

De la Alcaldía, del municipio, el mandato es para el municipio y la información es del municipio.

 

¿Por qué cree que este tema actualmente no es de interés público?

Porque en Pereira las ciencias sociales están en un momento prehistórico, aquí no hay un programa de ciencias sociales de formación, no hay áreas disciplinarias de antropología, de sociología, de historia. Y por cosas culturales y la dinámica económica de la región no se ha determinado las ciencias sociales localmente, pero pienso que ya la escala que tiene la ciudad demanda que tenga por lo menos unos procesos en los que este tipo de cosas se conserven como pasa en todo el mundo.

Nosotros tenemos que darnos cuenta de que eso que tenemos ahí es un patrimonio porque ahí está la memoria de la ciudad. 

¿Actualmente cualquier ciudadano puede acceder a la información [de archivo de la ciudad]?

Exacto. Hay una ley, la Ley de transparencia, que ordena que todo documento público generado por el Estado colombiano sea de acceso público. Ningún funcionario, ninguna institución, puede negar el acceso a la documentación pública a las personas. Pero el inconveniente es que no hay un espacio dispuesto para eso. Los archivos [del municipio de Pereira] están en un sótano, debajo de la Calle del Tubo, al lado de un parqueadero subterráneo, lleno de humo, de tierra, de aguas que caen encima de los papeles. Allá se recicla todo lo que estorba y lo que sobra: llantas, árboles de navidad, cosas viejas, palos y sillas desbaratadas que van tirando allá, entonces no hay forma de que la gente pueda sentarse a mirarlos y abrirlos aunque estén ahí.

Lo que se ha estado intentando hacer –que es un proceso invisible– son los inventarios, [que funcionan como] un instrumento que le permite a la gente saber qué hay. Porque si llegas a ese espacio lo que ves son un montón de cajas y papeles, entonces ¿por dónde arranco a buscar lo que quiero saber? Mientras que un inventario es como un índice.

Lo que estamos intentando hacer ahora es buscar un espacio adecuado que albergue el archivo para que justamente las personas lo puedan consultar.

¿Cómo funcionaría ese espacio? ¿Sería como una biblioteca?

Exactamente. Normalmente los archivos en el mundo y en Colombia son como un centro de documentación, es un espacio dividido en dos: uno que comprende los depósitos –unas bodegas que están selladas para que no entre [la humedad], con el menor oxígeno posible, es decir con unas características biométricas que estén reguladas– para garantizar la conservación de la información porque el material del papel es orgánico y tienden a crecer bacterias y hongos en él. Por otro lado estaría la sala de consulta –un espacio más pequeño donde puedan existir unas mesas para que la gente se siente, consulte el índice en un computador y solicite a la persona encargada, como en una biblioteca, la información en físico–. 

Hay otra manera que es la microfilmación. Tenemos entre el archivo histórico unos rollos donde hay una información que está microfilmada. Son unos lectores, así como en las películas de detectives que uno pide el periódico y se lo ponen y ahí empieza a buscar. Esos microfilm se pueden leer en esas máquinas que son como una especie de televisor donde uno mete un rollo y lo lee. Aquí tenemos el drama de que nuestros estudiantes se van para Bogotá a comprar rollos para poder hacer sus tesis y vienen a Pereira y no tienen en dónde leer los rollos de microfilm porque los únicos aparatos que habían estaban en la [Biblioteca] Ramón Correa Mejía y están dañados hace muchos años.

Aunque hoy en día uno pensaría más en digitalizar que en microfilmar, porque la digitalización también permite llegar más lejos con esa información.

Ahora, hay archivos que no solamente tienen el servicio de la consulta y de la conservación sino el de la divulgación; eso comprende ejercicios de historia pública como por ejemplo hacer exposiciones museográficas de las piezas documentales que hay en los archivos y también intentar divulgar la historia y el contenido de lo que hay por otros medios como boletines, medios de comunicación, documentales, etcétera.

¿Y la idea con este [archivo para Pereira] es que también tenga esa fase de divulgación?

Eso sería lo ideal pero lo prioritario es tener la conservación porque el problema es que [el archivo] está en un estado de vulnerabilidad muy alto que en cualquier momento se puede perder.

 

Dentro del inventario que se ha hecho y la información que usted conoce del archivo, ¿qué cosas recuerda que sean importantes y desconocidas para Pereira?

Te puedo hablar de muchas cosas porque el archivo va desde el siglo XIX hasta la actualidad, entonces hay muchas historias. Por ejemplo, si hablamos del siglo XIX y de la fundación, está el informe del primer agrimensor (Ramón María Arana) que midió las tierras de Pereira y las repartió: el libro de tierras; ese informe es de 1870 y mide las 12 mil hectáreas con las que se crea institucionalmente a Pereira. 

Si vamos un poquito más adelante está la construcción del matadero, que fue una cosa fundamental para la ciudad porque ahí se empiezan las ferias de ganado de Pereira –que fue lo que hizo famosa la ciudad a principios del siglo XX–. También está el informe con el que hicieron el primer acueducto de la ciudad; como dato curioso el primer contrato lo hacen con un señor de Manizales y el contrato era llevar agua hasta la plaza central –la que ahora es la plaza de Bolívar–, el señor lo hace en guadua y eso dura un día, entonces al tipo el municipio lo demanda y él dice “en el contrato que yo firmé no dice cuánto tiempo tenía que durar, el contrato decía que el agua tenía que llegar hasta la plaza”. La fuente dura funcionando un día y se daña, se quiebra, así que les toca volver a hacer el acueducto.

Las primeras obras públicas se hacían con algo que se llamaba el trabajo personal subsidiario, un impuesto que pagaban los vecinos con trabajo físico. Entonces hacen, por ejemplo, el puente sobre la quebrada Egoyá. Esa fue la primera obra pública que se elaboró.

 

¿Cómo explicarle a la ciudadanía que esto es algo importante para la memoria y no simplemente un capricho académico, como a veces se puede llegar a ver un proyecto relacionado con documentar y rescatar esta información?

Porque cada comunidad genera una identidad y los procesos de identidad son muy importantes para el sentido social, para poder que la sociedad esté conectada entre sí, funcione mejor y la calidad de vida también sea más alta. Para poder generar ese tejido social es importante la historia y los procesos culturales de memoria y eso no lo sabemos si no tenemos un archivo en regla. Sino vamos a seguir repitiendo la misma historia del padre Cañarte y lo que nos han contado los cronistas, que ya lo sabemos pero tenemos que ir más allá y [reconocer] una historia más plural, más incluyente, más problematizada, con más preguntas y que responda más inquietudes de la sociedad y del futuro.

Además, pienso que le debemos eso a nuestros descendientes. Sería muy arrogante pensar que nuestra generación va a ser la única en pisar este territorio.

Por otro lado, lo más pragmático, es porque hay una ley de la República que lo ordena y la ley se debe cumplir. Y también porque esto está dentro de la estructura orgánica del municipio: hace parte de los procesos administrativos. Tener la información en regla le permite [a la administración municipal] conocer[se] y funcionar mejor. Porque si tiene que irse a buscar [algún documento] y todo lo tiene en desorden va a ser más complicado y eso, en este caso, incurre en un gasto.

@marpaloza