Agustín Cueva Dávila (Ibarra, 1937- 1 de mayo de 1992) fue un sociólogo y crítico literario ecuatoriano. Incursionó en la teoría de la dependencia y estuvo en el centro de numerosas polémicas políticas tanto en su país como en América Latina en general. Obtuvo el Premio Ensayo Editorial Siglo XXI por su obra El desarrollo del capitalismo en América Latina. Además de haber escrito numerosos ensayos sobre la problemática social, política y cultural del continente, fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología y Jefe de la División de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fundó la Escuela de Sociología de la Universidad Central del Ecuador. Presentamos un aparte de uno de sus más reconocidos ensayos.

Agustín Cueva Dávila

Problemas y perspectivas de la teoría de la dependencia1

La teoría de la dependencia, al menos en su vertiente de izquierda, que es la que aquí nos interesa analizar, nace marcada por una doble perspectiva sin la cual es imposible comprender sus principales supuestos y su tortuoso desarrollo. Por una parte, surge como una violenta impugnación de la sociología burguesa y sus interpretaciones del proceso histórico latinoamericano, oponiéndose a teorías como la del dualismo estructural, la del funcionalismo en todas sus variantes y, por supuesto, a las corrientes desarrollistas. Con esto cumple una positiva función crítica, sin la cual sería imposible siquiera imaginar la orientación actual de la sociología universitaria en América Latina. Por otra parte, emerge en conflicto con lo que a partir de cierto momento dará en llamarse el “marxismo tradicional”.

Ahora bien, toda la paradoja y gran parte de la originalidad de la teoría de la dependencia estriba, no obstante, en una suerte de cruzamientos de perspectivas que determina que, mientras por un lado se critica a las corrientes burguesas desde un punto de vista cercano al marxista, por otro se critique al marxismo-leninismo desde una óptica harto impregnada de desarrollismo y de concepciones provenientes de las ciencias sociales burguesas.

El debate sobre feudalismo y capitalismo en América Latina, que derramó mucha tinta y sembró no poca confusión teórica, es, sin duda, el ejemplo más claro, aunque no el único, de lo que venimos diciendo. Debate situado aparentemente en el seno del marxismo, es el que gunder Frank y Luis Vitale2 sostuvieron con la “izquierda tradicional”. tiene éste, empero, la particularidad de que los autores se formulan tesis que sólo se vuelven comprensibles a condición de abandonar la teoría marxista.

En efecto, y siempre que uno haga caso omiso de El capital y se ubique de lleno en la óptica de la economía y la historiografía no marxistas, las aseveraciones de Frank y Vitale se tornan límpidas e irrefutables. Definido el capitalismo como economía monetaria y el feudalismo como economía de trueque o, en el mejor de los casos, como economía “abierta” y economía “cerrada”, respectivamente, pocas dudas caben de que el capitalismo se instaló plena y profundamente en América Latina no sólo desde su cuna sino desde su concepción, como llegó a decirse. Para demostrarlo, ni siquiera era menester realizar nuevas investigaciones históricas —y en efecto, nadie se tomó el trabajo de hacerlas—; bastaba retomar los materiales proporcionados por la historiografía existente y demostrar que en el período colonial hubo moneda y comercio. Se podía seguir, en suma, aunque no sin caricaturizarlo, un razonamiento análogo al que permite a Pirenne afirmar la existencia de capitalismo en la Edad Media, a partir del siglo XII por lo menos.3

Todo esto, envuelto en una especie de mesianismo cuya lógica política resulta, además, imposible de entender; a menos de tomarla como lo que en realidad fue: una ilusión de intelectuales. Las que aparecían entonces como nuevas líneas revolucionarias en América Latina, esto es, el castrismo y el maoísmo,4 se habían constituido desde luego con mucha anterioridad al “descubrimiento” del carácter no feudal de la Colonia; y, en cuanto a la táctica de frentes populares que se quería impugnar, era obvio que no iba a derrumbarse con el solo retumbar de estas nuevas trompetas de Jericó. El frente que se formó en Francia en 1936, por ejemplo, no necesitó hablar de feudalismo para sustentarse.

Sea de ello lo que fuere, lo que importa destacar aquí es esta primera gran paradoja que envolverá a la teoría de la dependencia “desde su cuna”: la de constituirse como un “neomarxismo” al margen de Marx. Hecho que pesará mucho en toda la orientación de la sociología latinoamericana contemporánea y terminará por ubicar a dicha teoría en el callejón sin salida en el que actualmente se encuentra.

Esta situación ambigua debilitará incluso las críticas hechas a las teorías burguesas del desarrollo y el subdesarrollo, en la medida en que sus impugnadores permanecen, de una u otra manera, prisioneros de ellas. Es lo que ocurre con Gunder Frank, por ejemplo, quien en su ensayo La sociología del desarrollo y el subdesarrollo de la sociología, por lo demás muy meritorio, entabla una descomunal batalla con los discípulos de Parsons, destinada a saber dónde existen pautas más “universales” de comportamiento, si en los países desarrollados o en los subdesarrollados;5 embarcándose en una polémica barroca de la que ni siquiera es seguro que resulte vencedor. Después de todo, la mistificación de los parsonianos no radica en el hecho de encontrar en los países subdesarrollados orientaciones de conducta, que en realidad pueden darse en áreas donde el modo de producción capitalista aún no se ha desarrollado suficientemente; sino en sustituir el análisis de las estructuras por el de sus efectos más superficiales y presentar a éstos como las determinaciones últimas del  devenir social.

El mismo debate sobre el dualismo estructural, tesis burguesa que en realidad era menester impugnar, parece desembocar a menudo en la simple recreación de un dualismo de signos invertidos, en el que el planteamiento, y por lo tanto los elementos básicos del análisis, no cambian, sino sólo su papel. En las Siete tesis equivocadas sobre América Latina de Rodolfo Stavenhagen, por ejemplo,6 los sectores “tradicional” y “moderno” siguen presentes como unidades analíticas fundamentales, con la única diferencia de que ahora ya no es el sector “tradicional” el causante del atraso sino más bien el sector “moderno”. Por eso, la misma teoría del colonialismo interno, al menos tal como es presentada en las Siete tesis…, dificulta el análisis de clase en vez de facilitarlo; conduciendo, además, a conclusiones sumamente cuestionables como aquella de la séptima tesis, en donde se formula la inviabilidad de la alianza obrero-campesina en Latinoamérica, aduciendo que “la clase obrera urbana de nuestros países también se beneficia con la situación de colonialismo interno”. El propio autor parece haber sentido las limitaciones de este tipo de enfoque, por lo que reformulará posteriormente su tesis del colonialismo interno en términos de combinación de modos de producción,7 retomando de esta manera uno de los conceptos centrales del marxismo clásico, que en las Siete tesis… aparecía más bien catalogado como una sofisticada variante del dualismo estructural.

 

Referencias

  1. Extraído de Agustín Cueva, Teoría social y procesos políticos en América Latina, México, Edicol, 1ª ed., 1979, pp. 15-39.
  2. Luis Vitale nunca formuló, desde luego, una teoría de la dependencia. Pero si trabajos suyos, como el titulado América Latina: ¿feudal o capitalista?, alcanzaron tanta difusión, es porque se inscribían dentro de una perspectiva teórica que ya empezaba a pensar nuestra problemática en términos izquierdistas pero que visiblemente se alejan de los del marxismo-leninismo.
  3. Véase, por ejemplo, su Historia económica y social de la Edad Media, México, Fondo de Cultura Económica, 1969, pp. 119 y ss.
  4. Lo que en determinado momento se denominó “castrismo”, evolucionó en Cuba hacia un sólido marxismo-leninismo; en los demás países de América Latina el proceso fue más complejo. En cuanto al maoísmo, se ha convertido en la actualidad en la extrema izquierda del imperialismo. Las citas que aquí se hacen de trabajos de Mao deben tomarse como simples referencias teóricas, que jamás implicaron simpatía alguna por la política de Pekín (nota de 1979).
  5. Véase Desarrollo del subdesarrollo, México, Escuela nacional de Antropología e Historia, 1969, pp. 34 y ss.
  6. Stavenhagen no formula en rigor una teoría de la dependencia y, lo que es más, se aparta del horizonte teórico de ésta en sus trabajos más amplios. Pero las Siete tesis se escriben indudablemente bajo la influencia de los autores dependentistas y constituyen en cierta medida el manifiesto de toda una generación.
  7. Véase su intervención en el seminario sobre clases sociales realizado en Oaxaca en 1971, reproducida en Las clases sociales en América Latina, México, Siglo XXi, 1973, pp. 280-281.