¿Qué es la curiosidad?, ¿qué queremos saber?, ¿cómo preguntamos?, ¿qué es el lenguaje?, ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿dónde está nuestro lugar?, ¿qué hay después?, ¿por qué suceden las cosas? ¿qué es verdadero?

Alberto Manguel. Una historia natural de la curiosidad. Traducción de Eduardo Hojman. Alianza Editorial, 2015.

Por: Santos Domínguez
Son algunas de las preguntas sobre las que se organizan los diecisiete capítulos de la Historia natural de la curiosidad que publica Alianza Editorial, el recorrido que propone Alberto Manguel por la evolución del impulso por conocer, una actitud interrogativa vinculada a la imaginación y a su potencia creativa porque imaginamos para existir y sentir curiosidad para alimentar nuestro deseo imaginativo.
Desde los incansables y agotadores interrogatorios infantiles a las preguntas socráticas pasando por el que sais-je? de Montaigne, en las preguntas se encauza una curiosidad que indaga sobre el mundo, sobre los demás y sobre nosotros mismos.
Son esos los tres vértices de un triángulo interrogativo que funciona como un medio para declarar nuestra pertenencia al género humano cuando las proposiciones afirmativas se convierten en preguntas como las que vertebran la estructura de este magnífico viaje por la historia del hombre y de la cultura, del lenguaje y la mirada a través de las interrogaciones, porque la curiosidad es el arte de hacer preguntas.
¿Por qué?’ (en sus distintas variaciones) –escribe Manguel es una pregunta mucho más importante en su formulación que en las posibles respuestas. El hecho mismo de pronunciarla abre innumerables posibilidades, puede acabar con los prejuicios, resumir dudas interminables. Es posible que arrastre, en su estela, algunas respuestas tentativas, pero si la pregunta es lo bastante poderosa, ninguna de esas respuestas resultará completamente satisfactoria. Como los niños intuyen, ‘¿por qué?’ es una pregunta que, implícitamente, ubica nuestro objetivo siempre más allá del horizonte.
Y porque todo empieza con un viaje, nadie mejor que Dante como guía del viaje que nos propone Manguel: Se me ocurrió que, siguiendo el ejemplo de Dante de tener guías para sus viajes -Virgilio, Estacio, Beatriz, San Bernardo- yo podría elegir a Dante como guía por el mío, y permitir que sus preguntas me ayuden a marcar el rumbo de las mías.
Un Dante que conocía el doble sentido de la curiosidad y su naturaleza ambigua, que planteó su peregrinación poética impulsado por el deseo de conocer, estimulado por la búsqueda, porque la gran búsqueda que comienza en la mitad del viaje de nuestra vida y termina con la visión de una verdad que no puede expresarse en palabras está plagada de interminables distracciones, desvíos laterales, recuerdos, obstáculos intelectuales y materiales y equivocaciones peligrosas, así como por errores que, a pesar de su apariencia de falsedad, son verdaderos.
Por eso esta Historia natural de la curiosidad, además de un intenso recorrido por la Divina Comedia de la mano de Manguel, es una peregrinación por las distintas vertientes de la curiosidad como estímulo intelectual, un viaje por los mecanismos de búsqueda que impulsan el conocimiento y las preguntas que hacen que avancemos o nos perdamos: de Ulises a la nave Curiosity que aterrizó en Marte, de la curiosidad destructiva de Pandora, Adán y Eva a Rabelais, al Sócrates de los diálogos de Platón o a Hume, que diferenció entre el amor al conocimiento y la curiosidad natural.
¿Por qué una historia natural de la curiosidad?, podría preguntarse el lector antes de leer estas páginas en las que encontrará más preguntas que respuestas. Cuando haya leído el libro quizá no tenga tampoco una respuesta, pero la pregunta ya no tendría sentido a esas alturas, porque el modo interrogativo conlleva la expectativa, no siempre cumplida, de una respuesta; por incierto que sea, es el instrumento primordial de la curiosidad. La tensión entre la curiosidad que lleva a un descubrimiento y la que lleva a la perdición late en todos nuestros esfuerzos.
*Tomado del Blog Encuentros de Lecturas.