Los calarqueños ya se acostumbraron a ver en este lugar a las personas riendo o llorando, bailando y tomando, porque los que están vivos son los que tienen que disfrutar, “los que están muertos, ya qué”…

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Texto: Natalia Duque Parra

Es la realidad a la que se tienen que enfrentar los calarqueños a diario pues en este municipio hay algo diferente que inquieta constantemente a muchas personas. El cementerio y la zona rosa están tan solo separados por una avenida mostrando a sus habitantes que hoy pueden estar en la acera de enfrente felices bailando y mañana en la otra llorando o incluso llorándolos. Pero este no es el único caso en Colombia, también se presenta una situación similar en Bogotá. Al frente del cementerio central los capitalinos ahogan sus penas en seis negocios ubicados allí.

En un mismo día se entierra y se baila, unos trabajan en el día y otros en la noche. Doña Alba Rubiela Marín, una vendedora de flores que trabaja en el lugar desde hace ya varios años y heredó el negocio de su difunto esposo, Pedro Pablo Reyes Sabogal, quien trabajó 60 años en este lugar, dice que para ella no es algo normal que estos lugares tan paralelos estén ubicados frente a frente, pero ya se acostumbró a ver las diferentes facetas de la vida a los que nos tenemos que enfrentar, como también ve a la gente que está en contra de esto y levanta memoriales sin éxito.

Aunque el lugar ya ha tomado bastante fuerza, para algunos de sus habitantes esta situación es molesta e incómoda, como es el caso de Jaime Reyes, vendedor ambulante del sitio, quien afirma es una falta de respeto por parte de la administración del municipio, es algo que se debió de haber reubicado hace mucho tiempo atrás.

Este lugar ya no solo tiene flores marchitas y sentimientos de tristeza, también tiene colillas de cigarrillo y botellas de licor vacías que adornan el lugar.

Mientras va pasando el transcurso del día y de la tarde, los dueños y trabajadores de los establecimientos que funcionan en la noche empiezan a organizar y a limpiar sus locales para la llegada de la hora de abrir y recibir a los clientes que quieren un poco de diversión, como lo es para Don Napoleón, dueño de uno de los sitios más reconocidos en este lugar, “La tablada”, y fundador de la zona rosa. Él desde la cuatro y media de la tarde empieza a armar las mesas de madera de su Disco-Bar que lleva más de 30 años funcionando allí y que nació por las mismas personas que iban a visitar el cementerio, en un principio fue una tienda en donde llegaban las personas después de enterrar a sus seres queridos a tomar sus tragos y que por efecto de esto resultaban bailando porque se encontraban con familiares que no veían hace mucho tiempo. Como dice el dicho: “el muerto al hoyo y el vivo al baile” y debido a que esta situación se fue presentado cada vez más, fue necesario cambiarlo a una discoteca. Desde allí, empezó a tomar fuerza este lugar y a llegar los diferentes competidores que hay en la actualidad y que formaron la zona rosa de este municipio.

También se ven casos como el de Juan, un joven que es cliente del día y de la noche, pues los fines de semana va a visitar a el cementerio un familiar fallecido hace varios meses, se acerca al negocio de doña Rubiela y compra varias flores para adornar la tumba de su familiar, y al salir del cementerio pasa por donde Don Napoleón para reservar una mesa para la noche, donde estará con sus amigos un rato.

Los calarqueños ya se acostumbraron a ver en este lugar a las personas riendo o llorando, bailando y tomando, porque los que están vivos son los que tienen que disfrutar, “los que están muertos, ya qué”, son las palabras de una mujer que acaba de salir de visitar a su mamá en el cementerio…