“Creo que toda es la misma obra, de hecho, cuando uno monta una obra no solo monta una historia, es un capítulo más del acto que ha ido escribiendo toda la vida, otro momento de ese mismo capítulo…”
Por: Alan González Salazar
Las dos iglesias católicas en el barrio Los Naranjos de Dosquebradas –una moderna y otra ortodoxa– sirven de guía para llegar al Teatro Alcaraván. Pregunte usted a cualquier paseante y, acto seguido, le señalarán una esquina donde los vecinos con frecuencia espían por entre las rendijas de las ventanas.
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Los telones negros aíslan el teatro del ruido y la luz.
ACTO ÚNICO
PRIMERA ESCENA
Alonso bajo los pinos
en el patio de la escuela
inmóvil
como ahora
bajo la luz cenital del reflector.
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El viento de la serranía del Risaralda en la misma hora del nacimiento se echó a rodar con tu cabello a cuestas. Hijo de Luz Dary Román y José Mejía, campesinos:
Nací en Risaralda, Caldas. Soy el menor de cuatro hermanos. Dos hermanos mayores, dos hermanas mayores y luego yo. Mis padres trabajaban allá en el pueblo y en el campo. Todos nosotros somos venidos de campesinos. Me trajeron a Pereira muy niño, cuando tenía 4 o 5 años. He vivido aquí un período largo, me fui a los 20 años y regresé a los 30. Fui a Bogotá a trabajar con el Teatro Taller de Colombia. Cuatro años estuve en viajes interminables, de actor y de músico.
Dejan atrás, en el Alto del Madrazo, el departamento de Caldas. Ya en el municipio industrial estudias en la Escuela Renacimiento, en La Romelia, de allí pasas a La Julita –como estudiante indisciplinado–, ahora haces las veces de monaguillo –diez años tendrías– en La Capilla, luego Palo q’ sea bajo la dirección de Jaime González:
La necesidad, un llamado, la posibilidad de reinventarse cada día. Era como un juego la niñez, acompañado del estudio era como un juego la niñez. Desde que estaba en segundo de primaria recuerdo que hacía vestuarios para muñecos, empecé a hacer cosas con hilos, empecé a manipular cosas y a inventarles una historia. Luego cuando tenía diez años, siendo monaguillo en La Capilla, me llamó la atención la música. Recibí como el mejor legado de mis hermanos: las revistas, los libros, la idea de ser joven. Nunca pensé dedicarme al teatro, sino a la música, al canto… Después en La Julita culminé el bachillerato y el rector de ese tiempo, Humberto Bustamante, tenía feeling con el arte. Había poetas, había músicos. Desde entonces no ha cambiado mucho el panorama.
En seguida una beca nacional de Colcultura, Bogotá: formación con el Teatro Taller de Colombia. Como bien has dicho: cuentas veinte años y un metro setenta de altura, pero estimas, buscas el drama humano. Pasan cuatro años. Conoces a Arístides Vargas. Entre España y Costa Rica, decides bajar al Ecuador a trabajar con él al pie del Chimborazo. Emprendes la Escuela con el Teatro Malayerba. Viene el diseño de vestuario, marionetas, máscaras y mascarones. Gira de nuevo la rueda del destino. Sigues ahora en bicicleta el trayecto al Instituto Superior de Artes de La Habana, donde adelantas estudios para “La adaptación sonora en la estructura dramática”:
Creo que toda es la misma obra, de hecho, cuando uno monta una obra no solo monta una historia, es un capítulo más del acto que ha ido escribiendo toda la vida, otro momento de ese mismo capítulo… Vuelve a los lugares comunes de la creación, vuelve a los interrogantes, sigue un llamado interior que algunos denominan intuición. El teatro es un arte de tiempo, de tiempo para el espectador. Usted termina la obra, sale a la calle y todavía no ha entendido qué pasó, se necesita tiempo para reaccionar y se requiere tiempo para crear la obra.
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Estamos en Alcaraván, sin embargo, el paisaje nunca es el mismo, se te ve –con cuarenta y tres años cumplidos– hablar y gozar el espejismo delicioso de una inmovilidad de las horas:
Diego Restrepo deja La Moira y juntos fundamos el Taller Creativo y Lúdico, vienen los autores universales, “Un cuento que no es cuento pero con cuentos”, “Palabra por Palabra”… En un parpadeo pasan dos años… ya para el 2003 se concentra La Tropa, convergen “Todas las sangres”, “La edad de la ciruela”, “Pinocho”, “La Batucada”. Como grupo se entiende que la dirección es la capacidad de servicio. Concebimos un poder no piramidal ¡No soy jefe de nadie! Tengo un lugar en La Tropa, la dirección artística del grupo, nos dividimos en varios frentes de trabajo: Diego Zabala es el representante legal, Daniela Rengifo la secretaria; Robinson, música; Jhonatan, fiscal; Maryury, investigación… ¡Ah, tantos papeles!
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Por otro lado, los públicos determinan aquello que pretende entrega cada pieza, estas son las obras artísticas. La necesidad del tiempo libre para detenerse y apreciar los elementos propuestos en la escena. Es un reto. No se trata de producir obras de forma constante, febril. Para La Tropa Teatro son importantes los valores artísticos, el actor es un actor creador. Las preguntas cambian la dirección y así mismo al montaje. Aunque los actores son materia inflamable; es gente vibrante, gente que se estimula. Todos somos agitadores pero yo me perfecciono en molestarlos, ya que el director es un agitador. Sin embargo, hay una parte intuitiva, instintiva, que en la creación es inherente al actor. Parecen saber dónde va su personaje, dónde se mueve, cómo es su psicología, qué tiene o siente. Crean un espacio pertinente para su desarrollo, se adaptan a sus sentimientos y al mismo tiempo a los sentimientos que generalizan el mundo. Materia propia de la creación. Hay que procurar porque el actor cree un personaje que no se exprese como si declamara o fuera poeta, es decir, que la escena sea más una conversación que un discurso. Cada obra le otorga al actor un lugar específico en la historia.
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Por tren o a lomo de mula, por barco, en metro-cable, en zancos o patines, volverás al barrio Los Naranjos, donde aún espían los vecinos por las ventanas. Al presente son comunes en la casa las cuitas del Ingenioso Hidalgo, de su rocín flaco. Los libros volarán por la ventana. Saldrás de viaje, galgo corredor:
Cada obra le otorga al actor un lugar específico en la historia. Para el montaje de El Quijote partimos de los pintores del siglo de Oro: trabajamos muchos referentes pictóricos, otros referentes cinematográficos y técnica de manipulación de muñecos, marionetas y máscaras, en fin, dramaturgos, historia del arte. Pero el método no existe, se va creando, no está establecido.






