Un solo concepto ha levantado al hombre: el poder, con su aliado inseparable, la lucha. Y quien dice poder dirá Dios, supremo poder temerario de todos los pueblos; dirá religión, su síntesis, y dirá guerra. Pueblos sin religión y sin guerra no han tenido artes ni historia ni podrán tenerlas.

 

Por: Juan David Hernández N.

Portada de la novela publicada por Editorial Zapata en 1951.

En 1951, tres años después del Bogotazo, se publica en Colombia Dicarquismo o si la razón fuera gobierno, del médico y ensayista Roberto Restrepo. La novela relata el viaje de un curioso, quizá analista político, a un país llamado Dicarquia para tomar notas sobre el sistema político mediante el cual está dirigido esa nación, siendo la Dicarquía uno de los mayores ejemplos a nivel mundial en cuanto a sistemas políticos.

El visitante es guiado por Darmavi, ciudadano dicarqués, visitando diferentes ciudades del país y dándole enseñanzas y pruebas de la organización social y política de su región. El narrador queda sorprendido ante tal organización, ante la manera en cómo están organizados las tres ramas del poder público, ante la manera en cómo se concibe la democracia, ante la manera en cómo por medio de la educación se pretende evitar la delincuencia, ante la manera en cómo hay igualdad de castigos para los ciudadanos sin importar el poderío político o social que estos tengan, ante el sistema penal, ante el sistema organizacional de toda la sociedad dicarquesa.

La sorpresa no es exagerada, pues el modelo político en aquel país es de una ejemplaridad que más bien parece el establecimiento de algún tipo de contrato social, pero sin soberano ni nada que perturbe la libertad ni la felicidad de los ciudadanos.

Roberto Restrepo Ramírez nació en Filandia, Quindío, en 1897. Foto / Cortesía.

Dicarquía puede ser perfectamente esa imagen narcisista de la cual todos y cada uno nos podemos enamorar, esa imagen que deseamos, pero donde su belleza no está más que alterada por la magnificencia del escritor, pues al visitante remontarse a su realidad, a ser el paralelo con aquel país, se da cuenta que el suyo no es el paraíso como el de la imagen, no es como Dicarquia.

Al momento de pensar la manera en cómo comenzar a escribir de forma adecuada una correcta y completa presentación de la novela, me encuentro que primero debo ubicarla dentro de algún de los sub-géneros literarios de la novela. Dicarquismo o si la razón fuera gobierno, goza de ser utópica en la medida en que cumple con las tres funciones vitales de toda utopía[1]:

  1. Denuncia. El utopismo debe criticar al mundo real, debe hacer tomar conciencia de los acontecimientos políticos sucedidos en el momento. Esto lo logra Restrepo casi que a lo largo de toda su obra, criticando el gobierno colombiano de aquel entonces, es más, no solo critica sino que crea otro: el gobierno de Dicarquia, mediante el cual hace tomar conciencia a sus lectores de las condiciones políticas del momento, del papel que debe jugar un verdadero gobierno y los gobernantes de un país, de las funciones de todas y cada una de las personas como ciudadanos de un Estado.
  1. Análisis. Este segundo punto se vincula fuertemente al primero, pues para poder generar una crítica política o de gobierno, se hace necesario que quien la realice (en este caso Restrepo) haya hecho un análisis de las condiciones políticas y de las deficiencias públicas en las que se encuentre el país. Análisis del cual Restrepo no estaba desvinculado, pues para entonces ya llevaba diversos libros publicados en los cuales se puede ver su fuerte base como crítico del momento en contra del gobierno y de otras instancias institucionales.
  1. Un utopismo, además de resaltar las limitaciones de una sociedad, también debe –dice Estrella López– mostrar otras formas y modos de vida. La forma de vida en Dicarquia es la otra cara de la moneda que muestra el autor para poder plasmar la realidad y las miserias políticas que vive a diario.

Roberto Restrepo, miembro de la Academia de la Lengua, se codeó con las grandes figuras intelectuales colombianas de su tiempo. Foto / Cortesía.

Nueva función

Luego de haber fundamentado Dicarquismo o si la razón fuera gobierno en las tres funciones de todo utopismo, por mi parte agrego una cuarta función, o mejor, pongo dos elementos que deben convivir a la par en toda utopía con el fin de darle fuerza a la novela como utópica: libertad y felicidad.

Fueron estos dos elementos los que me permitieron, en gran medida, identificar la obra como una utopía y no como una distopía, pues en esta última se sacrifica la libertad individual de las personas con el fin de obtener una felicidad en general.

En la novela 1984, por poner un ejemplo, se ve claramente el elemento constante de las prohibiciones para los ciudadanos: solo pronuncia estas palabras, no pienses en esto, no hagas esto, no tengas sexo, etc.

Por su parte, en la obra de Restrepo tanto la felicidad como la libertad individual van de la mano, los ciudadanos deben cumplir con el deber fundamental de pagar un solo impuesto anual, el pago del mismo impuesto les llena de orgullo a todos y cada uno de ellos no se les prohíbe decir alguna cosa que, aunque afecte al gobierno, sea verdadera.

Son también libres de elegir la religión que esté acorde con sus convicciones, la prensa es libre de divulgar cualquier información, siempre y cuando sea verídica, el político revierte su papel al de nuestros gobiernos actuales, etc.

En el capítulo XV de la obra, luego de que ambos personajes sostienen un diálogo acerca de la eutanasia y la pena capital argumentando los motivos por los cuales son permisibles en Dicarquia, pasan al tema de la prostitución donde Darmavi dice al respecto: “En Dicarquia no se tolera la prostitución, o en otras palabras, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son delito.”. Esta parte de la obra, aunque nimia, es a mi parecer lo que refleja la parte mínima en alto grado de lo que tiene de distópica, aunque bien puede ser utópica para otros, como conservadores por ejemplo.

Entiendo acá el término distopía como una deformación negativa de la realidad, casi que una pesadilla, o como otros prefieren llamarla, una utopía negativa. Para mal de muchos de nosotros en Dicarquia se han abolido los prostíbulos y para tener sexo será necesario casarnos.

Reseña sobre el autor en el periódico La Crónica del Quindío. Foto / Cortesía.

Como la guerra construye la paz

El último punto de la obra que trataré será el penúltimo capítulo, que se aleja de la totalidad de la obra, pero deja ver de manera muy clara el pensamiento filosófico-político de Restrepo.

Allí se habla de las relaciones exteriores de Dicarquia con otros países, de la eliminación de los cónsules y los diplomáticos, pero también se habla de la paz y la guerra. Es evidente la paz interna en Dicarquia gracias a que goza de un excelente gobierno de la mano de unos buenos ciudadanos, también hay paz externa, pero paz impuesta por Dicarquia, y es una paz impuesta no por medio del diálogo sino por medio de la fuerza bruta y del ejército.

Así como en Dicarquia hay paz, también debe haber guerra, guerra externa para imponer la paz, guerra que permite la invasión de otros pueblos y países “Los pueblos débiles –dice Darmavi– que no pueden resistir la lucha y sobrevivir a ella, son una antítesis biológica. Solo merecen la existencia los organismos fuertes…”.

Restrepo entiende que el estado de naturaleza del hombre es un estado de guerra, y es un estado de guerra porque la guerra conlleva poder, Restrepo toma el estado de naturaleza hobbesiano y lo divulga por medio de Darmavi:

Un solo concepto ha levantado al hombre: el poder, con su aliado inseparable, la lucha. Y quien dice poder dirá Dios, supremo poder temerario de todos los pueblos; dirá religión, su síntesis, y dirá guerra. Pueblos sin religión y sin guerra no han tenido artes ni historia ni podrán tenerlas.

Al momento de abordar una obra, cualquiera que sea, la abordamos porque tiene alguna vigencia para nosotros, alguna vigencia para la época actual, no en vano se sigue estudiando a los antiguos. Esta obra en especial fue publicada por la Editorial Zapata. Don Arturo zapata, dice Carlos Enrique Ruiz, fue un hombre de espíritu liberal, espíritu que a mi parecer confluía con el de Restrepo, espíritu de crítica fuerte y contundente que goza aún de relevancia para nuestra época, para nuestro gobierno. Por eso quiero finalizar con el siguiente poema de Eduardo Galeano

Ella está en el horizonte. 
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos más.
Camino diez pasos
y el horizonte se corre
diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine
nunca la voy a alcanzar.
¿Para qué sirve la utopía?
Sirve para eso:
para caminar.

¿Para qué sirve Dicarquia? Sirve para eso: para caminar.

[1] Éstas tres funciones son propuestas por Estrella López en su artículo Distopía: otro final de la Utopía.