Testimonio familiar sobre el 9 de abril. Fragmentos de carta de mi hermano Mario Gärtner Tobón a mis padres relatando su vivencia de ese funesto día, escrita un año después. Según mi hermano, bajo el peso de las emociones desatadas en esos momentos y lo que se percibía en las calles de Bogotá “… esta incalificable situación” no tenía otro responsable más que el Partido Comunista. Esta imputación ha sido materia de discusión y seguirá siendo objeto de debate.

901766_10200384519569878_1569921161_o

Jorge Eliécer Gaitán fue abaleado el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Hoy, después de 65 años de muerto, su imagen sigue viva en la mente de muchos colombianos. Fotografía: Steven Morales

Bogotá, Colombia, 11 de abril de 1948

Queridos papás

El nueve de abril empezó tranquilamente, no pensaba la mayoría de la gente que al pasar el medio día pudiera estar viviendo la república una de las páginas mas dolorosas de su historia. Luego de almorzar, vine a mi apartamento en compañía de Uberto García. Empezábamos a disfrutar inmediatamente de una hora de siesta. A la una de la tarde y algunos minutos me despertó el compañero y juntos escuchábamos la siguiente noticia: “acaban de informarnos que el doctor Jorge Eliécer Gaitán fue mortalmente herido cuando abandonaba sus oficinas”. Inmediatamente nos lanzamos a la calle.

El pueblo empezaba ya a darse cuenta de la tragedia, el ambiente empezó a cuajarse y los gritos de “viva el Partido Liberal y de la ¡revolución! ¡revolución!”, hacían  un coro interminable. Cuando llegué a la Plaza de Bolívar las gradas del capitolio nacional estaban colmándose y a poco apareció en la carrera séptima con calle once una gruesa multitud. Al acercarme vi como el pueblo traía el cuerpo desnudo y horrorosamente desfigurado del asesino, fue conducido hasta el Palacio de la Carrera en donde la ira popular lo despedazó. Mientras eso tenía lugar, un grupo de obreros viola la vigilancia del Capitolio y empezó a apedrearlo, así mismo intentó el incendio de algunos vehículos situados en la plaza principal.

Se me informó abundantemente que del asesinato del doctor Gaitán habían culpado a las directivas conservadoras como autores intelectuales del atentado.  Bajé lleno de ira y de dolor hasta la facultad de Medicina, exalté a los estudiantes y luego subimos en enérgica manifestación de protesta hasta la carrera octava en donde la bala y la lluvia lograron dispersarnos. En menos de veinte minutos me encontraba frente al edificio Virrey Solís; la turba despedazaba y saqueaba los almacenes donde había armas de fuego.

Avancé por la carrera novena hasta la avenida Jiménez de Quesada entre la lluvia natural, que había amainado un poco y la más fatigante de balas y de gritos. Los almacenes de la avenida empezaban a ser víctimas del saqueo y el pillaje. Por la carrera trece llegué hasta la Capuchina; el edificio del Detectivismo estaba reducido a escombros y las Oficinas del Siglo eran consumidas por las llamas. Seguí por la misma carrera trece hasta la esquina de la calle dieciséis  Armado de una “pacora*” que me fue suministrada en la plaza de San Victorino, subí en medio del atropello y de la confusión hasta el parque de Santander. El espectáculo era sencillamente desolador: los sectores más hermosos del centro de la ciudad empezaban a morir en el lastimoso grito de llamas, de los vehículos estacionados a todo lo largo de la carrera séptima quedaba apenas el armazón. Corrí hasta las oficinas de El Tiempo y desde uno de sus balcones se informó que el Doctor Darío Echandía estaba a la cabeza de la multitud por la calle 12. Alcancé el Palacio de Justicia por la carrera sexta. Todos los almacenes, oficinas, ferreterías y sobre todo los expendios de licores recibían el golpe brutalmente hostil y destructor de los saqueadores.

No encontré la antedicha manifestación. Por la calle doce se oía un profuso abaleo y a poco empezaron a  subir por esta misma calle gran cantidad de heridos, uno de ellos presentaba un profundo boquete en el costado izquierdo, resolví ayudarlo y vine con él hasta la Clínica Central. Esta se encontraba sitiada por heridos y noveleros. Se me admitió en los servicios de urgencias y tuve la suerte de ayudar en la salvación de muchas vidas.

En una amplia sala reposaba, rodeado por personas de gran mérito, un cadáver completamente tapado, alguien le descubrió el rostro y tuve la amarga sorpresa de hallarme frente al cuerpo inerte de nuestro Gran Capitán. Por ausencia de los médicos Legistas, algunos de los Galenos presentes resolvieron proceder a la autopsia y embalsamamiento del cadáver, dicha diligencia empezó a las seis y veinte minutos de la tarde. Jorge Eliécer Gaitán había sido muerto a la una y quince minutos por la acción letal de tres certeros balazos.

jorge eliecer gaitanLos datos de la autopsia son más o menos los siguientes:  un orificio de proyectil a tres centímetros hacia arriba y ligeramente hacía la izquierda de la protuberancia occipital externa. Penetró la bala unos seis centímetros en el hemisferio cerebral izquierdo y produjo una intensa hemorragia. Otro orificio de proyectil a seis centímetros de la columna dorsal en el hemitórax derecho a seis centímetros del ángulo inferior del omóplato. Entró por el noveno espacio intercostal, interesó el lóbulo derecho del hígado de atrás hacía adelante y de fuera hacia dentro, alcanzó el borde inferior de la séptima costilla, cerca al cartílago condrocostal, resbalando hacia abajo para volver a lesionar el hígado para quedar (el proyectil) en la cavidad abdominal; produjo enorme hemorragia (1.200 c.c/). El último orifico de proyectil, a 11 centímetros de la columna dorsal, hacia adentro y ligeramente hacia abajo del ángulo derecho de la escápula. El recorrido de la bala no se logró seguir.

El ilustre conductor duró 1/2 hora en estado agónico y no logró recuperarse un solo momento del formidable shock producido por las citadas heridas. Descartados los órganos de las cavidades abdominal y torácica  que dicho sea de paso, decían por su tamaño, color y consistencia de la plenitud biológica del desaparecido, se procedió a cerrar el cadáver después de haber sido rociado con formol. Antes de terminarse esta tarea, se presentó la secretaria del Doctor Gaitán, quien dio cuenta de como antes del medio día había sido llamada al teléfono por doña Amparo Jaramillo de Gaitán, para pedirle que no dejares salir solo a su esposo.

Cerca de las cuatro de la tarde, la Clínica Central quedó sin energía eléctrica y fue preciso adelantar todas las labores utilizando espermas y linternas. A las 11 p.m. abandoné los muros del lugar y aparecí como resucitado entre la noble familia con quien vivo. Vine vestido con una pequeña blusa de practicante mojada con la sangre del jefe liberal. Encontré en mi camino más de 30 heridos y unos 10 muertos tendidos en las aceras. El resto de la noche y las primeras horas del sábado 10 transcurrieron en medio de la más grande intranquilidad; las manifestaciones más abominables y odiosas del desenfreno popular se sucedieron sin la menor interrupción.

En mi apartamento encontré al amigo paisano Cristóbal Ruiz, quien entregó a cambio de su vida todos sus haberes. Su colegio fue totalmente destruido.

Mario Gärtner Tobón

Nota: la publicación de esta carta fue autorizada por Guillermo Gärtner, hermano del autor.

*Cuchillo ancho y corto usado para descamar y sajar los peces.