Se trata del mismo deporte, aún así, la forma en como se organizan los eventos concernientes a él difieren de forma clara entre Europa y Sudamérica. La puntualidad es uno de los factores diferenciales más notorios.

Por: Juan Felipe Quiceno Cárdenas

 

“Más cumplido que novio feo”.  Nuestro ego no permite que califiquen nuestro aspecto físico de esa manera. Evitando la fealdad que implica la puntualidad, la falta de exactitud para cumplir casi todos los compromisos que se presentan a diario en las diversas actividades de los colombianos, puede explicar esa tendencia por hacer esperar al otro, o porque ese otro nos haga esperar, o porque ambos incumplan.

El fútbol no se ha salvado para nada de esa actitud del incumplimiento. Se ha convertido en un fenómeno natural y corriente que los partidos inicien 10, 15 y hasta 20 minutos después de la hora pactada por los cable operadores. Los descansos duran más de 15 minutos, y a pesar de que descansan más que en otros lugares, a los 25 del segundo tiempo, los jugadores ya están cansados de correr.

Debe ser por ello que nuestros equipos realizan participaciones tan deplorables en Copa Libertadores; seguramente, la Conmebol, más cumplida que la Dimayor, no entiende las necesidades de nuestros futbolistas de tomar un reposo mayor luego de los primeros tiempos. Probablemente, por eso, nuestros equipos pierden contra los brasileros y argentinos en la mayoría de ocasiones.

Como si fuera poco, en este mes, un evento futoblístico, la Eurocopa Polonia-Ucrania 2012, ha acaparado la atención de miles de aficionados a este deporte en todo el mundo. Cada quien ha hecho predicciones, ha elegido el equipo con el que más se identifica y ha observado un torneo organizado de manera magistral, que provoca envidia en nuestros incapaces directivos.

En fase de grupos 11 de la mañana y 1 y 45 de la tarde; para cuartos, semis y la final, el segundo horario se sigue cumpliendo. No se ha visto un solo partido que empiece con retrasos mayores a 2 minutos. Cuando han transcurrido cerca de 15 minutos, tanto árbitros y jugadores están en el campo para el segundo tiempo.

Ni hablar de las salidas, que inician con sencillas y hermosas coreografías que demuestran el tiempo de preparación de cada uno de los integrantes, que ha hecho posible observar estos miniespectáculos que ambientan el ingreso de las selecciones.

Terna arbitral y jugadores salen al mismo tiempo, lo que evita esas mañosas actitudes sudamericanas en las que un equipo espera más de lo normal para salir mientras el otro se enfría. Aquí prima la viveza de los jugadores, allá el respeto por el público y su tiempo.

Hacia donde se mire en la pantalla del televisor donde nos apostamos para ver un juego, solo se ven atributos de una organización inserta en una cultura que hace mucho tiempo aprendió a disfrutar el fútbol de forma respetuosa y amigable, haciendo que actos como el enfrentamiento entre hinchas polacos y rusos sean una mancha en la pared y no toda la pared como en estos lados del globo.

La gente respeta sus puestos, las escaleras libres, quienes insultan reciben sanciones, no solo de la UEFA, sino también la sanción moral de quienes los acompañan porque éstas generan un rechazo de la sociedad a ciertos grupos que aún les cuesta ser decentes en un estadio.

Nuestros defectos más profundos quedan expuestos ante la perfección de torneos como la Euro que demuestran a muchos personajes del continente, que si se pueden realizar eventos serios, en los que el fútbol no se vea empañado por otros hechos ajenos al mismo, pero que pueden afectarlo.

Queda claro que los europeos prefieren ser novios “feos” pero cumplidos y honestos a bellacos “pintosos” como los que rondan en América y sobre todo en Colombia, cuyo objetivo principal es apoderarse de los que deja el fútbol y no mejorar el mismo.