La sexualidad y la violencia se conjugan, sus hijos fueron fruto del abuso de un hombre a orillas del río San Juan, el mismo que la condiciona a vivir en un “cambuche” de guadua y esterilla. Para Chocó la sexualidad es sacrificio, un sacrificio que invierte su valor en los hijos…

Los planos se alargan –como la escena donde Chocó cruza junto a sus hijos el río sobre el puente colgante– y le permiten al espectador admirar el paisaje y compensar el drama. La misma función parece cumplir el sonido de la montaña y el agua y la marimba.

 

Por: Alan González Salazar

La mujer cumple aquí un principio vital de afirmación y lucha, de identidad, de arraigo. La madre tierra, la madre patria. Chocó, una mujer de veintisiete años con sus dos hijos representa, sin manipulaciones dramáticas, el destino común de la gran mayoría de afrocolombianos. Chocó es oro y por ende miseria, sometimiento viril. El filme de Jhonny Hendrix sirve de radiografía de un país que necesita con urgencia volver sobre sí mismo para ver sus fracturas, lejos del estereotipo, del drama fácil. ¿Podrá ofrecerle a Candelaria, su hija, una torta, cuando a duras penas comen arroz?

Este patetismo es real en la mayoría de las familias raizales del departamento minero, la vida se engendra con violencia y también la socavan los pequeños infortunios. El alimento es ansia de vida, celebración… pero Chocó parece estar condenada al suplicio del pan, por ello la imagen reiterada de la Virgen María, el encuadre de un altar improvisado como símbolo de mediación de fe y consuelo.

La cinta reitera en el fuego que consume y purifica, en las luces vagas de las casas de bahareque y cartón que se multiplican en el horizonte. Viven al día “por la gracia de Dios” ¿Cómo ha de ofrecer Chocó un postre de ricos? Con dificultad consigue el sustento diario. Para “ellos” no ha sido creada ninguna moral ¡Tendrá que vender su cuerpo!

La sexualidad y la violencia se conjugan, sus hijos fueron fruto del abuso de un hombre a orillas del río San Juan, el mismo que la condiciona a vivir en un “cambuche” de guadua y esterilla. Para Chocó la sexualidad es sacrificio, un sacrificio que invierte su valor en los hijos, ya que estos representan el anhelo de prolongar la vida; deberá entonces superar la violencia del hombre, ser pródiga como la naturaleza que la circunda, darse al fuego que sublima.

La Virgen María es otro símbolo caro a la cinta, símbolo de fe y renovación, según lo explican los devotos marianos.

Las tomas, el escenario, la música, gozan de una sobriedad que compensa la ausencia de diálogos ¡Cómo habría de “estilizar” el director en palabras lo que ya transmite en un “golpe de luz”! Los escombros de la calle cenagosa… Los planos se alargan –como la escena donde Chocó cruza junto a sus hijos el río sobre el puente colgante– y le permiten al espectador admirar el paisaje y compensar el drama. La misma función parece cumplir el sonido de la montaña y el agua y la marimba.

La Virgen María es otro símbolo caro a la cinta, símbolo de fe y renovación, según lo explican los devotos marianos. La Virgen y su altar de luces que en cada embestida del hombre ha de temblar, hasta sumir y purificar todo en el fuego renovador: la mujer castra a su hombre y se queda con los hijos.

Jhonny Hendrix estuvo en Pereira gracias al proyecto de concertación del Ministerio Nacional de Cultura en la muestra “Colombia de Película”, un  proyecto de Portafolio Cultural que en los últimos años ha logrado renombre en la formación de un público crítico del cine nacional en la ciudad, al vincular universidades e instituciones educativas con foros y talleres conducidos por importantes críticos de los medios audiovisuales, entre los que cabe destacar al escritor Rigoberto Gil Montoya, Wilson Ospina, Jhon Harold Giraldo y Américo Portocarrero. Esto es cine con sabor a café.