Segunda parte de la charla con Mauricio Ramírez Gómez, investigador y promotor literario, sobre el desarrollo de este campo en Pereira durante las primeras seis décadas del siglo 20. Nombres que aparecen al buscar en archivos, pero que buena parte de la ciudadanía ignora. Lea la primera parte aquí.

 

Por Antonio Molina

Usted menciona que los autores locales eran autores de periódico, de esos autores extraviados en su registro archivístico, ¿cuáles cree usted que no merecen el olvido y cómo sustenta esa apreciación?

Lo primero es que yo creo que realmente nosotros no hemos tenido escritores realmente originales, por lo menos no hay nada que demuestre lo contrario, y me refiero a originales en el sentido de que no hemos tenido escritores que hayan trascendido el ámbito de las escuelas ya establecidas.

Hemos tenido escritores experimentales, hoy tenemos algunos escritores experimentales, pero muchos de esos escritores experimentales lo que hacen en buena medida es copiar tendencias que ya están creadas, incluso que ya llevan años de estar en boga a nivel nacional o a nivel mundial. Eso tampoco es un delito ni eso opaca nuestra literatura, pero es una cosa sobre la que tenemos que tener también conciencia, porque necesitamos generar unas reflexiones sobre el lenguaje que nos permitan empezar a mirar cuáles son las posibilidades expresivas de la literatura en cualquiera de sus géneros.

Julio Cano.

Ese primer aspecto es bien importante, eso nos lleva a los escritores. Hay escritores por ejemplo como Julio Cano Montoya, que es tal vez nuestro primer poeta, nuestro primer referente, que no es un gran poeta, pero que es un poeta que en la ciudad merece que sea reconocido porque además es la semilla de donde viene casi todo lo que se ha escrito después.

 

Alfonso Mejía Robledo

Alfonso Mejía Robledo es un escritor un poco anacrónico, con algunos rasgos que ya pueden resultar molestos para el lector de esta época, pero hay que reconocerle también todo lo que aportó como autor, como escritor, como guionista, como promotor cultural de la ciudad y yo creo que esas son atenuantes que no podemos olvidar.

Lisímaco Salazar es un caso extraño, porque es un señor prácticamente analfabeto, en el sentido de que no pudo hacer sino hasta segundo de primaria. Es un autor autodidacta verdadero y es un hombre que tiene, por lo menos en términos narrativos, una gran cualidad: demuestra un gran talento para describir.

Ricardo Sánchez

Creo que a pesar de que lo conocemos un poco, no hemos reparado bien en la figura de Ricardo Sánchez. Es un cronista que va más allá de esas crónicas que conocemos de historia de Pereira, él tiene unas crónicas que están refundidas en los periódicos que son crónicas que demuestran que era un señor con un sentido de la literatura también muy alto.

Hay un personaje que no nació en Pereira, tampoco murió en Pereira, pero por una casualidad es más pereirano que cualquiera. Es Sixto Mejía, que fue un hombre bastante culto, amigo de Luis Tejada en su momento, que en su casa era donde se hacían las tertulias y dejó un libro de cuentos que nosotros no reconocemos y que se publicó hace más de 80 años, se constituye como en una joya.

Valeriano Marulanda fue uno de los hombres más ricos de Pereira durante su época, padre de Carlos Marulanda.

Hay otro personaje bien interesante de rastrear, que es Carlos Marulanda Botero, uno de los hijos de Valeriano Marulanda y tal vez el único escritor realmente de la élite pereirana que uno encuentra en esa época. A pesar de que tuvo el capital necesario nunca publicó libros y del que solamente quedan unos pocos escritos que se publicaron en La Patria, en algunos periódicos en Cali y en el Diario de Pereira, porque lo demás desapareció.

Luis Carlos González, creo que más allá del prejuicio, y yo tengo que confesar que no soy el mayor simpatizante de don Luis Carlos, pero hay que hay unas facetas de González como poeta, unos poemas que demuestran también un gran conocimiento de la poesía y que lo hacen digno de ser leído, para por lo menos continuar, o sea haciendo ese repaso.

Hay otros escritores por lo menos interesantes. Eduardo Martínez Villegas, por ejemplo es uno, un hombre que tal vez fuese el primer escritor pereirano del que uno puede leer reseñas críticas, no muchas, estamos hablando de dos o tres, es posible tal vez rastrear más en la medida que uno pueda encontrar más periódicos publicados en la ciudad en esos primeros 30 años del siglo 20. Uno puede encontrar en ese personaje una conciencia también de reflexión sobre lo que estaba ocurriendo en términos literarios en la ciudad, en un ambiente muy precario todavía, pero había una reflexión, porque es que la crítica a veces nosotros la satanizamos, pero yo creo que la crítica tiene un elemento importante y es que lo que marca es una necesidad de las personas, de los intelectuales o de los escritores, en fin, una necesidad de reflexionar.

Cuando se reflexiona sobre una obra se está reflexionando sobre el lenguaje y sobre la manera como el lenguaje está interpretando la realidad circundante del escritor y de la comunidad en la que ese escritor está, entonces yo creo que la crítica es necesaria sin que se convierta en un aspecto netamente estético, yo creo que la crítica de hoy en día tiene que contemplar distintas variantes y como hemos visto, finalmente en la literatura los géneros están todos, los límites entre los géneros son difusos, y yo creo que la crítica ya no es ese texto en el que se diseccionaba un libro sino que debe ser más bien un texto en el que se proponga una lectura de un libro para tratar de encontrar sus méritos y lo que hay detrás de todo el entramado de creación.

Mujeres creadoras sí hubo en esos primeros 50 años del siglo 20, pero realmente no es mucho lo que se puede encontrar de ellas.

En su listado, que tiene que ser incompleto, porque ningún listado es completo, hay algo que me surge: la presencia femenina no está. ¿Qué pasa, no había mujeres o qué pasa?

Mujeres creadoras sí hubo en esos primeros 50 años del siglo 20, pero realmente no es mucho lo que se puede encontrar de ellas. Tal vez el nombre más llamativo que uno se encuentra en esta época es de Jenny Campo Posada que es una mujer que publicó algunas cosas en la revista Variedades de Emilio Correa y luego en el periódico El Diario, pero de ella pareciera que no quedó libro ni nada. Piensa uno que no era una vocación real o también puede ocurrir que la época también así lo condicionaba, que esa mujer escribiera, pero nunca viera la luz y que sus familiares consideraran que eso no tenía valor, que es lo que suele pasar tanto con hombres como con mujeres en la ciudad.

 

¿Qué publicaba ella o qué género?

Eran fundamentalmente poemas lo que publicaba. Además, porque Pereira fue una ciudad, en esa época un pueblo, que se preocupó muy tempranamente por dar una buena educación a sus ciudadanos, pero especialmente a las mujeres y sobre todo porque evidentemente existía la creencia de que las mujeres eran las llamadas a criar a los hijos. Entonces, entre mejor formadas estuvieran, los hijos iban a resultar mejor educados y dentro de esa educación obviamente la literatura tenía un papel importante porque eso daba distinción, moderaba el temperamento, daba tema de conversación, la literatura realmente generaba muchas cosas importantes, por eso se consideraba que era valioso que se le enseñara a los niños, pero no estaba muy bien visto que las mujeres escribieran y mucho menos que publicaran.

Albalucía Ángel y la que se considera su novela más reconocida.

Entonces tal vez eso explica por qué las mujeres jugaron un papel tan importante desde el ámbito de sus casas, pero no a nivel de la dirigencia política. Fueron muy importantes detrás de sus esposos, como promotoras sociales, pero no en la esfera dirigencial y eso también se explica en términos de la literatura, es decir, tenemos una escritora como Albalucía Ángel que de una manera se rebela contra ese rol de la mujer que se le imponía en ese momento y que es tal vez nuestra escritora más importante. Digamos que también es reflexionar desde esa perspectiva, sin demeritar a muchas mujeres que hicieron grandes cosas por el desarrollo social y económico de la ciudad.

 

¿Por qué ese periodo 1905-1965 propuesto en su trabajo de investigación?

Realmente hay como dos coincidencias. Una es que en 1905 es cuando se crea el departamento de Caldas, gracias a la constituyente que convocó el presidente Rafael Reyes, y todo el movimiento separatista empieza en serio en los 60, ya había unos conatos anteriores, pero empieza en serio hacia el año 65, entonces esa como una primera coincidencia; pero hay otra que es más práctica y es que en 1905 aparece el primer periódico en Pereira, y esta es una investigación que se vale de estas fuentes porque no hay otras por lo menos que den cuenta de la literatura. Entonces El Esfuerzo empieza a circular en septiembre de 1905 y esa es la primera fuente a la que hay que referirse, y 1965 es el año de la publicación del libro Senderos, que es el único libro que publicó Lisímaco Salazar, entonces esas coincidencias son las que definen.

Creo que la gran conclusión es que Pereira apenas está, y eso dentro del contexto de las nuevas tecnologías, creando una cultura del libro.

Por último, ¿qué rescata usted de la investigación?, ¿cuál diría usted es la gran conclusión que subyace en todo ese rastreo?

Creo que la gran conclusión es que Pereira apenas está, y eso dentro del contexto de las nuevas tecnologías, creando una cultura del libro. No entendiendo el libro solo como objeto sino como la posibilidad de disfrutar de obras o de una colección de textos de un autor determinado, porque eso es una cultura que nosotros todavía no tenemos ni siquiera desde nuestros escritores; es decir, tenemos antologías, leemos mucha antología, revistas, hemos tenido muchos escritos donde los escritores han publicado de manera fragmentaria, pero no tenemos esa costumbre como de sentarnos a leer un autor completo y nuestros autores tampoco se han preocupado por dar a conocer como corpus completos de sus obras.

Entonces yo creo que sí tenemos que trabajar un poco sobre la idea de acostumbrarnos como escritores y como lectores a leer corpus completos de esos escritores para poder tener una perspectiva más aproximada a lo que esos escritores quisieron hacer, un poco más justa, no sé si la palabra cabe.

Entonces creo que ese es como un primer camino, es decir, es como aprender a leer a los escritores de manera amplia, no solamente uno que otro poema, o uno que otro cuento, un capítulo de novela, sino tratar de acercarnos a los escritores de la ciudad en ese sentido.

Lo otro es que creo que la gran conclusión que uno puede sacar es que realmente no conocemos mucho de lo que ha sido el contexto literario de la ciudad. Creo que hace falta todavía, es decir, cada uno de los apartes de esa tesis da para investigaciones más largas en sí mismas. Algunas históricas, otras más desde el punto de vista literario, pero considero que ese es como el llamado de atención que se hace y abordar otras épocas e incluso ya coger cada uno de los escritores.

A lo que tendríamos que llegar, como a modo de conclusión, es que vamos a tener que hacer rápido, en el mediano y largo plazo, un ejercicio de ponernos de acuerdo como lectores, como ciudadanos, como comunidad y me refiero a toda la ciudad, en unos autores o por lo menos en unos libros en los que encontremos evidente los valores estéticos y literarios que podamos empezar a promover y a invitar a lectores de otras ciudades, no necesariamente de la capital, pero sí de otros lugares, para invitarlos a leer y mostrarles que realmente Pereira ha tenido muy bueno creadores y que bien merecen tener lectores no solamente en Pereira, sino en otros lugares.