El reciente hallazgo del cadáver de la universitaria Paula González, sumado a la captura de un hombre acusado de haber violado a tres mujeres en el Parque El Oso, convierten la seguridad en tema prioritario para las autoridades encargadas del mismo. Con esta entrega seguimos adelante en el seguimiento del caso de Paula. #JusticiaParaPaula

 

Texto / Jhonwi Hurtado – Fotografías / Santhiago Ramírez

El domingo 31 de mayo en horas de la mañana, en las instalaciones del Parque El Oso, ubicado en la ciudadela Cuba, fue hallado el cuerpo de Paula Esmeralda González Valencia, estudiante de Licenciatura en Pedagogía de la Universidad Tecnológica de Pereira. Según el dictamen de Medicina Legal, murió ahogada.

Quienes crecieron en Cuba seguramente han escuchado sobre el Parque El Oso, un lugar que se asume como recreacional, familiar, un sitio para ir a jugar fútbol los domingos, para asistir a esos partidos sin árbitro, en los que lo único que distingue un equipo del otro es quién lleva camisa y quién no la lleva. Así lo conocí yo, así lo visité durante años, siempre con la cautela y la curiosidad.

A menos de una cuadra del CAI del barrio El Acuario se encuentra la entrada principal del Parque El Oso, una reja azul y un aviso colorido marcan el ingreso del lugar. A 10 días del asesinato de Paula Esmeralda, y a dos semanas de la detención de un hombre acusado por la violación de tres mujeres en este lugar, nadie controla el ingreso.

Este parque, además de tener uso recreacional, durante años también ha sido el atajo de quienes quieren acortar camino entre el sector conocido como Tres Canchas y barrios como El Acuario o Terranova, que quedan a un minuto del parque. Pero, ¿qué se encuentra quien toma estos atajos?

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11 de la mañana del domingo 7 de junio de 2020.

Ingreso al parque, el sol de la mañana está en su máximo punto, tal vez en épocas de no cuarentena, este lugar estaría más poblado siendo un domingo. Pero son pocas las personas que van pasando, entre ellas una mujer que monta bicicleta con su hijo. Más adelante está una cancha sintética. Nadie la disfruta. A la izquierda, bajo la sombra de un árbol, dos policías bachilleres revisan su celular, a pocos metros, otro policía bachiller observa a un par de personas que trotan. En todo el parque solo se encuentran ellos tres custodiando la seguridad del lugar. Adelante, el gimnasio barrial parece abandonado. La piscina también luce sola.

El sendero peatonal pavimentado se encuentra en lo que podría llamarse la mitad del parque: de norte a sur, a la derecha, están las instalaciones deportivas, a la izquierda la quebrada El Oso sigue su rumbo.

¿Qué pasa en los parques que además de ser escenarios para la recreación y el deporte, terminan siendo escenarios de violencia? Lugares que, al estar solitarios, se convierten en espacios de vulnerabilidad, en este caso para mujeres.  El investigador Williams Jiménez, quien durante el 2019 hizo parte del Observatorio de Seguridad y Convivencia Ciudadana de Pereira, señaló lo siguiente: “En mi tesis yo encontré que los parques en los sectores populares son la peor respuesta institucional en materia de seguridad… porque un parque implica un territorio para controlar, no solo para consumo de drogas (esto es otra discusión), sino porque el control y el poder se ejerce y en este caso, un territorio físico es lo que van a querer controlar estas organizaciones… así que los parques deben salir del esquema de atributos urbanos, esto, solo si se garantiza que haya control por parte de la sociedad civil”

El parque El Oso fue construido a finales de la década de los 80. Un diagnóstico socioeconómico de la Comuna Perla del Otún, comuna a la que pertenece este parque, cuenta que durante su construcción  líderes comunitarios lograron convertir un “malezal” en una unidad deportiva. “Pasó a tener una cancha de fútbol, una piscina, un gimnasio al aire libre, una cancha sintética, un lago de pesca deportiva, canchas múltiples y amplias zonas verdes, además de contar con juegos infantiles para los menores. Hoy en día espacios como este son de vital importancia para un sector con poca densidad de espacio público por habitante, además es una de las pocas alternativas de un sector tan populoso de la ciudad como lo es la Ciudadela Cuba”.

A los escenarios deportivos que se ubican en el parque les llega un poco de sombra proveniente de un pedazo de monte que conecta esa parte del lugar con el barrio contiguo, allí hasta hace un tiempo se encontraba una malla, pero quienes han deseado entrar al parque en horas no adecuadas, abrieron rotos y nadie los ha tapado. En pocas palabras, de nada sirve una entrada enrejada, si son varios los espacios por donde se puede entrar y salir sin ningún problema.

Frente a la piscina hay una parte de lo que antes fue un kiosco. Sigo caminando y encuentro la cancha que disfruté hace unos 10 años. Pensé que por seguir en cuarentena esa también estaría sola, pero no fue así, 8 hombres levantaban el polvo de la cancha corriendo tras el balón. Este punto podría ser la mitad del parque, adelante está la trocha que conecta el parque El Oso con Tres Canchas.

En este punto terminan las instalaciones deportivas, el camino se acorta, se pierde el pavimento. Sigo caminando, la quebrada ahora se escucha con más fuerza y algunas matas de café bordean el camino. En el piso, además de piedras y polvo, se encuentra un tarro que guardaba pega. Observo el lugar, por allí caminó Paula Esmeralda, por allí también caminaron las tres mujeres que denunciaron semanas antes al hombre que abusó de ellas.

Surgen algunas preguntas: ¿a quién pertenece ahora la seguridad del lugar? ¿Por qué solo hay tres policías bachilleres en la entrada principal del parque, y en esta zona boscosa, que sugiere más peligro, no hay ninguno?

Llegar al río desde este camino no es difícil, algunos planchones facilitan el salto de quien quiera pasar del camino al río. Allí se encuentran cuatro personas adultas y dos niños, una moto pasa dirigiéndose hasta el parque. Sigo caminando, a pesar de ser horas de la mañana, el lugar genera incertidumbre, si alguien quisiera esconderse tras las matas de café podría hacerlo. Se escucha música que proviene del barrio vecino. No hay señas de postes de luz que pudiesen iluminar el lugar en horas de la noche.

Williams Jiménez expresó lo siguiente sobre estos escenarios en el barrio Cuba: “Los parques de Cuba son particulares, porque en Cuba hay niveles interesantes de organización civil, por ejemplo, Los 2500 lotes es un ejemplo muy interesante y esto ha hecho que en muchos parques de Cuba el problema no sea el control de las bandas locales, sino, más bien, el abandono, lo que quiere decir que el sitio deja de ser usado y esto ofrece garantías para los delitos de asalto, entre ellos el sexual”. ¿Es esta la situación del parque El Oso?

Cuando se está finalizando el camino se empiezan a ver algunas casas de madera, una tienda y un altar. La trocha finaliza, dos caminos se ubican frente a ella: a la izquierda se encuentra Tres canchas, a la derecha una carretera pavimentada inicia el camino que conecta con más barrios de Los 2.500 lotes. Por allí, por esa carretera, fue vista por última vez con vida –mediante cámaras de seguridad– Paula Esmeralda González Valencia acompañada por un hombre.

@HurtadoJhonwi