En Pereira no se puede evitar, pese a las investigaciones de las autoridades y la captura de un posible violador, sentir culpa y vergüenza ante los vejámenes que padecieron esas tres mujeres e impotencia y rabia frente al cadáver de Paula.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

La violencia ha sido una constante compañera de la humanidad; los asesinatos, las torturas, los golpes, nunca han faltado para comprender el comportamiento del ser humano. Sin embargo, esta explicación no basta para aceptar los hechos lamentables que vienen sucediendo en el Parque el Oso de Pereira, donde en un periodo de pocas semanas han salido a la luz un caso de feminicidio y tres violaciones; falta conocer qué otros hechos de violencia han sucedido y han quedado en las sombras.

Ahora bien, ¿cómo un espacio público construido para el disfrute de los ciudadanos pasa a convertirse en un territorio hostil? La sociedad colombiana poco ha pensado en sus individuos, se hace evidente la falta de espacios apropiados para que las personas disfruten, caminen, conversen, se sientan tranquilas y construyan ciudadanías.

Los parques, al igual que las plazas, son puntos de encuentro donde los habitantes de un territorio pueden disfrutar de una tarde para dedicar al ocio, a una conversación, al juego o, como profesa el dicho italiano, al dulce placer de no hacer nada. Pese a su importancia, algunos de estos lugares han pasado a convertirse en tierra de nadie.

La situación se agrava cuando las administraciones públicas, perciben los parques como simples espacios donde hay árboles y algunas canchas. El césped crece, los matorrales abundan, no hay luces que iluminen, los senderos son el lugar preciso para que ladrones o consumidores se instalen.

Los parques pasan a ser el refugio de la delincuencia y el lugar donde se puede encontrar el cadáver de una mujer o el sitio para que otras tres sean violadas ante la indiferencia de los transeúntes y la ausencia de las autoridades.

De ahí a que el alcalde de Pereira esté en la obligación de encabezar el proceso de recuperación de los espacios públicos y la seguridad para las mujeres. No es posible utilizar el comodín de la covid-19 para eludir el trabajo sobre estos espacios indispensables para la ciudadanía.

Las calles y los parques son el territorio que habitan mujeres y hombres de esta ciudad, no el lugar donde se arriesga la vida. En ese orden de ideas, es urgente quitarle los colmillos al Parque el Oso, invertir en seguridad y preservación, para evitar que siga en manos del olvido y la delincuencia.

¿Qué decir de las víctimas? No hay palabras. Situados ante lo irreparable estamos en la obligación de presionar a las autoridades desde todos los ámbitos para que investiguen y den con los responsables del feminicidio de Paula. Una mujer, una estudiante, una amiga que pierden sus familiares; una ciudadana, una futura profesora que pierde la ciudad.

A su vez, brindar y acompañar humanamente a las mujeres violadas para evitar caer en esos procesos de revictimización a los que suelen estar sometidas al denunciar ante las instituciones. “¿Y cómo sucedió? ¿Y usted por qué fue? ¿Y usted por qué estaba vestida así? ¿No pensó que podía ser peligroso? ¿Hágame el favor de volverme a contar cómo sucedió todo otra vez?”

Muchas padecen la tortura de tener que relatar una y otra vez los hechos nefastos ante funcionarios indolentes. Exigimos que estas mujeres y toda aquellas que hayan sido víctimas de violaciones o violencia sexual sean acompañadas a través de procesos integrales para que puedan recuperar la confianza en sí mismas y en la sociedad en que viven.

La violencia en el ser humano no se puede erradicar totalmente, solo es posible reducir su impacto a través de acciones concretas de la sociedad y la ciudadanía. Sin embargo, en Pereira no se puede evitar, pese a las investigaciones de las autoridades y la captura de un posible violador, sentir culpa y vergüenza ante los vejámenes que padecieron esas tres mujeres e impotencia y rabia frente al cadáver de Paula.

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@christian1090