Jean Todt, Presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), intentaba pasar del tema de las protestas, estas continuaban en las calles de Manama, capital de Bahréin, llegando a dejar incluso un muerto.

Por Juan Francisco Molina

La protesta social que pide más garantías democráticas en Bahréin pareció no interesar a los directivos de la Fórmula 1. Foto cortesía LaMula.pe

El desierto de Bahréin no está conformado por arena y múltiples camellos. En realidad está constituido por la existencia de una fracción política y múltiples problemas sociales, a raíz de las protestas surgidas a lo largo del 2011 y que particularmente, en este país árabe, aún no ha tenido éxito, dada la permanencia del sistema monárquico que intenta derrumbar la creciente oposición.

A pesar de esto, llegaba la gran carpa, aquella misma que el año pasado nunca visitó  a este pequeño país en el cual, además de dromedarios, son abundantes los petrodólares. La fórmula 1, en esta ocasión, no podía faltar a su cita con Bahréin: 30 millones de euros que le cuesta a ellos la carrera, una mitad repartida a los equipos, la otra a la empresa CVC propiedad de Bernie Ecclestone (presidente y director ejecutivo de la F1), de acuerdo a lo que se especula, no deja de ser algo suculento, pese a la polémica que envolvió desde un primer momento la celebración de la carrera.

En la pista se consagraba Sebastian Vettel, en el marco de un mundial que no deja de ser apasionante y generar múltiples expectativas. En 4 carreras hubo ganadores y líderes de clasificación diferentes, cosa que no acontecía desde 1983. Aún así, tal espectacularidad no es siquiera un dedo para tapar el amplío sol que azota el desierto social bahreiní.

En la previa al evento, mientras Jean Todt , Presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), intentaba pasar del tema de las protestas, estas continuaban en las calles de Manama (capital), llegando a dejar incluso un muerto. Ante esto, el francés se limitaba a afirmar que la F1 se “mantenía al margen”, dado que se trataba de un evento deportivo.

Posición incómoda

Por su parte, Ecclestone decidió invitar al líder de la oposición, con el fin de mostrar su neutralidad con respecto a un asunto que no dejaba de ser complejo. Un auto tripulado por mecánicos de la escudería Force India fue atacado por un coctel molotov, algo a lo que la organización del evento restó importancia; al final, eran claras las declaraciones del príncipe Salman bin Hamad Al Khalifa, cuando decía que “cancelar la carrera sólo da poder a los extremistas. Celebrarla nos permite construir puentes y celebrar nuestra idea de nación”.

El conflicto, el cual acaparó más protagonismo que el mismo aspecto deportivo, implicó a su vez la manifestación de Anonymus, que atacó la web oficial de la F1 y amenazó a Ecclestone, acusándolo de apoyar el régimen opresor, o bien, ignorar su tiranía.

No pasó inadvertida la aún complicada situación política y social de Bahréin, a pesar de la presencia de la Fórmula 1, o bien, lo que este hecho quería aparentar o mostrar ante la opinión mundial.

La polémica surgida en torno a la realización de la carrera hace pensar que Bahréin aún se encuentra en medio del desierto, sin haber conseguido encontrar un oasis que signifique solución a sus problemas. Mientras tanto, en medio del desierto, el verdadero, el físico, los motores rugían, coches que cuestan millones se exhibían ante las gradas como un rayo…y con esa misma velocidad abandonaban al público bahreiní, para regresar, quizá, el próximo año.